LA GENERACIÓN COVID19 by Ana de Lacalle

 

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La pandemia que azota al planeta desde finales -al menos, que se sepa- del 2019, tendrá consecuencias devastadoras, unas a nivel socioeconómico -que ya estamos experimentando- e imprevisibles muchas de ellas en lo que se refiere al modo de vida y la percepción del mundo.  De entre todas estas voy a detenerme a discurrir sobre las secuelas que el covid19 tendrá para toda una generación -que yo situaría entre los 0 y los 6 años-.

Los niños han sido, a mi juicio, uno de los colectivos peor tratados. En base a informaciones, cuya procedencia desconozco, se estableció como una certeza que los infantes eran la mayor fuente de contagio de la población, ya que siendo asintomáticos iban esparciendo el virus a diestro y siniestro. En consecuencia, se cerraron escuelas, centros deportivos, parques y se los confinó -con una sensibilidad nula; más se tuvo con las necesidades biológicas de los canes- durante dos meses y medio. Algunos, los menos, en condiciones razonables, más si tenían hermanos, y una vivienda con jardín, etc., y los muchos en condiciones casi carcelarias, con una masificación de personas en la vivienda insostenibles para cualquiera.

Ninguno de los que tuvieron que tomar esas decisiones drásticas se detuvieron a pensar en la salud mental de toda una generación de niños que poco o nada podían entender sobre lo que estaba sucediendo. Las explicaciones improvisadas por parte de las familias difícilmente pudieron ser no aterradoras, cuando esos mismos adultos se sentían súbitamente abordados por unas circunstancias totalmente desconocidas, inimaginables y para la mayoría rayando la ciencia ficción.

El relato del bichito que pone enfermas a las personas que salen a la calle, se daba de bruces con las salidas diarias de muchos padres para ir a trabajar -si no eran personal sanitario, y si lo eran pues tal vez más pavor para las criaturas- que regresaban a sus casas sin haber recibido el ataque maligno y despiadado del bichejo. O que pudiera salirse a comprar sin que esos infantes percibieran daño inmediato alguno en sus protectores. Algo debía rechinar en la mente de esos seres atemorizados que se acogen a la evidencia aplastante de la relación causa-efecto inmediato.

En un segundo momento, hubo que convencer a esos niños de que se podía salir, con cuidado, a pasear siempre y cuando llevaran una denominada mascarilla protectora que impedía el ataque del virus. Poco a poco fueron proliferando mascarillas de diseño con los dibujos o héroes preferidos de los pequeños y hoy en día ¿alguien se ha preguntado que significa para ellos ese trapito que se ponen en la boca? Ha pasado a ser parte de su vestimenta habitual y ya intentan que combine con el resto del conjunto. Pero esto, no es más que una observación frívola y superficial del cómo pueden estar viviendo y qué secuelas puede dejar en ellos este aislamiento y distancia social que en pleno desarrollo emocional no va a dejarles indemnes.

Algunos han llegado a la conclusión, inclusive, de que las personas que tienen una herida o un rasguño la sufren a consecuencia de no haberse puesto la mascarilla, como si un super-escudo protector de todo mal se tratase. Esto que puede resultar una anécdota graciosa del razonamiento lógico e ingenuo de los más pequeños, evidencia la confusión, el aturdimiento y la incapacidad de entender lo que acontece, porque su necesidad cognitiva les urge a reducirlo todo a explicaciones concretas, empíricas y observables.

Para mostrar el despropósito de las mentes pensantes, quiero hacer referencia al estudio que el Hospital de San Juan de Dios de Barcelona ha realizado durante este verano con niños que han participado en las actividades de verano. Cualquiera puede acceder a él a través de los medios, por lo que me interesa destacar que la conclusión ha sido que los niños transmiten el virus seis veces menos que los adultos, entre ellos y a los mismos adultos. Pero, se tuvo muy en cuenta que los perros necesitaban salir a pasear para hacer sus necesidades biológicas cuando, además, tampoco se poseían aún evidencias científicas sobre si se podían ver afectados o ser transmisores del virus. Por el contrario, las necesidades mentales, de relación y actividad física de los niños fueron menospreciadas en base a, ya he dicho, no sé qué conjetura equívoca. El daño ya está hecho.

Introducida someramente la cuestión, poseo la convicción de que habrá una generación covid19 que habrán vivido desde que tienen recuerdos o conciencia en situación de pandemia, o lo que es lo mismo: de miedo a un bichillo invisible que puede atacarles, que ese susodicho se combate con mascarilla, lavado de manos, y no jugando ni mezclándote con otros; por supuesto ni pensarlo con extraños, pero incluso rompiendo vínculos que eran fundamentales para esos niños que, quizás en ausencia de sus padres, eran cuidados por abuelos o familiares. Su experiencia primeriza es que el mundo es un lugar peligroso y los otros también. Que las expresiones emocionales de cariño deben ser contenidas, que el lugar más seguro es la casa, y que lo prudente es desconfiar de todo, hasta del aire que respiramos. Pensemos además que están sometidos al sortilegio de las autoridades sanitarias: de ahora salimos un poquito, ahora no, …cuando, de facto, ellos no pueden -como nadie puede- percibir, ver ese bicho peligroso que hay momentos en que nos ataca más y en otros en los que parecen estar más calmado.

En consecuencia, este grupo de infantes cuyos recuerdos más intensos serán estas condiciones difusas y contradictorias de la pandemia verán inevitablemente condicionada su manera de entender y percibirse a sí mismos y a los demás. Aventurar de qué manera marcará el carácter de esta generación es complicado, pero podemos intuir que serán ciudadanos temerosos que fácilmente tenderán a someterse a las directrices del Estado, cuando los alerte de un riesgo que bien podrá ser real o inventado. Tendrán más dificultades de socialización y vivirán esta de forma virtual, con una frecuencia e intensidad que ninguna generación anterior podía ni imaginarse. Sentirán la soledad como una maldición necesaria para garantizar su salud y probablemente se reducirán notablemente las interacciones sociales, la promiscuidad sexual y otras prácticas, costumbres y hábitos sociales que están siendo desgajados de la impronta de la sociedad.

Será una generación a la que se le ha robado los mejores años de su infancia, sometidos a unos dictámenes que eran incapaces de entender, ya que los percibían arbitrarios y se aferraban a las indicaciones parentales para saber qué podía hacerse y qué no en cada momento. En este sentido, es probable que el núcleo familiar recupere importancia en detrimento de otros agentes de socialización, como la escuela, que los abandonó. los amigos que se esfumaron, familiares que dejaron de cuidarlos, …un mundo rebosante de incertidumbre y de desconfianza en los vínculos afectivos.

El mundo post-covid19 será muy diferente, aunque necesitaremos años para constatar qué huellas indelebles restan. Aquí, sugiero que empecemos a prever cómo se desenvolverá esta generación de infantes de entre 0 a 6 años, aproximadamente, que se han visto sometidos a un entorno amenazante e incomprensible, y que serán los ciudadanos del futuro, ese que se ha imaginado como post-humano, en el que el humano abandonará su condición de únicamente organismo vivo tal y cómo lo conocemos hoy, para ser un semi-robot. Objetivo al que tal vez contribuirán, sin dudarlo, en su consecución los niños de la generación covid19, por considerarla un tipo de vida más segura y protegida.

Repito que el daño ya está hecho y se mantendrá durante el tiempo que dure la pandemia -imprevisible como casi todo en estos momentos-

3 comentarios en “LA GENERACIÓN COVID19 by Ana de Lacalle

  1. Completamente de acuerdo.
    Esto me hace pensar en hasta qué punto el bicho fue accidental, o si se trata de una creación de laboratorio con la firme intención de destruir aún más las relaciones humanas para que la gente permanezca aún más alienada y no se organice para luchar por sus derechos como en el siglo XIX, por poner un ejemplo.

    Le gusta a 1 persona

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