bunch of assorted colored woven rope
Photo by Skitterphoto on Pexels.com

Τὸ ὂν λέγεται πολλαχῶς (El ser se dice de muchas maneras), señalaba Aristóteles en Metafísica. ¿Pero es que, tal vez, hay algo que no se pueda decir de muchas maneras? ¿No será cierto que al λέγειν τι κατὰ τινος (decir algo sobre algo) tiene multitud de maneras de constituirse en referencia a ese algo? Pareciera que, en el fondo, todo decir fuera sólo un decir entre muchos decires que, en su conjunto, dijeran lo mismo. Y aquí, en el decir del que estamos hablando, habita la lógica, esa que es capaz de llegar a un mismo lugar desde diferentes caminos.

La lógica: terreno inseguro a pesar de su consistente apariencia. Decía Heidegger que estudiar lógica «quiere decir […] pensar sobre el pensar: reflexión, un desvío en un enredo sin solución»(1). Pero, ¿qué es lo que no tiene solución desde que, por decir así, Parménides abrió el camino de la Verdad? Una disciplina cuyo frío corazón es la lógica, a saber, la metafísica. A lo mejor, y sólo a lo mejor, Andrónico de Rodas hubiera estado más acertado en llamar Un enredo sin solución al recopilatorio de los catorce libros de Aristóteles.

(1)Heidegger, 2012 (I).