Cuestión de género

Quede claro desde el principio, que soy un ferviente defensor de la igualdad entre hombres y mujeres, a la hora de acceder a puestos de responsabilidad, en la empresa privada o pública. Eso sí, cuando hablo de igualdad, no me estoy refiriendo a que, por narices, los consejos de administración de las empresas, tengan que ser paritarios, como el actual Consejo de Ministros. Cuando hablo de igualdad, me refiero a la igualdad de criterios, de parámetros, a la hora de acceder a dichos puestos, o sea, los méritos, capacidades, habilidades y experiencia necesarios para poder desempeñar el cargo con absoluta solvencia.

Por lo tanto y por si no ha quedado claro, me declaro enemigo acérrimo de toda aquella política que pretenda regalar un puesto de trabajo a cualquiera que tenga dos pechos y una vagina, por el mero hecho de tenerlos, aunque sobre sus hombros tenga un espacio repleto de serrín.

Nunca he conocido a ninguna mujer que no haya podido estudiar en la universidad por el hecho de ser mujer. O que no haya conseguido un puesto de trabajo, por pertenecer al género femenino. Es más, afortunada o desgraciadamente, hay cierto tipo de empleos en el que las mujeres tienen una clara ventaja con respecto a los hombres, sobre todo en aquellos trabajos que tienen que dar la cara al público. Habrá quien lo critique o quien considere que tal circunstancia es injusta, pero es la realidad y en este caso, quien sale perjudicado, es el hombre por el mero hecho de serlo.

Otro aspecto en el que tampoco estoy de acuerdo es el que se refiere a la remuneración obtenida por una mujer en comparación con el mismo trabajo desarrollado por un hombre. A igualdad de trabajo, igualdad de salario. Pero en este sentido, debo añadir que tampoco me parece justo que dos hombres que realicen el mismo trabajo, cobren sueldos diferentes. Y sin embargo, es evidente que estas circunstancias, también se dan. Y en relación a este asunto, tengo una experiencia propia que viene a ilustrar muy bien de qué estoy hablando.

Hace muchos años, había un compañero de trabajo, que tenía el mismo salario que yo – supongo – la misma categoría y realizaba las mismas funciones. Ambos trabajábamos en el mismo departamento y teníamos el mismo jefe. Sin embargo, a pesar de todo esto, las horas extras que hacíamos, a él se las pagaban al doble de precio que a mí. Es decir, que injusticias se cometen todos los días, al margen del género al que pertenezcas. La única diferencia es que cuando la víctima de la injusticia es una mujer, enseguida se disfraza, se enmascara la situación y se acusa a quien proceda, de realizar un boicot a la mujer por el mero hecho de serlo.

Esto me recuerda una escena de una comedia muy conocida, Notting Hill. Al final de la película, Hugh Grant y sus amigos, entran en tropel en el hotel donde Julia Roberts está dando la última rueda de prensa en Londres. El de recepción, les pone pegas a la hora de entrar y entonces, la amiga de Hugh Grant que va en silla de ruedas, le espeta al pobre recepcionista: “¿Está poniendo inconvenientes a una discapacitada?”. Evidentemente, el hombre, les franquea el paso al salón donde se produce la rueda de prensa. Es decir, una forma de enmascarar la realidad, da sus frutos en su modalidad de chantaje emocional, que es exactamente lo mismo que ocurre en infinidad de ocasiones, en las que ciertas mujeres prefieren adoptar el papel de víctimas.

Da la impresión de que alguna mujer, ha llegado a la conclusión de que, por serlo, tiene más derechos que cualquiera. Por ejemplo, muchas se quejan de que en los premios Óscar, siempre hay menos mujeres que optan al premio de mejor director. Pues que le pregunten, por ejemplo, a Kathryn Ann Bigelow , una directora de cine, guionista y productora estadounidense, especialmente conocida por películas como Near Dark, Point Break y, la ganadora de un Óscar, The Hurt Locker. Es la primera y única mujer en la historia que ha ganado el Óscar al mejor director y el premio al mejor director («Directors Guild of America Award for Outstanding Directing–Feature Film») del Sindicato de directores de Estados Unidos; ambos por The Hurt Locker.

Es decir, cuando hay talento, es imposible no reconocerlo. Los premios no se regalan.

Siguiendo con el negocio del cine, no creo que Meryl Streep, Julia Roberts, Katherine Hepburn y tantas otras, le deban su éxito en las pantallas al mero hecho de ser guapas. Si no tienes talento, tu éxito se limita a los Vigilantes de la playa.

No creo que, regresando a España, Nuria Espert, Concha Velasco, Margarita Xirgu, y tantas y tantas otras, hayan tenido que mendigar un trabajo en base a ningún parámetro sobre igualdad de género. Simplemente, son mujeres excepcionales y por eso, o forman parte de la historia del teatro, o lo harán cuando nos dejen.

Por tanto, aquellas que sostienen que si no hay más mujeres premiadas se debe a alguna clase de guerra misógina emprendida contra las féminas, se olvidan, por ejemplo, de que, en los últimos veinte años, Tom Hanks, no ha sido nominado a ningún premio. Estamos hablando de ¡¡Tom Hanks!! ¿Cabría por tanto denunciar semejante injusticia alegando algún tipo de persecución por algún extraño sortilegio? Podríamos utilizar algún concepto que pudiera parecer objetivo, como, por ejemplo, que se trata de una persecución a los que han trabajado más veces con Steven Spielberg; o que Tom Hanks, es bajito, o gordo, o viejo o usa gafas. Es decir, que la manipulación de los supuestos motivos supuestamente objetivos, no sirve para intentar enmascarar lo que en realidad es una carencia de calidad, de talento.

Dejando el cine americano, y centrándonos en nuestro país, España, se pueden encontrar innumerables casos en los que las mujeres ocupan cargos de relevancia máxima en las organizaciones, tanto privadas como públicas. Y lo han hecho por méritos propios, como no podía ser de otra manera.

Dentro de la política, por ejemplo, podemos encontrar casos como Esperanza Aguirre, llegando a ser no sólo la primera presidenta del Senado, sino también la senadora más votada de España.

Otro ejemplo, Luisa Fernanda Rudi, primera presidenta del Congreso, que obtuvo el apoyo de 329 de los 349 votos del Congreso. 

Matilde Fernández, del PSOE. El 22 de julio de 2000 se presentó como candidata a la secretaría general del PSOE, junto a José Bono, Rosa Díez y José Luis Rodríguez Zapatero, el cual finalmente sería elegido. Matilde Fernández quedó en tercera posición como representante del sector conocido entonces como «guerrista«. Antes de eso, fue objeto de presiones para que dejara el camino expedito al candidato varón.

Carmen Chacón, fue otra víctima del machismo del PSOE en sus propias filas. En las elecciones internas a secretario general, fue obligada a desistir de sus aspiraciones, dos días antes de que se produjera la votación, en favor de Pérez Rubalcaba, demostrando una vez más que los del PSOE dan lecciones a los demás de cómo tienen que funcionar con las mujeres, pero ellos las torpedean internamente.

Y si abandonamos la política y nos centramos en la empresa privada, la lista de mujeres al frente de importantes empresas, muchas de ellas multinacionales y con miles de empleados bajo su responsabilidad, es grande.

Ana Patricia Botín (Santander, 1960): Asumió la presidencia de Banco Santander en 2014. Anteriormente dirigió la filial de Reino Unido, es miembro del consejo de administración de Coca Cola y pertenece al consejo asesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Desde que asumió la presidencia, Ana Botín ha liderado la transformación tecnológica, comercial y cultural del grupo. Además, posee una importante vertiente filantrópica vinculada al mundo de la enseñanza: es fundadora y presidenta de la Fundación CyD, así como de la Fundación Empieza por Educar, filial española de la ONG Teach for All.

María Carceller (Madrid, 1970): es directora ejecutiva del grupo Rodilla, especializado en el mundo de la restauración. Se formó en la IESE Businnes School- Univesidad de Navarra y antes de llegar a Rodilla ostentó cargos de responsabilidad en las compañías Pepsi y Mcdonald’s.

Fuencisla Clemares (Madrid, 1974): ostenta el cargo de directora general de Google España desde 2016. Estudió empresariales en la Universidad de Navarra, es máster en dirección de empresas y empezó su carrera en el sector de la distribución. Trabajó en la consultora McKinsey y fue directora de compras en Carrefour, hasta que llegó a Google España como responsable de retail.

María Dolores Dancausa: esta burgalesa de 61 años ocupa el cargo de consejera delegada (CEO) de Bankinter desde 2010. Toda su trayectoria profesional ha estado vinculada al mundo de las finanzas y los servicios. Empezó en el Banco Exterior y fue directora General de la aseguradora Línea Directa. En el año 2013 recibió el premio Mejor CEO de España que otorga la revista Forbes.

Sol Daurella (Barcelona, 1966): es la presidenta de Coca-Cola European Partners, la empresa que fabrica y distribuye la marca Coca-Cola en 13 países de Europa Occidental. Su padre, el empresario José Daurella Franco, fue el primer embotellador de la marca en España. En 2016, Sol Daurella recibió la Cruz de Sant Jordi, que otorga la Generalitat de Catalunya, por su contribución a la internacionalización de la economía catalana.

Sabina Fluxà (Palma de Mallorca, 1980): es directora general del grupo hotelero Iberostar. Su familia fue pionera en la industria del calzado en Baleares hasta que su padre, Lorenzo Fluxà, adquirió una agencia de viajes y desembarcó en el sector hotelero. Sabina Fluxà se incorporó al grupo Iberostar en 2005. Es licenciada en administración de empresas y cursó el programa de alta dirección de IESE Businnes School.

Sara Harmon (Florida, 1968): es la directora del portal Linkedln para España y Portugal desde el año 2013. Es experta en transformación digital y participa de forma recurrente en foros y conferencias sobre desarrollo empresarial en internet y reclutamiento de personal a través de las redes sociales.

Belén Martín: es la directora general de Restalia, la empresa de restauración propietaria de la cadena 100 montaditos, la cervecería La Sureña y la hamburguesería The Good Burger, entre otros. Asumió el cargo en 2016. Es licenciada en Derecho y especialista en temas mercantiles y societarios.

María Río: es la directora general del laboratorio farmacéutico Gilead España. Se licenció en farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela, es máster en administración de empresas y lleva 20 años vinculada al sector farmacéutico.

María Eve Rougeot: es CEO de la empresa juguetera Famosa desde 2015. Posee una amplia experiencia en el sector retail y en capital de riesgo. Dos años antes de asumir su trabajo en Famosa, la empresa estaba en números rojos.

Cristina Ruiz, directora general de TI en Indra.

Olga Sánchez, CEO de Axa Seguros.

Ángeles Santamaría, responsable de Iberdrola España.

Susana Voces, directora general de Ebay España.

María Victoria Zignoni, responsable de Downstream en Repsol.

Marta Martínez Alonso es la presidenta de IBM España, Portugal, Grecia e Israel desde enero de 2013. Hasta esa fecha y desde enero de 2012 ocupó el cargo de directora general de IBM Global Technology Services España, Portugal, Grecia e Israel.

Almudena Román, directora general de ING Direct España.

La lista podría continuar hasta el infinito, pero creo que queda de manifiesto que cuando una mujer quiere y sabe, puede. Exactamente igual que un hombre, porque no nos olvidemos de que, a estos puestos, es de imaginar que también han optado hombres, los cuales, finalmente, no han conseguido sus objetivos, pero a ninguno de ellos se le ha ocurrido justificar su “fracaso” aduciendo que le han impedido el acceso al cargo, por ser hombre.

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