Leer un ensayo filosófico dista sustancialmente de la lectura de una novela. Aunque esta última sustente una determinada concepción de lo humano, de la sociedad y de la vida misma, su contenido filosófico no acostumbra a ser ni su único propósito ni la cualidad única por la que debe ser evaluada por los críticos.

A diferencia de la novela, el ensayo filosófico exige de suyo un rigor lingüístico que no está supeditado a lo estético, sino a lo semántico y a la lógica argumentativa de las ideas que se van desarrollando.

Por esta razón, no concibo que pueda hacerse una reseña de un ensayo, o en su caso que esta tenga valor filosófico alguno. Lo que procede realizar con un ensayo de Filosofía es dejarse interpelar, reflexionar sobre aquello que nos genera dudas o incluso resquicios poco clarificados sobre los que debemos indagar para entablar un diálogo fructífero, si ello es posible, con su autor.

Cuando la lectura se ejercita sobre ensayos anteriores, cuyo autor ya no puede ser cuestionado directamente, nos queda contrastar las lecturas que de sus textos se ha hecho, hacer la nuestra y mostrar lo controvertible o poco diáfano, las incoherencias del propio autor en el uso de un término en diferentes obras -o tal vez la evolución-; y plantear, además, las dificultades que entraña interpretar textos intentando que se  subsuman a un corpus único, cuando posiblemente este no se daba, ni se hallaba entre las pretensiones del filósofo.

Para los que no sabemos vivir más que filosóficamente, cualquier lectura es un reto que nos pone en cuestión, en una cierta crisis y vapulea lo que creíamos saber. Si no fuese así, el ensayo leído sería un fracaso desde el punto de vista filosófico.

Bien, esta breve reflexión surge como necesidad de ser explicitada para los que no estén excesivamente introducidos en el quehacer filosófico, a raíz de la lectura que estoy realizando del ensayo de Luis Roca Jusmet -después procederé con otros que espero me impliquen una tarea similar- a saber, Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault. Terra Ignota ediciones.

Este es mi quehacer principal en estos momentos, a parte de los que habitualmente desarrollo en las redes, que me ha conducido a revisar antiguas lecturas e incluso a abordar alguna de estos dos grandes pensadores que no había leído. De aquí se deduce, supongo, que lo que os presentaré acabada la multiplicidad de lecturas a las que un ensayo puede incitarte, es mi lectura del ensayo de Luis Roca Jusmet, nunca la lectura, en cuanto tras lo dicho podéis imaginar que tal cosa no es posible en Filosofía.

Quiero agradecer al autor de este ensayo, anticipadamente, la indagación filosófica, más o menos acertada por mi parte, que me ha generado su obra y, a los lectores que entiendan que, mi revisión de este ensayo será la posible lectura que alguien puede hacer desde su ignorancia y sus “conocimientos”.

Gracias a todos por la paciencia. No he dejado de lidiar con este estimulante ensayo, antes bien me ha atrapado y no logro desembarazarme, aún. Todo llega, o todo lo que necesariamente tiene que llegar, llega…el análisis prometido es deuda.