Daniel Innerarity: “Algunos políticos son auténticos ‘cuñados”

El filósofo describe su ensayo ‘Pandemocracia’, escrito en el confinamiento, como su “aplauso de las 8”. Su forma de contribuir a la salida de la crisis del coronavirus: “Comprender es un alivio”

LUZ SÁNCHEZ-MELLADO

31 MAY 2020 – 00:30 CEST

 

Daniel Inniteraty

Daniel Innerarity, filósofo, fotografiado en su casa de Navarra.PABLO LASAOSA /

En su foto de Whatsapp se le ve bajando, equipadísimo, el volcán Cotopaxi (Ecuador, casi 6.000 metros) después de subirlo para celebrar su sexagésimo cumpleaños el pasado verano. El jueves, antes de nuestra videollamada, acababa de bajar de su caminata por el monte Erreniega, cerca de su casa en Navarra. El filósofo andarín me había puesto deberes. Escuchar a Izaro, “la Rosalía vasca”, cantar en euskera acompañada de una banda sinfónica sobre cómo será la vuelta a los abrazos. La canción, bellísima, fue creada antes del coronavirus, como los cuadros de Juan Genovés, el pintor de los abrazos y el caos ordenado que ilustra sus dos penúltimos libros. Ambos artistas le representan, dice: “Híbrido que es uno”. A ver por dónde le entro.

Dice que se preocupó de veras cuando empezaron a consultarle periodistas sobre el coronavirus ¿Es el filósofo el último recurso?

Algo así. La gente importante en esta crisis son los gestores sanitarios, los que están al mando de las organizaciones, los expertos. Entonces, cuando me llamaron, pensé, esto va en serio. Los filósofos no somos imprescindibles, pero hay cosas que sabemos hacer y que si hacemos bien, son un consuelo: fabricar conceptos. Yo hago conceptos. Por eso escribí Pandemocracia (Galaxia Gutenberg). En mi pueblo, si salía aplaudir a las ocho no me oía nadie. Este libro es mi aplauso y mi ofrenda. Pensé ofrecer a mis conciudadanos un marco conceptual que ayudara a entender qué nos pasa. Comprender es un alivio.

¿De esta salimos más fuertes, que dice el Gobierno?

Lo único que tengo claro es que de esta salimos menos. Que salgamos mejores y más fuertes dependerá de cómo ejercitemos la inteligencia y la voluntad, y eso es completamente imprevisible.

¿El virus nos ha puesto en nuestro sitio?

Nos ha dado un golpe brutal, pero nuestro sitio no lo decide la naturaleza ni el destino, sino nosotros. Sería estúpido no tomar enseñanzas. Cabe más que ponerse de rodillas, suspender el pluralismo democrático y decir amén. Habrá que iniciar un debate democrático sobre cuál es nuestro sitio.

Los filósofos no somos imprescindibles, pero hay cosas que sabemos hacer y que si hacemos bien, son un consuelo: fabricar conceptos

El espectáculo del Congreso no es muy edificante al respecto.

El espectáculo del Congreso tiene que ver con factores estructurales de nuestro sistema que generan en los actores una gran desconfianza mutua y una gran ansiedad, porque la política se ha acelerado de tal forma que pide resultados inmediatos. Exigimos gratificación inmediata como si fuéramos consumidores. Esto hace que todo se vea en términos puramente electorales, de mercado. El elemento de colaboración, de diagnóstico compartido, de debate, es muy débil en nuestro sistema.

Fue candidato de Geroa Bai, pero nunca tocó poder. ¿Resentido?

Es que a mí me gusta la política, pero no la vida política. Y son dos cosas diferentes. Desde chaval, al final del franquismo, militaba en esta causa y sigo comprometido con unos ideales, pero vivir de esto me parece tremendamente sacrificado. Mi tipo de experiencia tiene más que ver más con echar una mano, con ayudar, que con ser protagonista.

¿O sea que va de bulto en las listas?

Bueno, el bulto es una cosa muy digna y democrática. No lo despreciemos. El ir a un mitin a que te cuenten es muy democrático, no solo estar en el estrado.

En su libro augura el fin del cuñadismo ante esta debacle. Optimista le veo.

Ya no estoy tan seguro. El cuñadismo tiene menos que ver con la constatación de objetividades que con la configuración de una emoción, de un sentimiento de seguridad propia. En ese sentido el filósofo sería el anticuñado. El filósofo lleva con bastante dignidad ser continuamente desmentido en sus prejuicios. En el resto de las profesiones la gente demuestra su competencia, nosotros demostramos continuamente nuestra incompetencia porque nos ponemos continuamente problemas que no podemos resolver. El cuñado no sabe lo gratificante que es que la realidad te contradiga y te haga replanteártelo todo.

Pues las redes están llenas.

No solo: hay líderes políticos que son auténticos cuñados. La revitalización que la crisis ha hecho del saber experto, de la ciencia, es un argumento muy poderoso frente a esa banalización de la opinión, pero va a ser momentánea. Por eso ahora quiero escribir un elogio del tertuliano.

Me deja loca.

Cuando uno oye la palabra tertuliano se echa la mano a la pistola porque piensa en los peores, que los hay. Pero el tertuliano como figura democrática merece ser reconocido. La persona que es capaz de contribuir en tiempo real, con una cierta rapidez y un mínimo de rigor, a que nos configuremos una opinión propia. Esa figura rompe el esquema elitista de una sociedad regida por los expertos o por un poder político en el que supuestamente están los que más saben, que no es verdad.

¿No se le cayeron los birretes por ir a filosofar a ‘Sálvame’?

Jamás los he llevado. Si me piden que hable de algo que puede servir a la gente, voy. Creo que hay que ganar nuevos espacios y lectores para la reflexión que ofrece la filosofía, sin perder el rigor. Frente a la visión elitista, hay una visión popular y democrática de la conversación filosófica. Lo que pasa que en esta profesión, uno tiene más prestigio cuanto más cenizo, oscuro y pesimista, y yo lo combato como puedo.

En su libro le pega un buen repaso a algunos colegas. A Zizek y a Agamben les pitan los oídos.

Simplemente me parece que esos que menciono son unos bocazas, y a veces te hacen avergonzarte de formar parte de un grupo profesional, pero la mayor parte de mis colegas son extraordinarios, y yo aprendo muchísimo.

P: ¿Son filósofos cuñados?

Digamos que han tenido la mala suerte de encontrar una metáfora afortunada muy jóvenes y explotarla al extremo. El fin del capitalismo, el estado de excepción…. Es difícil resistir la tentación de aplicar tu metáfora exitosa en un momento y unas circunstancias determinadas, para otras en las que realmente no sirve. Un filósofo debe oír muchísimas voces y no rodearse de un coro de abuelas que le digan continuamente y contra toda evidencia que eres el más guapo, el más listo y el mejor. Instalarse en un espacio de incomodidad habitual.

El cuñado no sabe lo gratificante que es que la realidad te contradiga y te haga replanteártelo todo.

¿A los 60 uno es aún un joven filósofo?

Cuando me invitaron a un congreso de jóvenes filósofos, ya no era joven. La juventud de un filósofo tiene que ver con el estado de vigilia de su curiosidad y su nivel de pasión por la realidad. Si fallas en eso, estás jubilable.

¿El virus mató las certezas?

Por lo menos tal y como las habíamos conocido. Entramos en un espacio con más incertidumbre de la que estábamos acostumbrados a manejar, pero esa incertidumbre puede ser un elemento de democratización. La ignorancia en otras épocas construyó elitismo. En este momento, debería servir para construir sociedades más igualitarias y más democráticas, es nuestro gran desafío.

¿Mal de tontos, consuelo de muchos?

Ojalá la ignorancia que compartimos nos haga más igualitarios. Para eso hay que reconocer la ignorancia de los legos en unas cosas, y la de los expertos en otras. Deberíamos aprender que la democracia es un coro muy desafinado de muchísimas voces gracias al cual nos ahorramos los errores que se deducirían de escuchar una sola voz. Da igual que sea la del pueblo que habla en un plebiscito, o las de los expertos que hablan desde una cátedra.

¿Cómo serán los abrazos a partir de ahora? ¿Tendremos miedo al otro?

Al principio, sí. Encerrados en casa hemos echado de menos los abrazos con la familia, con los amigos. Pero también hemos añorado algo fundamental: los espacios públicos, el contacto con gente diferente, lejana, distante, gente que te resulta respetuosamente indiferente. Esa indiferencia y ese anonimato de la vida en la ciudad, tan emancipadora. En nuestra cultura del sur, o te dan un abrazo o te dan una leche. O te avasallan o te intimidan. Estaría bien encontrar un término medio entre la efusividad y el desprecio.

‘Its very difficult’ todo esto.

R: Ja, ja, ja. Sí, ahí Rajoy estuvo fino. La democracia es compleja, el mundo es complejo, la realidad es compleja y cuando alguien la plantea de forma binaria, simplificadora, donde en vez de buenos diagnósticos hay la determinación de un campo de batalla donde se distribuyen buenos y malos, tenemos obligación de sospechar.

‘PANDEMÓCRATA’

Así, parafraseando el título de su libro, ‘Pandemocracia’ (Galaxia Gutenberg), también puede presentarse a Daniel Innerarity (Bilbao, 60 años), catedrático de filosofía política, si no se dispone de varios folios para glosar su currículo. El ensayo ofrece conceptos a los que asirse para entender qué nos pasa y, así, poder prepararnos para el futuro que viene. Él, por su parte, solo admite saber que no sabe nada. Así no hay quien falle.