A propósito de un artículo sobre Camus y el periodismo by Jermías Camino

CamusDos días antes de este siete de septiembre en que escribo, di con un posteo que me hizo pensar sobre aquello que no fue tematizado allí debidamente, no obstante estar anunciado en el título mismo: el periodismo. Su autor busca enseñarles a los posibles lectores, aquel periodismo que ejerció en sus días Albert Camus. Según delata el armado de este artículo y el mismo título, la presentación no es otra cosa que una loa a la actividad periodística del filósofo, una celebración de un caso que demuestra que el periodismo es más que un medio de comunicación al servicio hegemónico; o tal vez, un contraejemplo al juicio de que el periodismo es una herramienta degradante. El autor remarcó que la actividad de Camus tenía por base el no limitarse a esquemas teóricos ni un “corsé ideológico”, para abrazarse a la actualidad y así referir a lo real, con soluciones y “argumentos justos y verdaderos”. Pero, uno se pregunta: ¿justamente Albert Camus?

Dejaré las cosas aclaradas desde ahora: no creo que uno, ajeno en espacio y tiempo, deba introducirse en la cuestión evaluativa de lo que ha hecho o no Camus, ni aunque uno dispusiese de una buena capacidad intelectual y abstractiva. Camus fue lo que los franceses nominaron como “pie negro”, un hijo de colonos franceses, es decir, nacido en la argelina tierra colonizada y subyugada por Francia durante más de un siglo. Una cuestión tan esencial y radicalmente importante como es la independencia de un pueblo, es un hecho histórico singular, inigualable y supremamente valorable, que está atravesado por sufrimientos y vejámenes que no son posibles de imaginar, con los cuales cargan las generaciones, y son parte del contenido material y espiritual del momento en que se vive. Por ello, creo que es el propio pueblo, el mismo que gesta y lleva a término sus propios anhelos, el que se encarga, finalmente, también de dar los veredictos correspondientes [1]. En parte, también por ello, creo que Camus estuvo anímicamente escindido. Para 1955, según recoge el sitio letraslibres.com [2], había escrito: “me siento muy angustiado ante los asuntos de Argelia. Hoy tengo ese país atravesado en la garganta y no puedo pensar en nada más”. E incluso, para 1947, a dos años de la Massacre de Sétif, donde se calcula que el ejército francés aniquiló 400.000 autóctonos [3], escribió (recogido en aquella página también): “yo tengo del mismo modo una larga relación con Argelia, que sin duda no acabará nunca y que me impide ser por completo lúcido cuando me refiero a ella”. No obstante, esto no quiere decir que él no supiera, ni tampoco que guardara silencio, al respecto de lo que Francia estaba haciendo. La misma página recoge la siguiente frase publicada en un ensayo del mismo año: “el hecho está allí, claro y repelente como la verdad misma: hacemos en estos casos lo mismo que les reprochamos a los alemanes”. Al contrario de lo que lo que piensa Tony Judt, Camus era principalmente político, y justamente por esto le han caído todos los reproches de haber hecho silencio en el momento en que Argelia se estaba jugando su existencia.

El autor del artículo en cuestión no menciona nada al respecto. Se queda en algunas afirmaciones resonantes, gustosas para la psique consumista, con el formato típico de un slogan intelectual: se puede leer hacia el final que Camus tenía función crítica, sin parcialidad, lo que es garantía de la verdad y la liberación, lo que era su responsabilidad espiritual. Mientras que, en el inicio, había dejado escrito que Camus militaba en el periódico Combat de la resistencia argelina. Si es difícil combinar este inicio con aquellas palabras de los últimos párrafos, más aún con estas palabras que aparecen en medio: la “gota que derramó el vaso” contra la prensa dominante, fue el hecho de la ocupación nazi en la francesa Metz. No caigamos en la confusión, el punto no es si Camus debía o no debía hablar de la ocupación nazi en Francia, o si sólo debía hablar de Argelia. El punto es que, éstas afirmaciones sobre la militancia y su rechazo de la prensa dominante, figuran con una referencia histórica, coyuntural y política tan vaga, que su significado se desvanece como un mero dato, porque apenas descubren sus interrelaciones. De otro modo, estas últimas afirmaciones vendrían a tener la función de justificar aquellas valoraciones sobre Camus; sin embargo, dada la vaguedad de las primeras, la justificación se hace pobre, y lo que queda es un conjunto de esquemas vacíos. El autor no hace mención alguna a las contradicciones internas del propio filósofo, que tiñen toda su producción periodística, tanto como la ensayística política, sobre todo en esos años. Es como si pretendiera extraer una actitud pura, o peor aún, un sujeto puro. Pues, la lectura del artículo tiene por efecto la creencia de que Camus era un sujeto ideal, una genialidad, una rareza en la miseria humana. Pero, justamente por ello, jamás se llegará a comprender porqué Camus puede entrar en comparación con Tocqueville [4] o porqué, Raymond Aron, lo caracteriza como colonizador bienintencionado [5]. Al contrario de la presentación, Camus podría ser reflejo de las contradicciones de los propios movimientos que estaban presentes en su época.

En verdad, lo que está sucediendo es que el artículo está armado mediante frases más o menos prefabricadas para llegar al gusto más o menos sabido de los lectores. Lo que justamente no hace el autor es lo que ve, o cree estar viendo, en la actividad periodística de Albert Camus. Pareciera que toda su aspiración se quedara en agradar para conservar y continuar con su perfil de escritor, con lo cual no hace sino perpetrar las condiciones de producción de la literatura periodística dominante. Son las mismas condiciones de las que se ha valido el periodismo tradicional para llegar a sus consumidores y para lograr su expansión: exposición amena, sin contradicciones que traben la lectura, complacencia con y satisfacción de ciertos valores. La palabra, así, queda afianzada en su utilidad, que es la cualidad de la herramienta: entretiene al lector dando un alimento ficticio a su entendimiento, le da algo de qué hablar durante el día, y permite que el escritor conserve su lugar. Hay una comunicación, pero resulta banal.

Creo que hay una parte de la producción escrita actual que sigue esos lineamientos. Creo que hay otra parte que no. Creo que cada uno hace lo que le gusta hacer. Ahora bien, es interesante, en este sentido, remarcar esta dualidad, ya tantas veces repetida y conocida, sobre la dualidad de las herramientas, o, en un decir más preciso, de las técnicas. Porque de lo que estamos hablando aquí es de la técnica de la comunicación. Y en la época que Camus escribió, hay patentes ejemplos al respecto: observaremos que la difusión periodística tuvo un papel clave en la independencia, a partir del desarrollo de la radio clandestina, por las cuales aparece un personaje de relevancia como es Franz Fanon [6]. Pero, tampoco hay que ser tan ingenuos de echar la responsabilidad en otros: el lector también puede aportar lo suyo, y no quedarse en la mera información, es decir, deshacerse del hábito al que sumergen aquellas formas de comunicación. Quizás, la posibilidad del cambio que las técnicas puedan abrir, se dé en ese punto convergente y, por ende, frágil, entre lo que ofrece el que produce y lo que toma el que consume. Esto habría que cotejarlo con una reflexión filosófica sobre la esencia de la técnica moderna [7].

Referencias:

[1] Para el 2013, en el centenario del nacimiento de Camus, Jorge Fuentesaz dejaba escrito que en Argelia nadie celebraba nada. Recuperado de https://www.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/silencio-en-argelia-sobre-camus_B14Qa741hPLxRTN55h0pL/

[2] En esta página, fue traducido un fragmento propicio del libro de Tony Judt, The burden of responsibility. Recuperado de https://www.letraslibres.com/espana-mexico/politica/albert-camus-el-moralista-reticente

[3] Ver http://www.laizquierdadiario.com/La-masacre-de-Argelia

[4] La autora Vázquez Larrea plantea la cuestión a la que estaba expuesto Camus, con mayor apego a sus desgarros internos, lo que le permite introducir la comparación mencionada con Tocqueville. Vázquez Larrea, Iñaki Camus y el mito de la Argelia francesa. Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Sciences [en linea]. 2015, 45(1), [fecha de Consulta 7 de Septiembre de 2020]. ISSN: 1578-6730. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18153278009

[5] Ver el fragmento traducido de Tony Judt.

[6] Ver https://atalayar.com/content/el-papel-de-las-radios-clandestinas-en-la-independencia-de-argelia

[7] Para aquellos que tengan interés en leer el artículo en cuestión: https://liberoamerica.com/2020/09/05/el-periodismo-comprometido-de-albert-camus/

 

Imagen vista en:The Conversation

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  1. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    HOY en MASTICADORESFOCUS artículo de JEREMÍAS CAMINO

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