Muros Mentales by ana de Lacalle

Se alzaba un muro ante mí, que percibía como diluyéndose en el grisáceo prisma de la una altura infinita. No es que no pudiera, de facto, elevarme por encima de él, sino que mi mirada me había tejido una red de impotencia; intuyo que, era el pánico para trascender los límites impuestos por lo otro y verme condenada al ostracismo de los irreverentes lo que me entumecía los músculos, el rostro y la mismísima voluntad que se hallaba vacua.

Estaba sumida en la dicotomía de existir, siendo; o por el contrario de existir anulada como sujeto de decisión y acción. El muro y sus hiperbólicas dimensiones constituían una metáfora introyectada, tal como si hubiese sido perforada por un imperativo externo que creía propio, o deseaba creerlo así. Mis posibilidades de zafarme de semejante esclavitud eran escasas.

Mas, cierto día fui testigo de la tenacidad de otro, que desafiando sutiles amenazas y asumiendo el riesgo de erigirse en auténtico sujeto voceó desde un púlpito improvisado su querer, su decisión de romper la esclavitud de los cobardes y con la pasión que caracteriza a todo idealista afirmó: “La dignidad de un humano pasa necesariamente por su libertad, y esta por la lucha indispensable de disponer de medios de subsistencia. Por ello, me digo a mí mismo: LIBERTAD Y JUSTICIA”. Tras estas declaraciones públicas dirigidas a un auditorio ausente, resguardado en sus habitáculos, fue dispersado, desprovisto de sus enseres y casi desnudo, tratado en los medios de comunicación como un desequilibrado, un loco fracasado que culpaba a la sociedad de su ineptitud.

Nadie dijo palabra alguna, al respecto, en favor de ese sujeto valeroso. Todos fueron testigos de la marca sellada que le habían grabado con el contubernio de los medios, sometidos al relato oficial.

Pero como suele suceder, a menudo, los gestos absolutos no son el vano, y progresivamente fue aflorando entre la población la osadía de alzarse en púlpitos ad hoc, con un megáfono mediante el que proferían un grito inteligente y no censurable: “Yo soy yo”. El cual a cabo convirtiéndose en el mantra combativo que las autoridades no podían censurar, ya que no hay nada más tautológico y a su vez vacío de contenido objetable que afirmar la propia identidad —sin entrar, obviamente, en pormenores—

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    Artículo de hoy en MASTICADORESFOCUS

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  2. Disculpad porque he identificado varios errores de copia, supongo, que echan para atrás. el más exasperante creo que es «El cual a cabo convirtiéndose» obviamente es «acabó», los otros espero que no distorsionen tanto la comprensión. Disculpas de nuevo….

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