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Mirad como hablan de la verdad. La tratan como si esta fuese tan sencilla como lo puede ser un 0 (o un 1). Se tiene la costumbre de hablar de la verdad dando por hecho de que ella sólo tiene un modo de ser, una manera de decirse, una forma de pensarse. Acontece de ordinario un a priori cargado de error que corroe la verdad que es transmitida por aquí y por allá. He aquí, pues, el gran tema, el gran asunto, el gran problema que se sucede una y otra vez en cada uso de la verdad, un uso tan ilegítimo como peligroso. Decir que esto es verdad o no, suena fácil, ni siquiera se piensa qué hay detrás de esa palabra, pues se presupone que la verdad, como concepto, como idea, como herramienta lógica, como όργανον para relatar la realidad, está claro y consensuado. Algo hay aquí semejante a la palabra ser: se utiliza sin pensar qué es el ser. Y el referido uso no es puntual, sino masivo. Al igual que la palabra ser, la palabra verdad la utilizamos en nuestro pensar sin hacer uso explícito de ella: está inherente en nuestro pensar, y echamos mano de ella sin plantearnos qué demonios hay detrás de un decir que asegura decir la verdad.

¿Y qué pasa entonces? ¿Cómo es posible hacer uso de la verdad si ésta no es pensada a fondo? Si la verdad determina cada momento de nuestra vida, ¿cómo es posible que sólo la utilicemos a ciegas? Aquí late la dogmática, el no cuestionamiento de lo dado. El universo de la adaequatio intellectus et rei sigue imperando detrás de cada sistema que trata de constituir la verdad (v.g. Verdad por coherencia, verdad pragmática), lo cual significa que la metafísica sigue atravesándonos de parte a parte en nuestra cotidianidad, a pesar de reconocerse la relatividad de la verdad en cuanto fenómeno histórico-cultural. La verdad no es tan sencilla como nos quieren hacer ver algunos. El discurso que se apodera de ésta, anunciando que él es el poseedor de la verdad, suele ser el discurso más falso, el más mentiroso… es un discurso enemigo del pensar.

Los medios de comunicación, las redes sociales, las relaciones interpersonales en cualquier formato, hacen uso de la verdad sin cuestionarse qué es esa mercancía que llevan a cuestas, una mercancía peligrosa. La verdad, como herramienta, no se estudia seriamente a la hora de formar al individuo, a la hora de prepararlo para vivir en eso que los antiguos griegos llamaban polis. Bien al contrario, sólo se dice: esto es verdad, y aquello no, argumentando (con suerte) por qué aquello o lo otro es verdad. Pero la verdad, en sí misma, no se toca, no se cuestiona, no se plantea. La verdad está en boca de todos, pero ella es la mayor desconocida. La verdad es en este sentido la palabra más olvidada. ¿Os suena eso del olvido del ser? No es lo mismo el ser que la verdad, claro está, pero tienen tantas similitudes…