¿DEBE HABER UNA JERARQUIZACIÓN DE DERECHOS EN UNA CRISIS COMO LA PANDEMIA? POR Ana de Lacalle.

by René Magritte

Estamos viviendo en los últimos nueve meses una tensión que parece de difícil reconciliación entre el interés general y los derechos individuales. La hartura de la pandemia del convid19, está poniendo en jaque los vacíos de un sistema legal que, aunque intentaba formalmente fundamentar un Estado de Derecho democrático, nunca ha sido capaz de establecer hasta qué punto el interés general no incluye también el respeto de derechos individuales que posibilitan la subsistencia.

Las movilizaciones más importantes que se han producido en contra de las restricciones que el Estado de Alarma ha supuesto a la libertad individual, han sido referidas principalmente a las que impedían al ciudadano ejercer su trabajo como fuente de recursos para la supervivencia. Desde autónomos a trabajadores que dependían del cierre de sectores muy castigados por las restricciones, hasta el personal sanitario que se ha visto abandonado, a pesar de la verborrea que los gobiernos han despilfarrado para “agradecer” su trabajo.

Esta dificultad, nada sencilla de dirimir, la jerarquización de los derechos de los ciudadanos que pueden entrar en colisión es una cuestión pendiente desde los albores de la socialdemocracia, sobre todo mientras esta coexiste de una forma caricaturesca con la democracia liberal.

A pie de calle, los ciudadanos -o eso se creían que eran- se lamentan que o te mueres del virus o te mueres de hambre, porque para más “inri” hay que sumar a este dilema mencionado, la ineficacia administrativa, burocrática y política para dar respuestas rápidas a las urgencias que van apareciendo con la pandemia. Los gobiernos, central y autonómico, pueden hacer todos los decretos que quieran aprobando ayudas a los diferentes sectores económicos y a las personas sin recursos, pero ¿Si son incapaces de ejecutarlas y muchos trabajadores no han cobrado los famosos ERTES, ni la mayoría de personas que tendrían derecho a un ingreso mínimo vital han podido acceder aún, ni las ayudas a los sectores económicos se saben gestionar haciendo una especie de sorteo que se rige por “tonto el último”, de qué sirve tanta palabrería?

O los gobiernos reaccionan con celeridad o quizás España acabe siendo un estado a lo latinoamericano, en el que la miseria y la pobreza genera revueltas populares que acaban con sangre, con desgracias personales y con esos gobernantes inoperantes que no son capaces de agilizar gestiones para que las ayudas lleguen a las personas que es lo principal.  Y no sé si otras autonomías en España pueden decir lo mismo o no, pero en Catalunya hasta el programa humorístico “Polonia” de la televisión pública catalana se mofaba el jueves pasado de que tanto luchar por tener más competencias y ser un Estado, y ahora que las tienen no saben qué hacer con ellas, …y en este sentido el gobierno central ha hecho un jaque mate a todas las comunidades autónomas que exigían asumir la gestión pandémica.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Es imposible la jerarquización, aunque me parece correcto tu artículo Ana, estamos en un estado federal mal acabado donde sus presidentes autonomicos se arrogan más poder que el Papa. Y allí van vestidos de banderas e himnos pero el interes general no se ve. Y el central solo busca pactar con quien le de de comer, o sea aumentará su desequilibrio entre regiones enriquecidas por el pacto y pobres. Saludos Juan

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    1. Digamos que siempre que colisionan dos derechos y esto sucede a menudo, se prioriza uno en detrimento del otro, lo cual muestra que existen jerarquizaciones implícitas de derechos que tal vez son inconfesables. Saludos, Juan.

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  2. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    Artículo de ayer en MASTICADORESFOCUS

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  3. elcieloyelinfierno dice:

    Buena entrada por lo clara y profunda reflexión! No obstante Ana, no logro comprender cuando expresas que si en España » las autonomías no reaccionan con celeridad, tienden a correr el riesgo de convertirse en un estado latinoamericano…». Podríamos decir que las diferencias de aquellos que conforman el «espacio iberoamericano convergen en disimiles culturas o costumbres arraigadas por siglos». Lo que vuelvo a insistir es que no entiendl tus razones de excluir a España (mal llamada madre patria) de «vario pinto» iberoamericano. España, dentro de la UE ha sido «ninguneada» repetidamente por sus socios más poderosos. Sus indicadores económicos pre-pandemia le venían siendo desfavorables desde hace años, con um paro juvenil que llegó a su máximo histórico, a pesar de la flexibilización que se produjo en los contratos laborales en el último lustro provocando además fuga de talentos en distintas disciplinas contratados por sus socios poderosos de la UE., lo que seguramente pondrá en riesgo el Renacimiento post pandemia -si ello ocurriera realmente, ya que como te comente hace muy poco tiempo, las declaraciones del Dr. Fauci y el CEO Bill Gates son absolutamente contrarias a nuestras ilusiones o esperanzas desmedidas, fuera de contexto’. Si un país como España, maravilloso por cierto y del cual me siento parte, no realiza su clase política como su sociedad una real y profunda autocrítica de su gestión en las últimas décadas, dudo en lo personal que en la actualidad se pueda ni siquiera seriamente de «una jerarquización de derechos» cuando el estado calamitoso y desalentador del país, requiere de políticos y empresarios que amen a su Patria y no la sigan utilizando como una vaca lechera, que ya no tiene de donde alimentarse y debe ser auxiliada, a costa de vaya a saber que nuevos derechos perderán todos los españoles. Un cordial saludo.

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    1. Me refería, tal vez mal formulado a que la pasaividad que a veces muestran aquí los ciudadanos por las cuestiones más perentorias, van a ampliarse tanto que ocurrirá como en Latinoamérica que tienen más capacidad de movilización porque están luchando por sus condiciones materiales de existencia, Aquí esa situación cada vez afecta a más oersonas. No pretendía ser ofensivo, ni despreciativo, al revés, intentaba destacar que la precariedad y la pobreza a lo mjoer harán a los cudadanos españoles que se movilizen como en Latinoamérica.

      No obstante, ninguneados o no por la UE, todos los estados del Sur, no solo España, hay un bagaje cultural que nos une mucho con Europa, y del que no podemos desprendernos, o tampoco tenemos por qué. Esto se constata por ejemplo en la percepción de la democracia que se tiene en un lugar y el otro del charco. En Europa somos ya muy escépticos al respecto, mientras que tengo la impresión por los compañeros con los que he conversado que allí aún luchan por una democracia de facto, no existe nítidamente en lugar alguno.

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