Violencia de género en el aula by Luciana Veneranda

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La violencia de género es ya es reconocida como un problema social. Es estudiado en rigurosas investigaciones cualitativas y cuantitativas. Se contabilizan anualmente las denuncias en los centros especializados y se actualizan estadísticas en varios países sobre lo que pasa a nivel territorial como continental. Los casos de “FEMINICIDIO” o femicidio son titulares en los más importantes medios masivos de comunicación y múltiples redes de comunicación se hacen eco, al mostrar las acciones de los movimientos que reclaman por su fin (#NI UNA MENOS; ME TOO).

Podemos afirmar que no es sólo un problema social, sino: sanitario, económico, laboral, político, por mencionar algunas de las dimensiones desde las cuáles se lo ha estudiado y de las cuáles disponemos informes con estadísticas confiables.

Inicialmente nombrado como violencia familiar; violencia de pareja; maltrato doméstico; luego como violencia contra la mujer; más cerca en el tiempo como violencia de género y hoy como violencias de géneros, este complejo fenómeno, es un mal que nos invade como sociedad, producido desde su propio seno relacionado a las desigualdades de poder. Sus bases de conformación son del orden estructural, se presenta en todo tipo de relaciones, en aquellas donde se discrimina, somete, niega, estereotipa, daña a una persona o grupo por apartarse de la heteronormatividad sexual, de función de género o identidad basada en la genitalidad física. Las raíces penetran en la conformación social, que sostiene ese orden patriarcal con sus derivaciones en los micromachismos. Su característica central es el menosprecio o negación de los derechos humanos de uno/s por otra (otres, apelando al lenguaje inclusivo).   Se manifiesta en diferentes ámbitos, una recorrida por la bibliografía especializada disponible, permite afirmar que los ámbitos son muy variados, el hogar, las instituciones, la calle, asumiendo características peculiares en cada uno de ellos.  

Hemos realizado varias investigaciones que construyen como objeto de estudio la violencia de género.  Terminamos, hace unos escasos días, una que centró el análisis de la manifestación de la violencia de género en una Universidad de Argentina.  

En dicha investigación, uno de sus objetivos era captar si la misma se manifestaba en “el aula”; para ello aplicamos un cuestionario a estudiantes. De 391 estudiantes que respondieron efectivamente el cuestionario (253 mujeres; 136 varones; 1 persona se identificó en otro género y una se abstuvo), 45 reconocieron situaciones que conceptualizaron como violencia de género, ya sea como víctimas o porque fueron testigos de alguna situación de violencia.

De estos 45 casos positivos, 32 mujeres (71%), manifiestan haber sido víctima o presenciado alguna situación identificada como violencia de género.

De las 32 mujeres que respondieron de manera positiva, 12 reconocen el aula como espacio donde se desarrolló la violencia y 10 manifestaron que la persona violenta era el/la docente. En la mayoría de los casos, ejercida en concreto por docentes varones hacia alumnas, fundamentalmente como maltrato, abuso de poder, menosprecio y/o intencionalidad de incidir en su intimidad.

“Un profesor me dijo, mientras estaba embarazada, que no tenía nada que hacer acá, que cómo mi marido me dejaba estar acá”

“…El trato general despectivo de hombres a mujeres… una vez lo escucho a un profesor que en tono de broma dijo todas las mujeres son putas, si bien todos se reían, yo también me sonreí, lo dijo y no lo observé”

“…Un profesor pone menos nota a la compañera mujer”…

“Profesores tratando mal a estudiantes por su condición de mujer”.

“Estábamos haciendo una actividad por una chica que asesinaron y desde “acá” nos cortaron la luz y nos dijeron Mujeres tenían que ser”.

“…Un profesor de biomecánica me dijo dejá la lapicera y escuchá, vos sos mujer, no podés escribir y pensar al mismo tiempo”.

Por su parte, si se analizan las respuestas de los varones, se observa que el 26 % (12 de ellos) reconocen situaciones de violencia. En 9 de esos 12 casos, se mencionó que la violencia había sido vivenciada en el aula y de esos, 8 estudiantes, identificaron como violento/a al/a la docente.

“…Los docentes refiriendo que las alumnas tienen que hacer “favores” para aprobar las materias”.

 “…Un profesor hacía comentarios sobre la vestimenta de las estudiantes al presentarse a rendir, una docente después de evaluar a él y a una compañera como devolución sostuvo que los hombres no se podían equiparar a las mujeres en esa asignatura porque tenían pocas neuronas…”

Pero la violencia en el aula no se manifiesta sólo de docente a estudiante sino entre los propios estudiantes, algunas de las expresiones dadas son:

“Cuando un compañero anulaba la palabra de la compañera creyendo tener la razón, la verdad”

“Se denunció a un estudiante por acosar a sus compañeras”.

“Parejas maltratándose, compañeros actuando con violencia y abuso verbal a compañeras”.

O por un tercero, pero se experimenta en el aula:

“En una materia, una compañera era acosada por su pareja en todas las clases. El mismo la esperaba afuera, las cuatro horas de cursada, espiaba por el vidrio de las puertas y casi siempre la llamaba para pelear mientras cursaba. Ella volvía a entrar llorando, nerviosa, incluso hasta abandonó una instancia de examen”.

El haber presenciado o haber sido víctima de una situación violenta provocaría una percepción y valoración diferenciada. Son varias las referencias a situaciones de mal trato o trato prejuicioso en el aula, y eso es ubicado y nombrado como violento. Una estudiante sostuvo que vivió una situación despectiva desde un docente varón, en el primer año de su carrera, “si eso mismo ocurriera ahora, luego de 30 materias aprobadas, no lo hubiera dejado pasar”. Entonces se puede pensar que la formación universitaria provee contenidos, pero a la vez forma sujetos menos tolerantes a las violencias.

La violencia física, verbal y psicológica son las de mayor reconocimiento, en menor medida aparece el reconocimiento de la violencia económica. Los /las estudiantes utilizan diferentes conceptos, la variabilidad en las nominaciones, permite pensar que hay mayor capacidad de distinguir las formas más sutiles de violencia. La capacidad de visibilizar y valorizar a la persona en términos de respeto de los derechos humanos: desigualdad en derechos y oportunidades, discriminación, estigmatización.

Se asocia la violencia a la desigualdad entre varón y mujer. Algunos/as estudiantes plantean la violencia de género de manera indistinta, de varón a mujer y de mujer a varón. Al respecto, el caudal de investigaciones que en esta materia existen indica que la violencia de género tiene como víctimas a niños/niñas y adolescentes, cuando éstos están formados en hogares e instituciones, atravesados por la matriz patriarcal y la violencia machista.

Los/las estudiantes también identifican a la organización estudiantil como responsable de formas de violencia (en sus prácticas o comportamiento de sus miembros), “fomentando la cultura de la violación (cuando realizan sus cánticos) cuando el centro supuestamente representa a lxs estudiantes”; “un chico que aún milita en el centro de estudiantes me ofreció el parcial de la materia a cambio de que saliéramos juntos”.

En solo dos casos, se encuentra registro de haber presenciado discriminación hacia personas de algún colectivo de diversidad sexual, una alumna expresó: “Una compañera lesbiana recibir comentarios discriminatorios” y otra refirió a “comentarios despectivos sobre homosexuales”.

Del total de alumnos/alumnas que refieren haber presenciado situaciones de violencia (45), 29 de ellos/ellas (64%) expresan intención y disposición de realizar la denuncia. Sin embargo, sólo 9 (20%) mencionan conocer donde efectuarla. En la universidad del estudio que da origen a este texto, el lugar es Bienestar Estudiantil.

Entre las razones para no realizar la denuncia se manifiestan “Sinceramente, siento que aún falta mucho para que este tipo de situaciones se tomen en serio y no quisiera quedar expuesta por temor al “revanchismo”; “porque creo que no haya sido malintencionado, sino una carencia en la pedagogía”; “creo que lo mejor es lograr convencer a la persona de que ella debe hacer la denuncia; “porque ya pasó hace unos años y no lo recuerdo bien” “Por temor a las medidas sobre el alumnado en relación a personas con cargos laborales”. Si se analizan las respuestas las razones están relacionadas a temores a ser objeto de violencia de carácter institucional agregada o doble victimización.

Las instituciones educativas están en mejores condiciones que otras para formar y actuar en contra de estas formas de relación, proveen marcos para neutralizar estas formas de interacción, dan contenidos que rompen estereotipos y pueden dar espacios de experimentación de relaciones de igualdad y respeto. Las universidades se han hecho eco de la problemática y han aprobado protocolos de acción para erradicarla en sus claustros. Sin dudas tienen una misión: reconocerla, enseñar y actuar para prevenirla y/o erradicarla.

Referencias bibliográficas

Cerva Cerna, D (2013) Procesos de institucionalización de la perspectiva de género en el Estado: análisis desde la cultura organizacional en Espacios de género Juliana Ströbele-Gregor Dörte Wollrad ed. – Buenos Aires : Nueva Sociedad; Fundación Friedrich Ebert; Adlaf.

Fainholc, B (2011) Educación y género.Una perspectiva social, cultural y tecnológica. Lugar Editorial: Buenos Aires.

Feijoo, M. del Carmen (2017). La participación Femenina en la Educación Superior: Iguales pero no tanto. En Le Monde diplomatique. Edición especial Agosto 2017. Bs. As.

Morgade, Graciela (2019). Las universidades como territorio del patriarcado. Disponible en:https://www.pagina12.com.ar/206500-las-universidades-como-territorio-del-patriarcado?fbclid=IwAR2jbR0HO90AcLnW8q6YHCZCcMtQsIVp-4tLhd_cEfI601NqaM2czpBju68

Valls Carol, Rosa, & Torrego Egido, Luis, & Colás Bravo, Pilar, & Ruiz Eugenio, Laura (2009). Prevención de la violencia de género en las universidades: valoración de la comunidad universitaria sobre las medidas de atención y prevención. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 23(1),41-57. [fecha de Consulta 20 de Enero de 2020]. ISSN: 0213-8646. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=274/2741882100

Veneranda, L.  Directora del Proyecto de Investigación: “Construcción de sentidos y prácticas educativas en la Universidad Nacional de La Matanza”. Programa de acreditación CyTMA 2. UNLaM. 2017-2019. 

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