EL VUELO DEL EMIGRANTE by Scarlet Cabrera

Un Haiku para los labios
la evocación de pasos prohibidos
el escozor gimiendo clandestino
miradas de túnel supurando
espigas subversivas en la nada.

Emigrar es un salto al vacío.
Lo sé porque emigré.

Puede que no haya aprendido todo lo que he debido en mi transitar por la vida pero de algo sí estoy segura, jamás sabemos qué nos depara el destino y aunque nunca he creído en el destino como una sustancia que nos maneja a su antojo;  no obstante, acepto que me ha tocado comprobar que la existencia tiene sus reglas y no todas nacen al abrigo de convicciones personales.

Resulta que no todo depende del libre albedrío, eso es una leyenda urbana. Lo cierto es que no controlamos el afuera ni su red de rebuscadas telarañas cuyas mallas nos atrapan; de hecho, lo verdaderamente importante nunca lo escogimos, a los padres por ejemplo, al color de la piel, el sexo, al lugar donde nacimos, la ubicación en la cadena alimenticia de la sociedad, el año o el siglo. Desde allí comenzamos a girar en la compleja esfera que significa sobrevivir intentando que el pensamiento no transmute a títere o se congele. Somos la moraleja de la historia que estamos esculpiendo en la eternidad instantánea tras cada segundo que nos vuela.

La realidad y sus enigmáticas paradojas.

Un día que nunca había imaginado, de pronto me convertí simultáneamente en emigrante e inmigrante ¿Por qué? Cada ser que ha emigrado tiene sus profundas y lacerantes razones, las mías puede que no sean las clásicas pero igual, emigré y en definitiva, soy una inmigrante latiendo sus verdades en una tierra sublevada de sorpresas. Cada persona posee su caja de Pandora pero es obvio que solo puedo hablar de la mía y aunque no pretendo hacer de estas reflexiones una biografía, siento que necesito que mis palabras tengan éter e intenten exponer la relación entre mis emociones y su significado, circunstancias que me asaltan y el extenso abanico de mis revelaciones. El tema me toca directamente.

Comenzaré citando que soy venezolana, de Caracas. Viví grandes y sensibles momentos en aquel valle tan inolvidable, lamentablemente, en este ahora, mi país originario condensa una extensa seguidilla de estallidos que no terminan de explotar,  los políticos de siempre tan nefastos, corruptos e indiferentes, la contradicción entre la riqueza del subsuelo y la miseria que acosa a los pobladores ya que considerarlos «Ciudadanos» es toda una ofensa contra la inteligencia.

No puede haber ciudadanía si no existe Estado de Derecho ni medios económicos que sustenten la vida, si es nulo el desarrollo de las fuerzas productivas, esa mezcla da como resultado un país en terapia intensiva adornado con proclamas populistas las cuales insisten el anunciar fehacientemente que todo está bien asumiendo que con decirlo, todo está bien ¡Ni lo básico está garantizado! Salud sin medicinas, hospitales en ruinas, conseguir alimento se ha convertido en la gran epopeya del día a día ¿Qué decir de la educación, el arte,  calidez para la imaginación? Somos un territorio con infinitas riquezas naturales pero indigente, cambiando de potencia a potencia para terminar siempre arrodillados, desesperanza total oxidando a lo magno del espíritu. Claro está que existe una élite dentro de su burbuja pero eso ya sabemos, siempre hay unos más iguales que otros.

He ahí algunas de las razones que dibuja al porqué de la estampida que ha impulsado a tantos seres a abandonar el suelo que tiene su nombre y con ello no me refiero exclusivamente a los venezolanos, es difícil hallar un país en América Latina que no esté transitando por una caverna animando a emigrar a sus hijos tras el sueño de una oportunidad.

Los procesos migratorios han sido pólvora encendida a lo largo de la historia de los pueblos, recordemos que muchos españoles, portugueses e italianos llegaron a América Latina, considero el caso de Venezuela especialmente, almas desoladas y espantadas de tanta guerra y tanta hambre. Fueron recibidos con los brazos desplegados y esa verdad incuestionable pobló con nuevas costumbres y visiones a la joven tierra de tan extensas bellezas;  muchos huían de Europa anhelando un oasis para emprender una nueva vida y se la labraron con esfuerzo pero también, porque encontraron puertas abiertas. Llegó la paella, las deliciosas salsas italianas, el exquisito pan de los portugueses pero lo más radiante, sus corazones sembraron alas y sueños, además, pudieron enviar remesas a sus familiares hecho fundamental que les ayudó a superar la hecatombe.

En los países de América Latina las diferencias de clase social son extremos radicales que no tienen ninguna frontera en común que compartir con su reflejo, privilegiados versus no privilegiado, habitantes en un mismo suelo, solo eso.

Como consecuencia de la atrocidad tan fracasada que salpica de decepciones al presente, hemos pasado de ser un amigable universo receptor de inmigrantes a probar el aroma de volar lejos dejando detrás la vida entera. Hay un instante cuando nace la pregunta gigante ¿Emigro? … y si lo haces, es cuando realmente experimentas la crudeza que encierra comenzar desde cero en otro lar, es un salto con los ojos vendados, algo así como arribar con los pies descalzos y pretender sostenerse sobre arenas movedizas.

Llegué a Madrid, ya no de turista, una primavera muy helada, su cielo azul era una evocación al océano que me alejaba de mi zona de seguridad. Es bien complicado beberse muy rápido una cultura milenaria, son sorbos muy gruesos que ahogan, correr acelerado intentando comprender leyes, formas, el estilo, felizmente, el lenguaje es un universo común de afinidades, sin embargo, vas descubriendo que su uso es diferente, igual pasa con los proverbios, las expresiones cotidianas y hasta los chistes tienen la connotación local.

Personalmente, caí en esa categoría que los psicólogos denominan «Ansiedad de tipo adaptativo» es decir, yo en el centro simbólico de mi nuevo cosmos rodeada de mini incendios desesperada apagarlos todos pero a medida que sentía que eliminaba uno, nacían nuevas hogueras, Mis manos del adentro no conseguían multiplicarse a la velocidad de la luz, entonces, me envolvió la sensación de estar atrapada en el atizado fuego de mi incendio forestal.  

Recuerdo que antes de una cita de trabajo, me levantaba muy temprano a inspeccionar en Google que todo lo sabe indagando rebosada que adrenalina, investigando rápidamente sobre los términos adecuados que debía tener claros, profundizando en normativas absolutamente desconocidas, razonando velozmente para no rebuznar diciendo barbaridades.  Esa tensión me aceleraba tanto que el corazón se me salía por la boca simulando un tren a punto de descarrilarse.

Ahora…
Formo parte del universo de inmigrantes que han llegado a España, cada uno con sus motivos pero sean cuáles sean, hemos venido, ya estamos, necesitamos integrarnos y eso no se desarrolla poco a poco, es indispensable concretar la magnitud entera de nuestra nueva realidad a una velocidad realmente acelerada,  flotando sobre el tiempo sintiendo que cada segundo cuesta años y que el proceso de adaptación no espera a que lo medites, hay superar los poderosos obstáculos que saltan en cada esquina,  diversos, intensos, cargados de múltiples variantes que hay de asimilar rápidamente.

Nos toca insertarnos en una sociedad que ya está construida, que tiene sus costumbres, ha tallado sus caminos desde siglos ancestrales cuando nosotros, los inmigrantes del hoy,  ni siquiera alucinábamos que formaríamos parte de su destino ¡Es lo que hay! … y no es nada fácil pero en cada alba hay que levantarse dispuesto a conseguirlo.

En Sociología una de las categorías predilectas es “proceso” y la inmigración es un proceso que genera cambios socio culturales incuestionables, para unos serán buenos para otros, rechazo total;  en todo caso, sigue siendo el mismo hervor emitiendo señales como si fuese un bumerán. Se van desarrollando relaciones entre los que llegan con su cultura primigenia y los lazos que se van arando sobre lo que ya existe, generando vínculos interculturales inevitables. Lo ideal sería que se compenetrasen nutriéndose.

Muchos inmigrantes no tienen documentos, están en condición de ilegales, se han convertido en los “wetback” de España, trabajan sin descanso en un 24/7 agotador, son mal pagados, discriminados y aunque no son invisibles, subsisten como si lo fueran, lo más insólito es muchos son explotados por sus propios compatriotas con doble nacionalidad quienes sí pueden crear alucinaciones laborales desde la sombra, les dan trabajo, les pagan en negro y como la necesidad no acepta un “mejor me lo pienso” terminan trabajando para sobrevivir mientras alguien se está llenando los bolsillos a costa del sudor ajeno.

 Queda mucho pendiente por decir ¡Es un tema con tantas aristas! Habrá una próxima vez para seguir reflexionando.

Como dije…

¡Emigrar es un salto al vacío!

Mis párpados persiguen
banderas contemplativas
son expeditas hileras
descubriendo al día
en el amanecer
de los pájaros
de polvo.

Scarlet Cabrera

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. garceslogia dice:

    Magnífico escrito que nos ayuda a empatizar con la situación del emigrante, Fdo. un hijo de emigrantes…

    Me gusta

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