crowd of people marching on a rally
Photo by Saph Photography on Pexels.com

El polímata, escritor, filósofo y músico Jean-Jacques Rousseau nació en Ginebra (Suiza) el 28 de junio de 1712 y escribió innumerables obras en la cual las más importantes fueron, Emilio y el Contrato Social, que fueron publicados en 1762 y que tuvieron un gran impacto en la sociedad y el mundo, generando diferencias con las concepciones políticas de Hobbes y Locke. Rousseau abre el pensamiento respecto al liberalismo clásico y la ilustración francesa. Éste fundo una nueva tradición democrática diferente a la de Locke: la concepción participativa de la democracia, basada en el principio de la soberanía popular, la cual ha alcanzado un importante desarrollo en nuestro tiempo. Ha sido y es el pensador de la democracia participativa.

En el Narciso mostró las conexiones entre las relaciones y la moralidad: “Creo que se puede hacer una estimación muy justa de las costumbre de los hombres por la multitud de las relaciones que tienen entre sí, cuanto más comercian entre ellos, más admiran sus talentos y sus habilidades, más se engañan decente y diestramente y más dignos son de desprecio. Lo digo con pesar, el hombre de bien no necesita engañar a nadie, y ese hombre es el salvaje”. Destacó la importancia de las relaciones políticas para conformar y modificar a un pueblo.

Para Rousseau la crisis de la sociedad moderna tenía carácter cultural y moral, y se expresaba a nivel político en el “despotismo”. El despotismo constituiría la última fase del desarrollo histórico iniciado con la disolución del Estado patriarcal, el desarrollo de la técnica, el establecimiento de la propiedad y el surgimiento de la desigualdad entre los hombres. Representa el cierre de un círculo histórico y una forma degradada de retorno al estado de naturaleza. “Aquí todos los individuos vuelven a ser iguales, puesto que son nada, y los súbditos no tienen otra ley que la voluntad del amo, y el amo no tiene otra norma que sus pasiones, las nociones del bien y los principios de la justicia se desvanecen de nuevo. Todo retorna a la ley del más fuerte y, por consiguiente, a un nuevo estado de naturaleza diferente del que comenzamos, que era el estado de naturaleza en si pureza, pues este último es el fruto de un exceso de corrupción.

Frente a la crisis multidimensional de la sociedad moderna, propuso dos vías complementarias para superarla: la de la reforma educativa, en el Emilio, y la refundación política, en El Contrato social.

Si el despotismo representa la separación entre el interés de los gobernantes y de los gobernados, y la imposición del interés de los primeros sacrificando los segundos, la reforma deberá consistir en la reintegración de esta separación. En el discurso de la desigualdad, escribía: “Hubiera querido nacer en un país donde el soberano y el pueblo no pudieran tener más que un solo  y mismo interés, de modo que todos los movimientos de la maquina no se dirigieran a otro fin que el bien común”

Para Locke, la solución de este problema consistía en reservar el poder político a una clase social cuyos intereses particulares coincidieran con las de toda la sociedad, por lo tanto serian universales. Rousseau rechaza este principio de la teoría del liberalismo clásico. Nadie puede representar al pueblo mejor que él mismo. Su propuesta es hacer del pueblo el Soberano.

En el contrato social  afirma el carácter innato, natural, de la libertad humana y su origen se remonta al derecho natural romano, que establecía que los hijos de los padres libres lo eran por naturaleza. La originalidad de Rousseau reside en otorgar a la libertad el carácter de esencia humana inalienable e irrenunciable. En el discurso de la desigualdad escribía: “no es tanto el entendimiento lo que constituye la diferencia especifica del hombre respecto a los animales, sino su cualidad de agente libre”. En el contrato social dice “renunciar a la libertad es renunciar a la cualidad de hombre”.

El contrato social supone también la crítica roussoniana de las relaciones de dominación. “Hay quienes se creen amo delos otros, pero no por ello deja de ser menos esclavos que ellos” ¿Cómo podría decirse que el hombre que manda y es obedecido no es libre? “La libertad consiste menos en hacer su voluntad que en no estar sometido a la de otro, consiste, también, en no someter la voluntad de otro a la nuestra. Quienquiera que sea amo no se puede ser libre, pues reinar es obedecer”. La libertad del amo es, pues, una ilusión.

Aristóteles decía en su Política: “Regir y ser regido no solo son dos cosas necesarias sino convenientes, y ya desde el nacimiento unos seres están destinados a ser regido y otros a regir. Todos aquellos que difieren de los demás tanto como el cuerpo del alma o el animal del hombre son esclavos por naturaleza”. Rousseau cuestiona esta tesis y, en general, la doctrina de la desigualdad natural de los hombres. “Aristóteles tenía razón, pero tomaba el efecto por la causa. Todo hombre nacido en la esclavitud nace para la esclavitud. Los esclavos lo pierden todo con sus cadenas hasta el deseo de salir de ellas, aman su servidumbre así como los compañeros de Ulises amaban su embrutecimiento. Por lo tanto, si hay esclavos por naturaleza, es porque hubo esclavos contra naturaleza”.

Seguidamente, examina dos tesis convencionalistas que pretenden justificar el despotismo, La primera atribuye a Grocio, pero valdría para Hobbes, y sostienen que un pueblo puede enajenar su libertad haciéndose súbdito de un rey. Dice Rousseau: “Enajenar es dar o vender. Un hombre que se hace esclavo no se da, se vende, al menos por su subsistencia, pero un pueblo ¿Por qué se vende? El mantiene al rey, daría su persona y sus bienes gratuitamente. “Se dirá que el déspota asegura a los súbditos la tranquilidad civil”. Sin embargo, el déspota suelen arrastrar sus pueblos a las guerras motivados por su ambición, los privan de sus bienes y los someten a vejaciones. La tranquilidad no es un valor si se dan gratuitamente a sus amos. Pero, este sería un “acto ilegitimo y nulo”, una expresión de sin razón y “la locura no hace derecho”. Un pueblo que se aliena a sí mismo no podría enajenar generaciones venideras. Por lo tanto, dicho pacto se sumisión debería ser renovado o anulado en cada generación. Para Hobbes y el pensamiento autoritario, el origen de la autoridad es la cesión de la libertad del pueblo en los gobernantes. Al expresar su apoyo el pueblo al poder autoritario, otorgaría legitimidad permanente al orden autoritario.

Para Rousseau, la enajenación de la libertad de un pueblo sería un acto nulo en derecho, pues la libertad es irrenunciable. “Renunciar a la libertad es renunciar a la cualidad de hombre, a los derechos de la humanidad, incluso a sus deberes. No hay ninguna compensación posible para quien renuncia a todo. Semejante renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre, y es privar de toda moralidad sus acciones al privar a si voluntad de libertad”. Este pensamiento político de Rousseau marca la ruptura del pensamiento roussoniano con la teoría política del liberalismo clásico, especialmente con Hobbes. Los clásicos liberales consideran inevitable la renuncia completa (Hobbes) o parcial (Locke) de la libertad (política) para constituir la sociedad política. Para ellos, la libertad se escinde de la libertad política y económica en y para el mercado.

El despotismo no consigue crear una verdadera asociación, ni un cuerpo político. EL despotismo solo permite la agregación como relación sumatoria de individuos sometidos al gobernante: no hay constitución del “sujeto colectivo”, del pueblo. La asociación, en cambio, es una relación horizontal en la que el pueblo se constituye como “cuerpo político”.

Rousseau se propone a examinar el acto por el cual el pueblo se hace sujeto colectivo. Esto implica la unión de fuerzas de cada uno de sus miembros, dice, “pero siendo la fuerza y la libertad los primeros instrumentos de su conservación ¿Cómo las comprometerá sin perjudicarse y descuidar los ciudadanos que se debe a sí mismo? “Se ha de buscar una nueva forma de asociación que define y proteja de toda fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más a sí mismo y quede tan libre como antes”

Atribuye a la nueva asociación la capacidad de integrar a los ciudadanos, constituyendo “el cuerpo social”. En El contrato social dice que el individuo “es un todo perfecto y solitario”. La fórmula del contrato social define el carácter del nuevo estado democrático. “El pacto social (en) su esencia se reduce a los siguientes términos: “cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente (en corps) a cada miembro como parte indivisible e inalienable del todo”. El Estado democrático rusoniano es el pueblo convertido en sujeto colectivo que se autogobierna.

Rousseau parece haber redescubierto la idea aristotélica de que la amistad entre los ciudadanos integra la ciudad. “La amistad parece vincular ciudades y podría creerse que los legisladores la toman más a pecho que la justicia. La concordia, en efecto, parece tener cierta semejanza con la amistad, y es a ella a la que las leyes tienden de preferencia, así como, por el contrario, destierran la discordia como la peor enemiga. Donde los hombres son amigos, para nada hace falta la justicia. La más alta forma de justicia parece ser una forma amistosa”.

“Lo que el hombre pierde por el contrato social es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que pueda conseguir. Lo que gana es la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee”

El nuevo “cuerpo moral y colectivo” se denomina “República”. Cuando es pasivo, sus miembros le llaman “Estado” y cuando es activo “Soberano”, es decir, cuando el pueblo está reunido. Los ciudadanos son miembros del Soberano y a la vez deben respetar sus decisiones.

Para Rousseau, “quien manda en los hombres, no debe mandar en las leyes, y el que manda en las leyes no debe mandar a los hombres, de lo contrario sus leyes, ministros de sus pasiones, no harían otra cosa que perpetuar sus injusticias, y jamás podría él evitar que visiones particulares alterasen la santidad de su obra”62. El legislador solo propone las leyes, el pueblo decide. “El que redacta las leyes no tiene, pues, ni debe tener, ningún derecho legislativo, y el pueblo mismo no puede, aunque quiera, despojarse de ese derecho intransferible”

La soberanía es indivisible, “es simple y una y no puede dividirse sin destruirse”. Aclara que la soberanía no significa siempre unanimidad, sino que “todas las voces deben ser tenidas en cuenta; toda exclusión formal rompe la generalidad”. Para Rousseau, el poder de legislar es la esencia de la soberanía y debe ser ejercido directamente por el Soberano. Todas las otras formas de poder estatal son “derechos subordinados”, incluso el poder ejecutivo.

Para Rousseau la soberanía del pueblo se realiza en la ley, en el marco del Estado de derecho. La legitimidad de la ley exige que el pueblo sea su autor, en el sentido de que decide sobre ellas. Corresponde al ya mencionado legislador proponer las leyes. Rousseau no usa el concepto de Estado de derecho sino el de república. “Llamo República a todo Estado regido por leyes, cualquiera sea su forma de administración (gobierno), porque sólo entonces gobierna el interés público. Todo Gobierno legítimo es republicano, enseguida explicaré lo que es el gobierno”

Es extremadamente crítico respecto a la forma de gobierno democrático, en el cual el poder legislativo se une al ejecutivo, es decir, el “príncipe”, el conjunto de magistrados, es el Soberano. Esta forma correspondería a la “democracia directa”. La caracteriza como “un gobierno sin gobierno”, donde “el mayor número gobierna y el menor es gobernado”. “Si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Un gobierno tan perfecto no conviene a los hombres”

La opción que nos propone es la del gobierno aristocrático electivo, en lenguaje actual: una democracia semidirecta o participativa, en la cual el poder de legislar es ejercido directamente por el pueblo y el ejecutivo estaría en manos de magistrados elegidos.

Es el primer gran crítico del liberalismo clásico inglés y de la Ilustración francesa. Se ha dicho, con una plausible argumentación que fue el fundador del romanticismo, del anarquismo y del socialismo.

Rousseau buscaba potenciar la dimensión comunitaria de la sociedad, mediante la creación de un nuevo orden político y educativo. Fundó una nueva tradición democrática participativa basada en el principio de la soberanía popular, diferente a la de Locke, y su concepción elitista y representativa.

Asimismo, su concepto de perfectibilidad proporcionó el fundamento para la creación y desenvolvimiento de la corriente del liberalismo del autodesarrollo de John Stuart Mill, John Dewey y otros.