DES-EDUCANDO, QUE ES GERUNDIO por Ana de Lacalle

el

Focus está semana publica cuatro artículos sobre la cultura en la sociedad española, comienza Carlos Usín, y seguirán Arturo Pérez Reverte, j. Re Crivello y Ana de Lacalle -nota del editor.

By Ana de Lacalle

La des-educación en España hace lustros que va extendiendo sus tentáculos para eliminar todo aquello que se considere inútil desde un pragmatismo huérfano de criterio.

Sí, hablo de des y no de educación porque esta última va más allá de un currículum oficial impuesto por burócratas. Educar procede del latín educare/educere que significa guiar o conducir en este caso la mente del educando hacia un conocimiento, con todo el peso y esplendor que tiene el término en el contexto griego. Asimismo, la palabra griega pedagogo, paidós (niño) y agogós (que conduce), implica conducir a los infantes hacia ese conocer, antes referido. En este sentido, la educación se ejerce desde la familia, la escuela y la sociedad en general; y es precisamente por esta confluencia de agentes educativos que observamos, algunos alarmados, esta decrepitud de la educación que muestra la hilacha de una sociedad vacua, una escuela de atracciones y una familia difusa que hemos ido creando.

Me explico, educar a un niño significa posibilitar el desarrollo de toda su potencialidad humana: emocional, racional, corporal, artística, relacional, …Esta diversidad de aspectos van contribuyendo a la creación de una personalidad y una identidad que necesita nutrirse de un conocimiento de los orígenes de la cultura en la que vive, para poder entender el presente y, lo que es fundamental, ser crítico con determinadas formas o apariciones que puedan menoscabar lo humano. Si la mochila que lleva está sesgada, su visión se estrecha, empequeñece y con ello su capacidad de ser crítico con lo único que se le da a conocer.

En la actualidad parece que lo único que debe ofrecérseles son conocimientos científicos y técnicos, cada vez con una perspectiva más aplicativa y con muy poca reflexión de fondo. Y, para su desgracia y la de generaciones posteriores, todo conocimiento lingüístico, histórico, filosófico, … y en general humanístico está absolutamente despreciado por inútil.

¿Qué tenemos como resultado? Pues algo que jocosamente aducía a los alumnos de algún bachillerato cuando me espetaban: ¿para qué quiero yo estudiar filosofía? Simplemente les respondía que porque me daría pánico tener ingenieros, arquitectos u otros profesionales sin cerebro.

Y sin cerebro significa que se ha desarrollado en ellos aquellas habilidades orientadas a esas profesiones, operadores, máquinas que diseñan muy bien, pero sin ningún criterio para discernir por sí mismos, si lo que se les demanda que ingenien es éticamente aceptable o no, si constituirá un bien para la humanidad o no, y qué uso debe hacerse y cuáles no de los avances científico-tecnológicos.

Pero aún hay otro aspecto que deberíamos plantearnos y es el cómo y el nivel de conocimientos -y no estoy hablando de memorización, aunque sin esta no hay nada que hacer- que exigimos a los alumnos. Es indiscutible que todo infante debe tener el derecho a unos estudios básicos e incluso superiores si es su voluntad. Mas esto no implica que la generalización de la educación formal tenga que rebajar listones para que casi todos aprueben. Es la torpe trampa del sistema. El fracaso escolar se mide por el número de suspensos y esto hay que evitarlo, pero estúpidamente creen que se elimina el fracaso si se aprueba a todos. La cuestión es si un alumno dispone de los recursos y capacidades para enfrentarse a los estudios posteriores o a lo que desee hacer en su vida, cuestión nada baladí porque ni está el contexto para elegir en exceso, ni muchos se aclaran tan jóvenes sobre sus intereses. Este callejón estrecho es un fracaso del sistema educativo, que ni tiene estabilidad para que los profesionales puedan trabajar y mejorar con cierta perspectiva, ni en su diseño participan personas que estén actualmente en el aula, y conozcan a los niños y adolescentes de hoy, no a los teóricos que aparecen descritos en los libros.

De un ejemplo paradigmático de la situación que vivimos fui testigo hace poco tiempo al acudir a la defensa de la tesis doctoral de una exalumna. Para mi perplejidad, el presidente del tribunal destacó como primer aspecto ineludible el hecho de que estuviera bien redactada y sin faltas de ortografía. La conclusión es obvia, hasta aquellos alumnos que llegan al nivel de estudios más elevado que se puede cursar adolecen de un dominio de la lengua, de su capacidad de exposición y argumentación hilada, que haga comprensible con agilidad lo que escriben. Si los que más arriba llegan en el nivel de estudios presentan estas carencias ¿qué ocurre con el resto?

Saber leer implica saber escribir, y no me refiero a ser un gran literato, sino a construir frases sintácticamente con sentido, y evitar las faltas de ortografía de esas que te generan el lagrimeo de los ojos. Y saber leer es imprescindible para defenderse en la vida real. Para que no te estafen y te cuelen en contratos ambiguos una cosa por otra, y, por qué no decirlo, saber leer enriquece la vida de las personas al descubrir cosas desconocidas que pueden resultarle beneficiosas o abrirle mundos distintos que amplíen su mirada sobre él mismo y, fundamental, sobre los otros.

Este será un escrito más de lamento sobre el cachondeo que tenemos en este país, ya dije que desde hace lustros, de sistema educativo, y cuando cambie en apariencia la marca del partido volverán a modificarlo porque parece que lo manejan como si fuese una masa elástica y plástica para moldear según sus intereses. Basta ya de hacer política partidista con la educación que debería ser una cuestión de consenso porque en ella estamos gestando las generaciones y las sociedades del futuro.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. coincido contigo Ana. Saludos Juan

    Me gusta

  2. jaldegundep dice:

    Suscribo también. No hay consenso sobre la educación en Política (como en tantas otras cosas) porque tampoco interesa. No sea que un montón de ciudadanos lúcidos les bailen la silla… En cuanto a la educación sin sesgo (especialmente ideológico): interesante tema y muy complejo. ¡A ver si tenemos la ocasión de comentarlo algún día! Abrazos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s