LA FAMILIA: EL REFERENTE EDUCATIVO PRIMARIO. Por Ana de Lacalle

Somos animales políticos. Aunque sin un fortalecimiento simultáneo, en nuestro desarrollo y crecimiento, de nuestra autonomía, voluntad y capacidad de razonamiento crítico, esta sociabilidad innata, que nos conduce a vivir agrupados y organizados, puede derivarse en una anulación propia de nuestro yo, en una masa anónima que actúa según la voluntad dominante.

En este sentido querría hacer hincapié en la educación en el seno familiar. Frecuentemente se ubica este proceso en el marco escolar como si fuese el agente socializador por excelencia. No voy a menospreciar su importancia, sería de necios, pero sí voy a detenerme en el lugar primario de socialización y educación que es la familia.

Sabemos que hoy la familia ha experimentado lo que yo denominaría un proceso de desinstitucionalización. No hay un patrón único impuesto de modelo familiar, sino que las formas en que esta se dan son diversas: familias monoparentales, familias de padres separados con parejas e incluso “nuevas” familias, parejas homosexuales con hijos en los que los niños tienen o dos “padres” o dos “madres”, familias de parejas heterosexuales que se ajustan al modelo tradicional …probablemente me descuide alguna modalidad.

Estos cambios en la estructura familiar han repercutido necesariamente en la educación de los infantes. Por un lado, los referentes variados que los niños constatan que existen entre sus pares les dificulta la comprensión de su entorno, por otro lado la complejidad y discrepancias sociales respecto de estos nuevos modelos familiares constituyen una dificultad de explicación para los adultos, que se esfuerzan en simplificar algo que se resiste a reducciones.

En este contexto -incluso previo a él en el tiempo- la necesaria dedicación al trabajo parental reduce el tiempo y las condiciones óptimas en la que los padres y madres pasan con sus hijos. Estos por necesidades organizativas o bien se incorporan tras el horario escolar a las denominadas actividades extraescolares, o están al cuidado de otra persona, o a partir de edades en que se encuentran en la preadolescencia pasan ese tiempo solos. Un momento especialmente complicado y convulso en el que requieren un cuidado de otro tipo, pero sin discusión siempre la presencia discreta y la disponibilidad atenta de los padres y madres.

Considerando lo dicho, las familias tienden -y socialmente también es así- a ceder el espacio privilegiado de la educación al marco escolar, cuando este no puede de ninguna manera sustituir las funciones parentales, ni por supuesto cubrir todas las necesidades educativas de los niños. Un ejemplo que acude a mi mente es el atentado del 17ª en Barcelona y Cambrils. Tras un mes de lo sucedido en el que los infantes habían pasado el tiempo al cuidado de sus familias -su principal agente educativo- parecía que las escuelas debían empezar el curso dando cuenta y explicando algo que había acontecido hace un mes. Es como si se considerara que los maestros y profesores están preparados para todo, como hemos oído recientemente hasta para hacer PCR.

Esta dimisión de muchas familias en la educación de sus hijos es trágica, porque queramos o no asumir la responsabilidad al ser su referente originario y más fiable, por acción u omisión estamos educando. Podemos transmitir que de los conflictos no hay que hablar, si no somos capaces de proporcionar a nuestros hijos la oportunidad de un diálogo fluido sobre la cuestión que sea, que nuestro temor a afrontar determinados temas se debe a un cierto tabú social sobre este, …es decir las familias “educan” o “deseducan” quieran o no, porque son el modelo en el que se fijan sus hijos para valorarse a sí mismos y al mundo. Si no asumimos esto y tomamos una clara conciencia de la responsabilidad familiar en lugar de creer que eso le corresponde a la escuela estamos dañando seriamente el desarrollo de la personalidad de nuestros hijos porque perciben o sienten que los padres los ignoran -aunque no sea esta la intención, a veces sí- y que contra menos pregunten y den la lata mejor para ellos.

Concluyendo, las relaciones parentales con los hijos son primordiales y se dan y existen. El modo, el afecto y los “nutrientes” que los infantes puedan obtener de estas, dependen de la decisión de cada pareja, pero debe quedar claro que la escuela no puede ni sustituir a los padres, ni hacer por supuesto además de psicólogos, sexólogos, enfermeros y además de profesores.  No pagamos parea que eduquen a nuestros hijos, o los llevamos a la escuela para eso, sino para que conjuntamente y sabiendo que la familia es decisiva podamos crear las condiciones de crecimiento más favorables.

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  1. Reblogueó esto en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTOy comentado:

    Artículo de hoy en MASTICADORESFOCUS

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