El espacio abandonado, ¿fin de la modernidad? by Nacho Valdés

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Un elemento típicamente moderno es el Estado. Las organizaciones políticas previas estaban marcadas por una noción imperial que, después de un lento declive, terminó por extinguirse. El último componente de esta muestra de organización del poder fue la Respublica christiana[1] que durante el medievo se situó por encima de las estructuras territoriales y sociales subsumidas bajo su influencia.

El poder del imperio fue perdiendo fuelle debido a las propias luchas internas y a la sacralización de sus presupuestos. En su lugar, fue emergiendo otro tipo de estructura secularizada y atomizada que vino a sustituir la ordenación omnívora anterior. A partir de este punto emerge el Estado, un novedoso orden político y social surcado por la multiplicidad de poderes soberanos[2] frente a la unicidad sagrada del modelo precedente. A su vez, y para respaldar esta estructuración, se desarrolla la conciencia individual moderna[3] en la que se disuelve el súbdito que terminará renovado como ciudadano. Esta subjetividad individual se convertirá en sostén para el Estado, pues, de manera inequívoca, el sujeto que paga impuestos, sufraga gastos militares y se siente partícipe de una normativa común permitió el mantenimiento de este nuevo orden.

Esta deriva convirtió la lucha por el espacio en un imperativo; una mayor cantidad de súbditos y recursos permitía un ejército mayor para mantener el territorio y seguir agrandando el propio. Surge poco a poco una conciencia nacional que llegará para sustituir el anterior referente identitario: la espiritualidad. Este proceso estuvo cuajado de enfrentamientos, pues los antiguos poderes seguían presentes y no querían perder sus prerrogativas.

La estabilidad del nuevo orden dio como resultado un tratamiento original del espacio dentro de las propias fronteras. Una vez estabilizada la situación, se frena la expansión centrífuga y, en su lugar, comienza un movimiento centrípeto en el territorio propio. Las instituciones del Estado llegarán para imponer una serie de costumbres que terminarán paulatinamente con los usos locales[4]. El entorno comunitario, tras la pérdida que supuso la noción imperial, tuvo que reorganizarse en base a los fines estatales. De este modo, se emprende una carrera por la burocratización y la estandarización de la población para gestar un conglomerado identitario preciso y establecido sobre elementos comunes tales como el territorio, el idioma, la educación y las nuevas costumbres. Las instituciones estatales pretendieron la simplificación de los procesos y la homogeneización técnica de la gestión del espacio[5], frente al modelo espiritual anterior se despliega un saber técnico que especializó el ingreso en los ámbitos de poder.

El mundo moderno queda a merced de un poder que lo gestiona y estructura según sus necesidades. Un ejemplo claro se encuentra en la distribución urbana que, mediante una proyección muy definida, establece una regularidad panóptica en la que los edificios administrativos ocupan un lugar primordial[6]. El individuo acaba vinculado a un espacio definido dentro de la colocación urbanística: la escuela, el juzgado, el mercado, etcétera. Así, todo ciudadano queda incluido en el orden previsto desde el poder y, debido a este vínculo, se disuelve en la multiplicidad ciudadana.

EL conflicto se domestica gracias a la racionalización connatural a la organización estatal. La normativa y el aparato legislativo que se erige en este periodo termina por conformar el ámbito social en el que tiene cabida la subjetividad individual característica del presente. Desde este punto, de la relación entre Estado e individuo, nacen las categorías políticas modernas que llegan hasta nuestros días[7]. Sin embargo, el mundo global contemporáneo se estrella frontalmente con esta frágil simetría y promueve el conflicto[8] al introducir nuevas formas organizativas que todavía no están plenamente desarrolladas y cohabitan con un Estado en retroceso.

La globalización ha traído nuevos elementos para organizar al individuo que generan nuevas identidades que colisionan con el espacio estatal en el que quedaba anclado el ciudadano. Por ejemplo, los enormes conglomerados empresariales han llegado para rebasar los límites previos estableciendo estructuras supraestatales que establecen una red conectiva del mundo biopolítico. El poder industrial y financiero, expósito del desarrollo del Estado moderno, genera nuevas subjetividades que vienen para sustituir a las anteriores[9]. La novedad es que el sistema no necesita una legitimidad externa tal y como sucedía con el imperio, justificado desde la espiritualidad, o con el Estado, que no hizo más que sacralizar los valores profanos que lo sustentaban; en este caso se legitima a sí mismo gracias a la industria de la comunicación que ha bendecido el nuevo orden mundial[10].

El poder ya no se vincula con el territorio, pues en la actualidad son la comunicación, la cultura y la educación los elementos a manejar[11]. El espacio ha sido trascendido y las tecnologías de la información y la comunicación han establecido una red de contactos con distintos nódulos que no responden a la centralidad imperial y estatal. Hoy el mundo es digital y carece fronteras, al menos para el capital y las empresas trasnacionales. Incluso el ciudadano ha perdido su identidad establecida desde lo telúrico ya que se tiende a nuevos modelos forjados desde la publicidad y las comunicaciones.

El Estado, como organización sociopolítica nacida en la Edad Moderna, está en retroceso frente a los nuevos poderes de tono global. El espacio estatal ha sido trascendido por una gestión económica de corte neoliberal que se instala en los rincones más ventajosos del planeta para conseguir satisfacer sus intereses. Las fronteras solo tienen sentido para los desheredados, para aquellos al margen del derroche financiero instalado a todos los niveles. Las antiguas categorías carecen de alcance en el marco de la globalidad y esto hace que nos sumamos en una deriva confusa de la que se aprovechan los poderes tácitos. Así, es nuestra responsabilidad el afilar nuestra inteligencia y sentido crítico para dotar de una dimensión humana al nuevo modelo que está desarrollándose.


[1] Herrera Guillén, Rafael, Adiós al orden. Una historia sobre la deriva del Estado europeo hasta nuestros días, La Coruña, Espacio cultura editores, 2009, p. 39.

[2] Ibídem, p. 44.

[3] Ibídem, p. 47.

[4] Bauman, Zygmunt, La globalización. Consecuencias humanas, Madrid, Fondo de cultura económica, 2017, p. 41.

[5] Ibídem, p. 46.

[6] Ibídem, p, 49.

[7] Herrera Guillén, Rafael, Adiós al orden. op. cit., p. 56.

[8] Ibídem, p. 54.

[9] M. Hardt y A. Negri, Imperio, Barcelona, Paidós Surcos 3, 2005, pp. 52-53.

[10] Ibídem, p. 54.

[11] Ibídem, p. 368.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Interesante, Nacho Valdez. Tal Vez esta afirmación “El espacio estatal ha sido trascendido por una gestión económica de corte neoliberal que se instala en los rincones más ventajosos del planeta para conseguir satisfacer sus intereses” Deberia unirse al fracaso de la izquierda socialdemócrata ( y la comunista mejor no hablar) que ha dotado al espacio de un valor unificado. .

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  2. CPG dice:

    Que el espacio interconectado, virtual, supera la configuración espacial del Estado como un territorio delimitado por fronteras físicas es algo que amenaza no solo con la disolución de la concepción clásica del Estado en el magma digital, sino que ya está creando una nueva estratificación social entre individuos conectados y desconectados. Quizás los poderes globalizadores usan de su predominio en el nuevo elemento para fomentar esa división.
    El condicionamiento que de forma moderna (suponiendo que emplee bien ese término) se producía como un proceso progresivo, de experiencia tanto física,emocional e intelectual del individuo, que derivaba en la germinación de un espíritu colectivo que, finalmente, quizá, cristalizó en la concepción del Estado moderno (el Heimat alemán), ha desaparecido o está en proceso de hacerlo. Los ciudadanos conectados están más expuestos a torrentes de información que condicionan una manera de entender el mundo, lo queramos o no. Es muy difícil pensar que nuestras opiniones no proceden del bombardeo al que estamos sometidos.

    El individuo queda aplastado por la maquinaria del big data; tras una presunta personalización se esconde una palmaria orientación hacia lo que buscan de nosotros. Por eso, en el espacio conectado, la creación de un espíritu colectivo sólido tiene poca cabida, y el concepto de Estado “moderno” parece condenado a desaparecer bajo la dictadura de las corporaciones. Es paradójico que sean los individuos desconectados los que tengan la posibilidad de evitar ese condicionamiento virtual, pero se buscará la manera de segregarles de forma efectiva. Ya el mero hecho de dificultar su gestión diaria es un primer paso.

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    1. Gracias por tu comentario!!!!

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    2. Efectivamente, la hiperconexión está provocando un aluvión de información difícil de descifrar de manera crítica y, de otra parte, también se genera la brecha que mencionas entre conectados y desconectados. El mundo global establece una tiranía desde los conglomerados empresariales, pues estos van por delante de la legislación estancada en las formas anteriores de organización cuyo modelo paradigmático era el Estado. Esta arquitectura social ya se ha visto rebasada, pues los capitales derivados de la economía financiarizada no entienden de límites fronterizos. Por tanto, estamos huérfanos de unos límites normativos que impliquen un alcance global ya que es en este escenario donde surgen las nuevas complicaciones.
      Por último, entiendo que es la multitud global el nuevo actor para revertir esta deriva en la que estamos insertos. Esta idea no es mía, se presenta de manera muy clara en Imperio de Hardt y Negri. Estos autores consideran que la protesta y las demandas de mejora deben orientarse hacia el escenario global en el que nos encontramos y, en este caso, son precisamente las nuevas tecnologías las que pueden ayudar a establecer nexos fructíferos. Es algo así como darnos cuenta de que los problemas locales son en realidad de todos.
      Gracias por el comentario y un saludo afectuoso.

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