El acoso. By Luciana Veneranda

Esta Semana masticadoresFocus se aproxima el acoso. Gracias a todos por su seguimiento y aceptación de los temas escogidos. Ana de Lacalle & j re crivello

“La tarde estaba llena de sonidos de chicharras que anunciaban calor, en uno de los veranos de los ´80. Ella se encontraba sola en la casa, planchando unas pequeñas ropas en la cocina. Corta el silencio el saludo de él, quién sólo venía a cambiarse de ropa.  El mismo, le requiere que lo ayude a coser un pantalón, ella accede porque le es una tarea conocida. Cuando regresa a la habitación a entregar el pantalón en cuestión, él la toma fuertemente de la cintura, la pega contra su pecho haciéndola sentir su sexo y llena su boca con una lengua como de látigo, asfixiándola. Con todas sus fuerzas, lo separa y llorando le pregunta: – por qué a mí?  Y, en un acto de desesperación, corre a refugiase al baño, cerrando la puerta con pasador, sosteniéndola con su hombro derecho para asegurarse de que él no pudiera abrirla; aterrada escucha las súplicas del otro lado con la voz de un hombre maduro de más de 40 años – “es solo un cariño, una muestra de agradecimiento”, “no lo tomes a mal” … A los 12 años había aprendido lo que es el avasallamiento y con el correr de los años podría clasificarlo. La situación se había concretado luego de varias insinuaciones verbales y corporales, que sistemáticamente se desarrollaron a través de los años y la ponían incómoda. Nadie lo supo. Nadie. No se atrevió nunca a contarlo”

La violencia de género asume una multiplicidad de formas, algunas sutiles y otras muy evidentes, pero todas dejan huellas. El acoso es una de ellas. Como señala la periodista Rose Aguirre Gálvez “El acoso no distingue edad, esfera socioeconómica ni territorio. El acoso está implantado a tal nivel en nuestra memoria histórico-cultural que se le confunde con “halagos” y “piropos”, haciéndonos creer que determinado grupo tiene el poder y el derecho de opinar sobre nuestros cuerpos y convertirlos en objetos”. A lo que agrego, es “tan natural” que hasta la propia acosada se confunde.

 ¿O acaso las mujeres no dudamos en calificar al “piropo” como acoso?

El acoso y todas sus formas, es un fenómeno estudiado desde hace relativamente poco tiempo, en investigaciones cualitativas y cuantitativas. Las mismas dan cuenta de datos y de lo que las víctimas sienten en esas situaciones. Algunos de los acosos terminan en femicidio. En estos primeros meses del año, según datos que circulan en los medios de comunicación en Argentina ya se cuentan con 63 femicidios. Luego de haber terminado un 2019 con un record de 327 mujeres muertas por ser mujer.  

Desde el punto de vista legal, en Argentina, el artículo 5º de la Ley N° 26.485 lo tipifica como violencia psicológica y como violencia sexual.  Como violencia psicológica causa daño emocional y disminución de la autoestima. El mismo perjudica el pleno desarrollo personal o busca degradar o controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación y aislamiento. Incluye también el hacer sentir culpable a la víctima, implica la vigilancia constante, exigencia de obediencia y sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación. Como violencia sexual – con o sin acceso genital-, es negar el derecho de la mujer a decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.

Se manifiesta en diferentes ámbitos, el hogar, las instituciones, la calle; asumiendo características peculiares en cada uno de ellos, combinándolos, continuándolos. En el ámbito del trabajo, se lo reconoce acoso laboral, en educación como acoso educativo. También se reconoce el acoso callejero, y en los últimos años, ha aparecido el acoso a través de la telefonía celular y las redes.

Es tan sutil, tan simbólico, tan imperceptible para la sociedad como penetrante e hiriente para quién lo padece.

Las bases de sustentación son de orden estructural, se presenta en todo tipo de relaciones (edad, grupos sociales), las raíces penetran en la conformación social, que sostiene ese orden patriarcal con sus derivaciones. Su característica central es el menosprecio o negación de los derechos humanos de la mujer. Y la consideración de ser un objeto del varón.  Las investigaciones sobre violencia de género muestran que los sujetos que ejercen violencia son cercanos o íntimos (Colombo,G.; Ynoub,C.; Veneranda,L. Iglesias,M.; Viglizzo,M. 2007) entonces, debemos atender a los pequeños guiños que las víctimas dan. El violento no duda en transformarla en la responsable de su conducta, sentimiento o percepción, la acusa.

Las investigadoras, Geldstein y Pantelides indagaron sobre coerción sexual, y utilizaron la definición de Heise, Moore y Toubia (1995b, pág.8): “…coerción sexual es el acto de forzar (o intentar forzar) a otro individuo por medio de violencia, amenazas, insistencia verbal, engaño, expectativas culturales o circunstancias económicas a participar de conductas sexuales contra su voluntad.” Sus datos muestran que una proporción de adolescentes hubiera querido hacerlo más tarde – lo que es una posible indicación de que se vieron sometidas a alguna forma de coerción- dicha proporción disminuye a medida que la iniciación fue más tardía (Geldstein&Pantelides 2003, pág 7).

El acoso es violencia, no marca como el golpe, pero golpea profundamente en la subjetividad de la persona acosada.

He expuesto en otras publicaciones que he realizado investigaciones sobre violencias de género.  Una centró el análisis de la manifestación de la violencia de género en una Universidad de Argentina.  En dicha investigación, aplicamos un cuestionario a estudiantes. De 391 estudiantes que respondieron efectivamente (253 mujeres; 136 varones; 1 persona se identificó en otro género y una se abstuvo), 45 (12%) reconocieron situaciones que conceptualizaron como violencia de género, ya sea como víctimas o porque fueron testigos de alguna situación de violencia. De estos 45 casos positivos, 32 mujeres (71%), manifiestan haber sido víctima o presenciado alguna situación identificada como violencia de género.

De las 32 mujeres que respondieron de manera positiva, 12 reconocen el aula como espacio donde se desarrolló la violencia y 10 manifestaron que la persona violenta era el/la docente. En la mayoría de los casos, ejercida en concreto por docentes varones hacia alumnas, fundamentalmente como maltrato, abuso de poder, menosprecio y/o intencionalidad de incidir en su intimidad. Por su parte, si se analizan las respuestas de los varones, se observa que el 26 % (12 de ellos) reconocen situaciones de violencia. En 9 de esos 12 casos, se mencionó que la violencia había sido vivenciada en el aula y de esos, 8 estudiantes, identificaron como violento/a al docente.

“…los docentes refiriendo que las alumnas tienen que hacer “favores” para aprobar las materias”.

El acoso se puede dar entre estudiantes, “se denunció a un estudiante por acosar a sus compañeras”. O por un tercero, pero se experimenta en el ámbito de la universidad. “En una materia, una compañera era acosada por su pareja en todas las clases. El mismo la esperaba afuera, las cuatro horas de cursada, espiaba por el vidrio de las puertas y casi siempre la llamaba para pelear mientras cursaba. Ella volvía a entrar llorando, nerviosa, incluso hasta abandonó una instancia de examen”.

Del total de estudiantes que reconocen haber presenciado o vivido alguna situación de violencia de género por fuera del campus universitario (232 casos), son las mujeres quiénes experimentan en mayor medida que los varones haber sido víctima o haber presenciado algún episodio de violencia. Así, el 70% de las mujeres (164) y el 26% de los varones (67 casos) reconocen la violencia externa. Algunas nombran el acoso callejero en las cercanías a la universidad. El acoso también aparece de alumnos a docentes, aunque es menos frecuente, fue detectado en esa investigación.

Si se consultan otras fuentes, se puede asegurar que el acoso es vivido por las mujeres de manera cotidiana, el estudio “Ella se mueve segura” del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y datos del Observatorio Ni una menos, en el año 2016, el 100% de las mujeres sufrió acoso callejero al menos una vez en su vida. El 70% recibió comentarios sobre su apariencia, al 37% un hombre le mostró sus partes íntimas y el 29% fue tocada con intensiones sexuales. Respecto al acoso en el transporte público, los mismos informes arrojan que el 54% de las mujeres fue acosada verbalmente esperando en la parada o estación. El 34% fue manoseada dentro de un colectivo. Y el 23% sufrió situaciones de acoso dentro de un tren.

Los espacios de socialización primaria de las mujeres (familia y escuela) deberían ser espacios libres de acoso (violencia). Los espacios socio políticos también. Debemos seguir trabajando en ello con políticas de equidad, de igualdad y con aquellas pequeñas acciones cotidianas de cuidado: ¿quién lleva tu hija a la escuela? 

El acoso es un problema para la mujer y ella es la víctima, no la que lo provoca.

Referencias bibliográficas

Fainholc, B (2011) Educación y género. Una perspectiva social, cultural y tecnológica. Lugar Editorial: Buenos Aires.

Feijoo, M. del Carmen (2017). La participación Femenina en la Educación Superior: iguales pero no tanto. En Le Monde diplomatique. Edición especial agosto de 2017. Bs. As.

Geldstein, R. & Pantelides, E. (2003). “Coerción, consentimiento y Deseo en la primera vez”. En: Checa, Susana (comp.). Género, sexualidad y derechos reproductivos en la adolescencia. Buenos Aires:Paidós. https://www.researchgate.net/publication/262834996_COERCION_CONSENTIMIENTO_Y_DESEO_EN_LA_PRIMERA_VEZ

Morgade, Graciela (2019). Las universidades como territorio del patriarcado. Disponible en:https://www.pagina12.com.ar/206500-las-universidades-como-territorio-del-patriarcado?fbclid=IwAR2jbR0HO90AcLnW8q6YHCZCcMtQsIVp-4tLhd_cEfI601NqaM2czpBju68

Perfil Gráficos | 2019 fue un año récord en femicidios: hubo cerca de uno cada 24 horas https://elperuano.pe/noticia-acoso-es-violencia-no-te-quedes-callada-72370.aspx

Valls Carol, Rosa, & Torrego Egido, Luis, & Colás Bravo, Pilar, & Ruiz Eugenio, Laura (2009). Prevención de la violencia de género en las universidades: valoración de la comunidad universitaria sobre las medidas de atención y prevención. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 23(1),41-57. [fecha de Consulta 20 de Enero de 2020]. ISSN: 0213-8646. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=274/2741882100

Veneranda, L.  Directora del Proyecto de Investigación: “Construcción de sentidos y prácticas educativas en la Universidad Nacional de La Matanza”. Programa de acreditación CyTMA 2. UNLaM. 2017-2019. 

Haz clic para acceder a rucvm_03_19.pdf

https://www.clarin.com/ciudades/sanciones-duras-casos-acoso-sexual-callejero_0_zOHHUZgxN.html

https://www.perfil.com/noticias/actualidad/femicidios-2019-observatorio-ahora-que-si-nos-ven-publico-hubo-1-cada-24-horas.phtml

Chicharra: Los cicádidos, conocidos vulgarmente como cigarras, chicharras, coyoyos, chiquilichis, son una familia de insectos del orden Hemiptera. Las cigarras pueden vivir tanto en climas templados como tropicales. Wikipedia Fecha de consulta 04/03/2019

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