TODO FLUYE PARA VOLVER AL INICIO Y PERMANECER —Heráclito y Parménides ¿confluyen? By Ana de Lacalle—

El presente artículo fue publicado el 20 de octubre de 2016. Hoy, cuatro años después y descuartizados por una pandemia sanitaria de consecuencias devastadoras para la economía y las condiciones de supervivencia de muchísimos ciudadanos, me pregunto: ¿Qué ha cambiado? Lo espeluznante entiendo que reside en el hecho de que el texto parece describir en buena medida la situación actual, a la que hay que sumar la catástrofe sin precedentes del covid19. Alguien se hacía eco estos días de artículos en diarios internacionales que aseveraban que el Estado Español parece estar a punto de entrar en quiebra. Personalmente, no lo dudo. Aunque tendríamos que considerar si lo que está saltando por los aires no son las democracias liberales y socialdemócratas, que van siendo menos democráticas para ser cada vez más productivas desde la perspectiva de un capitalismo que tal vez está llegando al límite de la contradicción con una forma de gobierno, que no parece ser ese escenario perfecto para deslizarse.

Os invito a leer en el pasado, parte del presente.

“Hay cuestiones candentes en la vida social y política que, de tan manoseadas, han pasado a provocar la saciedad y la indiferencia. Existe un cierto empacho de temas recurrentes que parecen hallarse en un círculo vicioso sin ninguna perspectiva de salir de él: la salud democrática, la corrupción política, la educación, la sanidad, el problema de los refugiados, la inmigración, el paro y la precariedad laboral, la nueva pobreza emergente, …todos ellos, cabe decirlo, oxidados por un conjunto de ineptos cuya voluntad no ha sido nunca la de remediar los problemas acuciantes. Antes bien, parece que el hecho de crear lianas cada vez más anudadas, sin contar con los especialistas que podían aportar posibles soluciones, es su estrategia para obtener réditos políticos o económicos que nada tienen que ver con el interés general. De esta forma, la decepción y la impotencia se extienden sobre los ciudadanos hasta conseguir su desmovilización ante lo que pasan a ser “causas perdidas”. Se diluye el debate público, ya que la sociedad civil considera inútil hablar con políticos que no saben qué es el diálogo, sino solo la confrontación sucia y el espectáculo para que cada cual siga haciendo lo que le convenga. La sociedad no cree en los políticos que se han transformador en una especie sospechosa.

Por eso, ante urgencias inminentes, se organizan los ciudadanos de base y consiguen paliar el sufrimiento extremo de muchos ciudadanos a los que la política nunca da respuestas; se halla hoy muy lejos de aquellos a los que dice representar, con una burocracia mediática, ineficaz y fuente de desesperación. Cada vez más absurda. ¿Qué sería y hubiera sido de muchas de las personas, maltratadas con ahínco por la crisis, si no hubiera habido grupos de ciudadanos reaccionando con celeridad y organizando comedores sociales, centros de ayuda que repartían comida y ropa, o incluso que cubrían las comidas de los niños que los padres no podían asumir? U otras organizaciones de ciudadanos que han ido respondiendo como podían a las necesidades de vivienda, y pobreza energética, mientras los políticos fingían retóricamente paliar esas situaciones, actuando de manera insuficiente y negligente.

Es cierto, los ciudadanos están saturados de oír hablar y ver lo poco que se hace para combatir las carencias y las necesidades que abruman a una parte importante de la población, de ahí su indiferencia. Pero por fortuna, muchos de ellos son sensibles al padecimiento y la precariedad ajena, actúan en pro de los más desfavorecidos, y eso, al fin y al cabo, es lo que cuenta.”

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    Artículo de ayer en MASTICADORESFOCUS

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  2. Ana, el título me trae recuerdos de mi época de estudiante. Para mi profesor de filosofía en C.O.U, todo el pensamiento filosófico se resume en estos dos filósofos: Parménides y Heráclito. Según él, nosotros (los que entonces éramos estudiantes) éramos heracliteanos y eclécticos per se, y él de Parménides por haber superado ya esa etapa. Cuarenta años después creo que Sergio (así se llamaba mi querido profe) andaba muy sobrado de soberbia.
    Sí, deben confluir, como el ying y el yang en un símbolo. Las dos caras de la moneda.
    Movimiento y quietud son subjetivas, están íntimamente condicionadas por el observador.
    En cuanto a tu escrito, qué más se puede añadir. Vivimos (sobrevivimos) en un mundo de desigualdades que esta pandemia ha acentuado. Estamos inmersos en una crisis sistémica, y el final ha de ser convulso, como así nos lo muestra la historia. Como especie hemos mejorado muy poco.

    Un abrazo

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