Hoy pensaba en cambiar un poco la forma de escribir y probar con algo de fantasía, pese a que por más que sea un sueño muchas veces implica verdad; un sueño puede ser tan real como la misma realidad.

Estaba sentado en mi oficina mientras veía pasar los autos por la ventana, era una mañana soleada, el jefe me había llamado la atención por unos trabajos mal hechos que al parecer era mi responsabilidad; me quedé pensando por unos segundos en mi mujer, en mis hermosas hijas, en mi vida maravillosa, pero sinceramente no entiendo cómo es que no soy feliz, ¿por qué siento que me falta algo? Pensaba en la hora de salida ya que era viernes y normalmente siempre que salía llevaba a mi familia al cine, seguramente a ver alguna película que les guste a las niñas, pero la hora de salida no llegaba más, así que mientras esperaba a que mi asistente me trajera unos documentos que tenía que firmar me recosté en mi silla y me sometí a un sueño profundo. Era un día lluvioso, con mucho viento, yo me encontraba en mi casa, recostado en el sofá mientras mi mujer me comentaba algunas cosas que yo no entendía lo que me decía, pero si sentía que mi boca le respondía, y a los dos segundos ya me encontraba volando en la nada misma, ¿qué se supone que debo hacer? Rápido pienso en un lugar en particular, y entonces todo cambió, es increíble cómo se fue transformando todo en un viejo estadio de futbol, no sabía dónde me encontraba pero si tenía la sensación de que ya había estado allí.

Pasaron unas horas cuando veo salir un niño al campo de futbol con una alegría en su rostro, era raro, aquel niño tenía algo familiar, quizá era algún sobrino, algún hijo de mi hermano que yo no conozca porque él tenía una vida muy particular, pero escuché una voz que resonaba en todo el estadio diciendo el nombre de aquel niño: Joel Nignam. No lo podía creer y de pronto caí, aquel niño era yo aparentemente había viajado en el tiempo pero no sabía cómo. Me quedo escondido a mirar el partido mientras recordaba todo cuando de repente veo que a unos pocos asientos se sienta Micaela, una niña muy bella, a decir verdad es mi mujer de quién estuve enamorado durante toda mi vida, y justo la veo que otro niño se sienta al lado de ella y le da un beso; en ese momento se me llenan los ojos de lágrimas, pero claro ese momento era antes de que yo le confesara mi amor, pero aun así esa imagen me impactó así que giré la cabeza y me puse a ver como juego, esas increíbles jugadas que yo hacía, ¿qué me pasó? Realmente me desconozco, con mi barba y mi panza. Había olvidado todo eso que yo era, ese niño feliz se había ido de mí y nunca debí dejarlo ir; de repente metí un gol y todo el equipo corrió por el campo festejando y levantándome para celebrar el triunfo porque quedaban unos minutos y gracias al gol que hice habíamos ganado la copa fue un momento muy especial ese para mí, como niño y como adulto mientras lo recordaba.

El partido había terminado y me dispuse a seguirme a mí mientras caminaba por el campo, aparentemente yo era invisible para la gente, iba entrando al vestuario donde todos me saludaron, era increíble lo feliz que era, y eran momentos donde yo no tenía tantas preocupaciones, solo me preocupaba por pasar un examen en la escuela o en el futbol por jugar de la mejor forma pero no tenía problemas en eso porque realmente me gustaba lo que hacía; pero ahora pienso, ¿Realmente me gusta trabajar en la oficina? ¿Soy feliz con la vida que tengo? ¿Qué es lo que más desea en el mundo aquel niño que por casualidad soy yo? Y como respuesta a mi pregunta aquel niño se lo dijo a su compañero de equipo y entonces lo recordé:

“Tan solo quería ser feliz y decirle a Micaela cuanto la amo”

Eso era lo que en aquel momento soñaba más que nada en el mundo, pero entonces debería ser feliz, ¿por qué demonios no me siento feliz? Si estoy casado con la mujer que más amo, tengo dos hermosas hijas.

La escena cambió y ahora me encontraba en casa, en aquella casa de mi madre, donde ese niño entró sin golpear y saludó a su madre, (mi madre, dije yo con lágrimas en los ojos) realmente ella es la que más amo, y la que a pesar de todo me dio de todo, la veía ahí tan joven, tan bella,  ella y mi padre fueron los que me enseñaron todo lo que sé, me enseñaron prácticamente a vivir, sin ellos no soy nada. El niño se fue a su habitación, y yo luego de mirar con amor a mis padres lo sigo hasta mi antigua habitación, era increíble la nostalgia que tenía, sentía que mi corazón palpitaba con más fuerza que nunca, sentí la misma sensación que sentía, tantos recuerdos me produjo aquella habitación multicolor, con los juguetes, repisas con trofeos, balones de futbol por todos lados, y el viejo balón de fútbol con el que jugaba con mis amigos de barrio, se veía ahí todo embarrado y gastado por jugar en la tierra. Eso es felicidad ahora me doy cuenta, que nunca debí olvidarlo, por culpa de la rutina yo había olvidado quien en verdad soy, ese niño vivirá para siempre en mí; por más que nadie me veía ni sentía abracé a ese niño, y sentí como el calor de afecto se me iluminaba en el interior dejando entrar a ese niño otra vez en mí, esa sensación de abrazarme a mí mismo es el mejor regalo que pude tener.

Siento que alguien me golpea en la cara, abro los ojos y me encontraba sentado en mi oficina, me había dormido, realmente sentía como si ese sueño hubiera sido verdad, recibo los papeles de mi secretaria y me pongo a firmarlos todos, pero mi mente solo pensaba en ese sueño, algo tenía que significar, esos recuerdos, realmente me definen, estoy malgastando mi vida, si bien ya me retiré del futbol por mi edad pero no quiero trabajar en esta oficina, no soy feliz aquí, mi felicidad está en el futbol, y en mi familia, pero bueno no podía renunciar así nomás, tenía que tener un plan, para que mi familia no pasé necesidades.

Ya pasaron tres semanas de aquella mañana en que tuve el sueño, renuncié a la empresa, y me encuentro trabajando como director técnico en el equipo de mi infancia, cuando les dije que había renunciado me recibieron con los brazos abiertos. Así que así es mi vida ahora, y puedo responder con orgullo que era lo que me faltaba, era mi yo interior, mi niño interior, me había dejado llevar por la rutina y no me había dado cuenta, todas las tardes mi mujer me viene a buscar a la cancha como en esa ocasión cuando yo me encontraba en la selección y sinceramente eso es felicidad, mi mujer, mis hijas, el amor. Amo mi vida, amo a mi familia, y amo mi trabajo.

Alexis Deblasis