¿Qué, cómo llevas tú esto del sexo? by Pedro J. Guirao

¿Qué, cómo llevas tú esto del sexo? Si estuviste escuchando el último viernes el «Nunca es tarde» sabrás que se dijo que el tema de hoy sería este; pues fíjate, yo estuve más de una semana intentando tirar de memoria para poder escribir algo sobre el tema y cuando faltaban pocos días decidí someterme a una ¡terapia de regresión!… y menos mal… he estado a punto de venir a tumbarme aquí contigo sin nada interesante que decirte.

No creas que fue fácil, no. La terapia fue larga, porque tuvo que hacerme regresar mucho en el tiempo para poder sacar algo en claro. Ahora sí creo que estoy preparado para hablar contigo… pero no creas que tengo mucho que revelarte.

Dicen que el sexo es nuestra condición orgánica, que tú y yo tenemos órganos distintos y mientras el mío es masculino, tú a cambio lo tienes femenino. ¿No te parece asombroso que algunos de nuestros órganos tengan esa apariencia complementaria en sus formas? Parecen provocarnos para que comprobemos con interés si en realidad se ajustan tan perfectamente como parece. ¿Será curiosidad u obsesión? ¿Tú qué crees? ¡Vamos a comprobarlo!

Durante la relación sexual descubrirás si soy un egoísta falso o si demuestro más interés en tus respuestas que en las mías propias. ¿Quieres una pista?, creo que no hay estímulo más placentero que percibir con mis oídos, con mis ojos, con mi nariz, con mi boca y mi piel la información que me transmiten tus pulsiones, porque me estimulan si estoy acertando o, si no, me sugieren recorrer nuevos caminos.

Recuerdo que cuando ví Annie Hall, escuché a Woody Allen decir que el sexo es lo más divertido que puede hacerse sin reír, pero yo digo además que también es la forma más amena de concentración, es el enaltecimiento del trabajo, porque tú y yo somos conscientes de que en esto hay que currar y concentrarse para lograr la eficiencia. No vale con dejarse hacer, aunque todo es necesario; aquí hay que saber gestionar desde la suavidad extrema del inicio hasta la tensión intensa de la consumación… y vuelta a la suavidad… y vuelta a la tensión… y vuelta a la suavidad…

Para, para, ¡para ahora! ufff… casi… Vamos a relajarnos unos segundos, mirando el arsenal de cosas que hemos recopilado para nuestro juego. Pluma, vibrador, crema, succionador, anillo, masajeador, lubricante… tú señálame alguno y yo te construiré un cosmos a partir de él.

¿Te sientes incómoda? ¿No? ¡Bien! porque, entre las acciones más comunes, me gusta hacerte pequeñas cosas que te hagan sentir vulnerable, y así juego también con todos tus sentidos, y entonces es cuando noto crecer tu temblor, agitarse tu respiración, acentuarse tus movimientos y cómo se eriza tu piel. Pero en unos minutos modificaré la táctica, para no aburrirte y que sigas confiando en mí; aunque, no temas, volveré o la cambiaré por otra que consiga un resultado parecido, porque lo importante es evitar que tú y yo caigamos en lo sistemático y siempre demostremos la creatividad necesaria para lograr a menudo una experiencia nueva. Yo sé que tú sabrás pararme en lo que no te apetezca, que también sabrás reconducirme si decae el nivel de excitación y hasta hablarme de tus sueños eróticos para darme la oportunidad de ponerlos en práctica. Será nuestra particular guerra al aburrimiento.

Ha sido delicioso y he sentido tu implicación. Tenía razón Stevenson cuando decía que lo que sucede en diez minutos de sexo excede a todo el vocabulario de Shakespeare; y en realidad, si lo piensas, lo único que hemos hecho ha sido permitir que el erotismo invada nuestra forma de sexo; el erotismo me ha conducido a cada centímetro de tu piel que he acariciado, diciéndome al oído que no me centre en puntos concretos sino que me esfuerce en lograr que todo tu cuerpo se convierta en el mapa del tesoro y reaccione; el erotismo nos ha convencido de tirar por la ventana la vergüenza y el tabú que rodea al sexo. Él nos ha liberado y, en nuestro juicio particular, le ha ganado la batalla a la pornografía por goleada.

Qué lejos deberíamos estar siempre de la discriminación entre el sexo débil y el fuerte, y más lejos aún de ese bello sexo femenino que alguna vez dijo Kant, en contraposición con el sexo feo masculino. Aquí supongo que tú y yo estaremos de acuerdo en que el filósofo estuvo un rato gilipollas ¿verdad?

Un beso.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Me ha encantado. En México uno de nuestros héroes, Emiliano Zapata, llegó a decir que “La Tierra es de quien la trabaja” y así empezó la lucha por el reparto agrario. Tu entrada me hace cambiar la frase por “el sexo es de quien lo trabaja” (que también mencionas tú) y bueno… excelente.

    Le gusta a 1 persona

  2. Gracias por compartirlo aquí. Saludos.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s