POBREZA Y FELICIDAD: UNA CONCILIACIÓN CÍNICA by Ana de Lacalle

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POBREZA Y FELICIDAD: UNA CONCILIACIÓN CÍNICA

¡Es un día para ser feliz, naturalmente! Desde 2013, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo. En 2015, las Naciones Unidas lanzaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta —tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad—. El pasado año, las Naciones Unidas invitaron a todas las personas de cualquier edad, así como a las escuelas, los negocios y los gobiernos, a celebrar el Día Internacional de la Felicidad y alcanzar los 17 objetivos con los Pitufos.

Organización de las Naciones Unidas

No es mi propósito que esta reflexión esté anegada de pasiones desmedidas que desvíen el objetivo primordial, que consiste en cuestionar la oportunidad de una efeméride semejante. Así que, consciente de ello, expongo con un esfuerzo de racionalidad cuatro pinceladas, teniendo en cuenta que la cuestión daría para escribir un libro.

Según el último informe de la propia ONU publicado en setiembre del 2018: – https://elpais.com/elpais/2018/09/20/planeta_futuro/1537441680_635893.html

El índice de pobreza extrema mundial que no permite una vida digna alcanza a 1.300 millones de personas concentradas principalmente, pero no exclusiva, en África subsahariana y Asia meridional. Sabido es que según expertos en economía, con autoridad consagrada en este ámbito, es posible acabar con la pobreza en el mundo siempre y cuando se modifiquen los mecanismos de distribución de recursos y la prioridad no sea el beneficio de los que hoy ya acumulan el poder económico mundial. Pero esto obviamente exigiría un grado de generosidad y altruismo que ni propicia el sistema económico único y dominante, ni emana de la condición humana de forma espontánea, como, contradictoriamente con su propia vida, creyera Rousseau. 

¿Qué tiene esto que ver con la felicidad? Claramente que sin una vida digna, entendida como cubierta por las necesidades materiales y de recursos básicos, no es posible trascender el ámbito de lo urgente e inmediato para plantearse nada más. Y si no hay dignidad, si no hay posibilidad de ser reconocido como personas con derechos básicos ¿cabe plantearse la cuestión sobre la felicidad?

Si repasamos el fragmento introductorio de la ONU, este organismo vincula claramente la erradicación de la pobreza con el bienestar y la felicidad. Craso error de superficialidad tendenciosa porque, a criterio que quien suscribe este artículo, una cosa es alcanzar el bienestar, que es por lo que verdaderamente debería velar la ONU, otra cuestión mucho más compleja es la de la felicidad. Reivindico, así una vez más, desprendernos de la falacia de identificar ambos conceptos.

Bien, pues centrándonos en la consecución de ese supuesto deseado bienestar, se genera en mi interior una vorágine algo iracunda que me lleva a preguntar: ¿Se puede ser más cínico, más hipócrita y más impostado? Sabemos que la ONU es una jaula de grillos donde se impone siempre el criterio de las grandes superpotencias económicas en las que se ubican las grandes multinacionales, y que a estos no les interesa en lo más mínimo cambiar la situación. Es tan obvio hoy en día, que creo que no se me puede exigir ni que argumente, ni documente,… ¡es un secreto a voces!

De esta forma si no hay bienestar para los que despiadadamente carecen de él, ¿La felicidad de quién proponen celebrar? Además, teniendo en cuenta que en el blog he escrito explícitamente sobre la mencionada falsa identificación entre bienestar y felicidad, no me detengo. Estoy segura de que a pie de página en el apartado otros artículos relacionados os aparecen  referencias que podéis clicar y leer.

Así pues, y a modo de ya cansina insistencia, expreso mi malestar, desazón y pesadumbre por esta efeméride sin sentido alguno, por no existir voluntad de erradicar la pobreza y generalizar el bienestar, y por la subrepticia e interesada práctica de reducir el problema de la felicidad humana a la mera materialidad. Matizando, evidentemente, que sin condiciones para una vida digna no hay posible cuestión sobre la felicidad, pero  que alcanzada esa dignidad no haríamos más que iniciar una indagación filosófica –irreductible a lo fáctico e irresoluble de forma universal- sobre la dicha humana.

¡Basta ya de fariseísmo!

Un comentario en “POBREZA Y FELICIDAD: UNA CONCILIACIÓN CÍNICA by Ana de Lacalle

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