La distancia crítica -sobre cómo los árboles no nos dejan ver el bosque- by Ana de Lacalle

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Actualmente, la osadía de aventurarse por parte de filósofos, sociólogos u otros analistas de los tiempos que corren, en diagnosticar qué está pasando y qué nos cabe esperar, ha sobrepasado los límites razonables de las disciplinas que los legitiman. Me estremecen la celeridad con la que han aparecido libros[1] sobre la crisis pandémica y sus derivados sociales y económicos. Y, con todos mis respetos por aquellos que a mi juicio se han precipitado -no pondré en tela de juicio la altura intelectual de Daniel Innerarity, ni de  Slavoj Žižek entre otros; eso sería más que osadía- recelo de esta precipitación porque, me temo, que más que un socorrido esfuerzo para dotar a los ciudadanos de “(…) un marco conceptual que ayude a entender qué nos pasa”[2] me acecha la sospecha de un oportunismo de mercado, vinculado al dinamismo capitalista que muchos rechazan como regla prioritaria de funcionamiento social. Sobre todo, porque intuyo que carecemos de información decisiva que nos permita adentrarnos en los acontecimientos que nos asolan e, incluso, de esa perspectiva que proporciona la distancia del objeto analizado. Hundidos como estamos en el fango pandémico, me resulta una tarea casi inasumible poder crear conceptos que nos socorran.

En primer lugar, por un motivo que se está menospreciando al calificar a los que lo plantean de conspiranoicos. A saber, la naturaleza artificial o natural del covid19. Este no es un dato menor, porque la realidad que vivimos no es ni de lejos la misma, si el virus que nos ha paralizado ha surgido de forma espontánea por lo devenires naturales, o por el contrario ha sido resultado de la voluntad de ciertos poderes que se planteaban cómo podía beneficiarles una situación así, de pandemia global, y estaban generando ese patógeno en un laboratorio; y por último si el temible virus fue liberado o un accidente indeseable permitió la fuga involuntaria.

Honestamente, no me hallo en condiciones de verificar o desmentir ninguna hipótesis, pero debo reconocer que habiendo constatado -como todos- el ardid, el amaño y la astucia de muchos acontecimientos que en su momento fueron explicados de una forma legítima, y que con los años hemos descubiertos que no hubo tal legitimidad -recordemos, por ejemplo, las condiciones reales en que se lanzaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, cuando según investigaciones posteriores ya se había producido el rendimiento de Japón, pero se apresuraron para poder “probar” ese armamento en el que tanto habían invertido- no puedo descartar la veracidad de ninguna de los supuestos mencionados. Y, entiendo que desconocer el auténtico origen del covid19 incapacita para una interpretación ajustada de qué está ocurriendo y qué nos espera.

En este sentido, aunque la distribución que se ha realizado del documento por las redes constituye una traducción deficiente de alguno de los artículos, el compendio “Sopa de Wuhan”[3] se me antoja un conjunto de perspectivas dispares que pueden llevar a la reflexión, teniendo en cuenta que son artículos publicados alrededor del fenómeno pandémico, y no obras enteras, por una diversidad de pensadores que nos transportan por singladuras a veces contrapuestas y, por ende, más abiertas.

No obstante, querría aprovechar el presente escrito para hacer un inciso, en un aspecto de la entrevista mencionada a Innerarity en el periódico El País. Habla insistentemente, o así lo presenta su entrevistadora Luz Sánchez-Mellado, en la importancia de democratizar el debate público, pero en un sentido que me parece pernicioso: debido a que lo que predomina es la incertidumbre y por tanto la ignorancia, se igualan las opiniones de los ciudadanos, manteniendo cierto rigor asegura, y acabando con el elitismo de los intelectuales que se consideran expertos y por consiguiente más capacitados que otros para diagnosticar el fenómeno. Esto sugiere que las opiniones adquieren un mayor reconocimiento y que, según el autor, se democratiza e iguala el supuesto diálogo público que debería estimularse, porque el demos es un coro desafinado de voces gracias a las cuales nos ahorramos los errores de escuchar una sola voz.

Presento dos objeciones al respecto. La primera, no creo que un coro de voces desafinado nos lleve a ninguna parte, porque si algo nos falta es tiempo. Más cuando esta coral está compuesta por cualquiera que hable porque tiene boca -y esto lo digo yo-. Entiendo que el ejercicio riguroso racional de desentrañar lo que no es para nada evidente, que a mi juicio es una función primordial de la filosofía, no puede ser abanderado por quien no posee la consistencia que le permita elaborar una crítica -casi en un sentido kantiano- Con lo cual, reivindicar la figura del tertuliano, se me antoja o un burdo uso del término democracia o ingenuidad, o inclusive demagogia que puede contribuir a la comercialización de su obra. La segunda objeción es la equiparación implícita que establece entre democracia e igualdad a razón de que la opinión de todos sea igualmente valorada. Discúlpeme, señor Innireraty, si mi atrevimiento es excesivo, pero no puedo concebir que en democracia prioricemos la libertad de opinión y la misma consideración de una y de otra, por encima de aquella igualdad que constituye la condición de posibilidad de cualquier otra: la igualdad en el acceso a los recursos, bienes y servicios que garanticen una vida mínimamente digna -algo más allá de la mera supervivencia- y que sitúen a todo ciudadano en condiciones de ejercer su libertad de expresión que se hallaría, si usáramos como metáfora la pirámide de Maslow, en la cima de la pirámide. Dejemos de ignorar que hay libertades legales que no pueden ser ejercidas sin igualdades reales.

En este sentido, si Platón levantara la cabeza caería desvanecido, porque su crítica a la democracia está hoy vigente si consideramos que los que nos dirigen no son los más preparados, si no los que han escalado políticamente dentro de sus partidos, y que la manipulación de la opinión pública desmerece que el demos tenga criterio para elegir quién debe gobernar -tenemos claros ejemplos, Trump, Bolsonaro, por ser en estos momentos dos modelos indeseables- Siendo lo más fiel posible a lo que Platón despreciaba de la democracia, cabe recordar que sostenía que debe gobernar el que más sabe, porque es quien puede dirimir en qué consiste la justicia, el bien; y en este sentido la participación de todos en las decisiones puede ser catastrófica, porque pocos son los capacitados y muchos los ignorantes. Siguiendo la lógica platónica, la complejidad de las sociedades actuales no nos permite elegir con solidez al más adecuado para gobernar y acabamos siendo presas de rapaces políticos que mediante campañas de marketing se embolsan los votos de los ciudadanos. Y estas apreciaciones no son más que la manifestación de la crisis de concepción en la que se hallan inmersas desde hace ya años las democracias occidentales. Con un agravante, cada vez somos más conscientes de la sutil manipulación a la que estamos sometidos y nos hacen creernos libres cuando no somos más que esclavos de un sistema en el que sobrevivir acaba mellando las convicciones más arraigadas, para que no devengan un impedimento.

Para concluir y no extenderme más -acabaría contradictoriamente escribiendo un libro- el propósito del presente artículo es explicitar que las condiciones actuales no nos permiten ni entender qué está pasando, ni qué vendrá después. Esto, sintéticamente, por dos razones: porque desconocemos las causas genuinas que han producido la pandemia y porque sumergidos en una anomalía de tales dimensiones carecemos de perspectiva y de la distancia necesaria que nos permita objetivar de forma crítica los acontecimientos.

[1] https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2020/05/08/5eb438b0fc6c8
36a3d8b45fb.html

[2] https://masticadoresdeletrasfocus.wordpress.com/2020/06/02/entrevista-del-periodico-el-pais-a-daniel-innerarity-by-luz-sanchez-mellado/

[3] https://masticadoresdeletrasfocus.wordpress.com/2020/04/29/analisis-de-sopa-de-wuhan-by-eduardo-schele-stoller/

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    Publicación de hoy en MASTICADORESFOCUS

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  2. macalder02 dice:

    Realmente es un artículo que vale la pena releerlo cuantas veces uno quiera entender lo incomprensible que se ha vuelto el trato que se le esta dando a la pandemia. Así que, si uno tiene que tomar partido por una clara definición de la situación actual, queda como último recurso, recurrir a tu artículo y solucionado el problema. Todo lo dices con tanta certeza y precisión, que no hay lugar ir por más.
    Mis saludos y gracias por compartir tus conocimientos.
    Manuel

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    1. Gracias por leerme!!!!!

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  3. AMADA LLOBET dice:

    Si dices tratar LA FILOSOFÍA, adéntrate en ella… Ella está en el Espíritu, en el de los Seres humanos y en todas las Leyes que rigen LO INMENSURABLE, EL UNIVERSO…
    Eres atrevida, ¡atrévete!
    Solo con la mente abierta y consciente de que «eres Espíritu» podrás encontrar algunas respuestas, algunas verdades que te sirvan para ir avanzando en el camino, no solo de «esta vida» sino de la Vida Infinita, en la que, lo creas o no, estás inmersa.

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    1. Respetando tu cosmovisión, me siento catequetizada, en el sentido más peyorativo del término. No concibo que nadie se otorgue el privilegio de decirle a otro quién es, cómo es y qué debe hacer. Más sin conocer a la perssona y a través de las redes. El objetivo de este blog es la reflexión, crítica y el análisi, no el dogma.

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  4. Si ana, que reivindiques u poco de pensamiento reflexivo y serio es más que pertinente, y además cualquiera puede adentrarse en ello, es solousar una y otra vez lsa millones de neuronas que estan esperando que le demos marcha. Si, marcha! un saludo cordial Estimada compañera j re

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