La manipulación del Pensamiento humano by Carlos Usín

Esta semana Focus se acerca a la manipulación del ser humano, escribirán Carlos Usín, j re crivello, Ana de Lacalle sucesivamente.

El otro día por la noche, mientras hacía zapping de forma compulsiva como si con ello pudiera escabullirme de la bazofia que inunda nuestra televisión, me encontré con un programa de Iker Jiménez en el que se estaba abordando el asunto de las redes sociales y su impacto en la conciencia social.

El entrevistado era un joven experto – no podía ser de otra forma – en el uso de sofisticadas herramientas para el análisis de los datos obtenidos. Por lo que pude ver, el individuo se centró en el uso de Twitter, pero personalmente pienso que las lecciones aprendidas, pueden ser extrapolables a cualquiera otra red.

El experto fue desgranando algunos de los descubrimientos que había conseguido descifrar. Por ejemplo, pudo detectar con relativa sencillez, que, en ocasiones, existen intervenciones programadas que se corresponden con sistemas automáticos, o sea, máquinas, las cuales pueden emitir o publicar algún tuit cada cierto tiempo. En uno de los ejemplos que analizó, era evidente por el gráfico que mostró, que esos tuits se lanzaban cada hora: a las seis, a las siete, etc. La explicación es que ese tipo de estrategia se desarrolla cuando lo que se pretende es mantener alto el nivel de concentración en un tema, que se siga hablando y que cuando comienza a decaer la participación, se le da un nuevo empujón. Creo recordar – tal vez me falle mi prodigiosa memoria – que este fue el caso de la famosa Ley Celáa de educación.

Por el contrario, en otras estrategias se lanzaba el tema a debatir y se observaba cómo iba decayendo el interés, hasta dejarlo morir.

Me bastaron esos dos ejemplos para que mi única neurona, a pesar de lo avanzado de la hora, se negara a retirarse a descansar. Parece palmario, pensé, a tenor de lo expuesto por el experto, que ahora, los políticos, esos descendientes directos de Pinocho, se van a limitar a parapetarse tras una cuenta en una red social que, con su nombre y su imagen por bandera, será manejada por un grupo de expertos en marketing, posicionamiento SEO/SEM, estadísticos, matemáticos y demás perfiles científicos, que serán en realidad los que tuiteen los mensajes que encandilan a unos y encocoran a otros.

Luego, cuando el Pinocho de turno se vea cara al público, será lo más parecido a un muñeco manejado por un ventrílocuo, sólo que en esta ocasión el discurso se limitará a cacarear delante de las cámaras y los micrófonos, los mensajes, las consignas y las provocaciones, que su grupo de científicos, expertos en redes sociales, ha desarrollado en el laboratorio, con el único objetivo de conseguir el encauzamiento de la opinión pública en determinados asuntos.

El siguiente paso es que el individuo lleve un pinganillo, como los del telediario, y se limite a repetir las palabras que le vayan dictando desde una sala de control. Todo muy natural, muy espontáneo, muy cercano.

Hasta ahora habíamos asistido a la figura del famoso “asesor”. Asesor de imagen, el que le dice cómo debe modular la voz, la entonación, el volumen o cómo debe vestir en cada momento para soliviantar a unos o agradar a los rivales. Cómo gesticular, cómo mover las manos, el lenguaje corporal, etc. Pero ahora, resulta que hay un sistema mucho más sofisticado. Ahora, un grupo de imberbes, probablemente mileuristas, de aspecto hípster y sin constancia fehaciente de que sepan lo que verdaderamente están haciendo, se dedican a modo de video juego, a crear falsas ilusiones en los apesadumbrados ciudadanos que, ingenuamente y con la mejor de sus intenciones, intentan participar – yo el primero – en un proceso de debate que creen abierto, limpio y transparente, cuando en realidad, sólo forma parte de una gigantesca engañifa.  De hecho, el joven que respondía a las preguntas de Iker, confesó que, en cierta ocasión, entabló un debate con un supuesto individuo sobre un asunto, y que al cabo de varias horas después, empezó a darse cuenta de que en el fondo estaba hablando con una máquina.

Realmente, si lo piensas detenidamente es como para replantearse muchas cosas. Hasta ahora, habíamos aceptado como natural los “trucos” de la publicidad, que, para vender una colonia o un perfume, aparecía una chica con una figura voluptuosa susurrando de forma muy sensual que estaba buscando a Jacques, mientras se bajaba la cremallera de su ajustada cazadora de piel. En otros casos, el mero hecho de comprarse un cierto perfume, te equiparaba a los que conducían un Ferrari y vivían en Montecarlo. Pero ahora, lo político y las supuestas reacciones a todo ello, parecen orquestadas desde algún centro de creación perverso que usurpa el factor humano, se camufla como tal e incide en el subconsciente, para alterar el normal desarrollo de las cosas.

La diferencia es notable. Es como morir a manos de la espada de tu enemigo en una justa del medievo o hacerlo por los efectos de una bomba nuclear que alguien ha disparado a cinco mil kilómetros de distancia. Antes, la publicidad y el matar, eran más personales, más entre humanos. Ahora no.

Esto de la manipulación de las redes sociales va mucho más allá de los falsos “likes” o retuits, o la creación de cientos o miles de cuentas falsas – se ha demostrado sobradamente que se hace y quién lo hace – con el fin de que el sujeto en cuestión parezca ser un líder global, o una empresa de gigantesco prestigio, cuando la realidad es justo l contrario. Incluso se llegan a generar cuentas falsas para desprestigiar la imagen de algún enemigo de tu propio partido político. Me pregunto en este punto, cuántos, de esos supuestos más de ochenta millones de seguidores de Donald Trump en Twitter, son de verdad y cuántos son cuentas falsas.

Es una forma maléfica de alterar la realidad con el fin de modificar el pensamiento. Somos ratones de un laboratorio tecnológico en el que se nos inoculan mensajes y se observa nuestra respuesta y si las estadísticas proporcionan datos aceptables, entonces los científicos, lo transmiten a los políticos, quienes adoptarán unas medidas u otras en función de esos resultados. Y después, nos llamarán a votar.

A través de este entramado tecnológico se lanza un mensaje a la población y tiempo después, el contrario. De esta sibilina forma se va produciendo, en función del grado de aceptación de cada uno de ellos, una decantación progresiva del pensamiento social, una criba, según la cual los hay que son partidarios de la pena de muerte, de la eutanasia, del aborto, o de ninguna, o una serie de combinaciones de unas y otras.

Las redes sociales se usan para vender. Y el secreto de vender es crear primero la necesidad.

Puedes vender cepillos de dientes, casas rurales, la ropa que ya no usas o mensajes políticos. Y el éxito de tu negocio, dependerá del dinero y la capacidad que tengas de influir en los demás a la hora de crear una buena imagen del producto, de la casa rural o de ti, si lo que vendes es tu imagen.

Al albur de estas nuevas tecnologías, incluso han aparecido nuevos trabajos: El Digital Marketing Manager, el Community Manager, especialista en SEM/SEO, Growth Hacker o Experto en desarrollos virales. Incluso ha nacido una nueva estrella: LOS INFLUENCERS, aunque denominar trabajo a lo que hacen estos, es flexibilizar mucho el concepto de trabajo.

Hasta ahí, vale: aceptamos que los nuevos profesionales, expertos cada uno en su parcela respectiva, realicen su trabajo.

Lo que ya me fastidia y mucho, es introducir en esta ecuación un número indeterminado de máquinas que, bajo el seudónimo de nombre de personas, se camuflan entre los seres humanos con el único objetivo de confundirnos y manipularnos. Porque, como ya he dicho antes, una cosa es morir a manos de tu enemigo, en un duelo a pistola y otra por un artefacto lanzado a distancia. Morir mirando a los ojos de tu enemigo tiene algo de noble, de romántico incluso, de honesto. Es personal. Y otra cosa es morir con una bomba nuclear que alguien ha apretado el botón en otro continente distinto al tuyo.

Pues con la manipulación de las redes sociales, sucede lo mismo. Una cosa era la publicidad que hasta hace poco hemos conocido, la tradicional, la de la chica voluptuosa o el tipo con “cuerpo Danone” y otra, esta perversión tecnológica que se incrusta en nuestro cerebelo a base, para más inri, de nuestra propia ingenuidad y participación activa.

Por cierto, aunque tengo cuenta, no uso Twitter. Me aburre.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Muy bien presentado el dilema de nuestro tiempo y creo que la frase que mejor lo describe es ésta: «Es una forma maléfica de alterar la realidad». ¡Saludos!

    Me gusta

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