Leer para pensar el Holocausto

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By Jaime Nubiola

Cartas desde Pamplona

Hace unos días me llamó la atención al entrar en la Biblioteca de mi Universidad el letrero que, tomando pie del aniversario de la liberación de Auschwitz —el 27 de enero de 1945—, invitaba a los estudiantes a leer una novela sobre el Holocausto.

            En un primer momento me produjo rechazo el anuncio porque trajo a mi memoria aquello que escribía François Rastier —autor de «Ulises en Auschwitz. Primo Levi el sobreviviente» (Reverso, 2005)— en su reseña de la novela «Las benévolas» (RBA, 2007) de Jonathan Littell: «Littel tiene, desde luego, todo el derecho de dejar estupefacto a su lector con novecientas páginas de ‘pathos’ académico […]. Sin embargo, sigue estando ahí la cuestión de las víctimas: se explotaba su cabello, su ropa; la industria editorial explota hoy su memoria y sus despojos atormentados. La muerte espectáculo se vuelve cada vez más rentable en todos los medios».

            Por su parte, Primo Levi —víctima y testigo de excepción— había escrito en 1979: «Era previsible que la sangre, la matanza, el horror intrínseco de los hechos que se produjeron en Europa durante esos años atrajeran a multitud de escritores de segunda fila en busca de temas fáciles de desarrollar […] y que esa tragedia desmesurada se utilizara […] para satisfacer esa sed turbia de espectáculo macabro y repulsivo que habita en el fondo de todo lector».

            Sin embargo, después de pensarlo un poco, considero que efectivamente hemos de enseñar a las jóvenes generaciones el horror del Holocausto y qué mejor que hacerlo a través de la lectura de los testimonios impresionantes que conservamos en tantos libros y de los estudios de quienes han tratado de comprender lo incomprensible.

            A quien quiera asomarse un poco le recomiendo que lea «Si esto es un hombre», el primer tomo de la «Trilogía de Auschwitz» (Península, 2015) de Primo Levi o «Sin destino» (Círculo de Lectores, 2002) del premio nobel de literatura Imre Kertész: son libros que te cambian la vida, pues hacen caer en la cuenta de que un horror así puede volver a repetirse.

            Para quienes quieran entrar más a fondo y ‘pensar’ el Holocausto para llegar a comprender un poco lo que pasó, les recomiendo otros tres libros: el de Jean Amery, «Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia» (Pre-textos, 2001), el impresionante volumen de Raul Hilberg «La destrucción de los judíos europeos» (Akal, 2005, 1455 págs.) —que muestra la potente maquinaria burocrática de la moderna Alemania puesta al servicio de la aniquilación del pueblo judío— y la penetrante obra de Hannah Arendt «Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal» (Lumen, 2014).

            Quiero recordar aquí una cita del primero: «A cualquier persona con sentido común no le podía pasar inadvertido el hecho de que Auschwitz no tenía nada que ver con el capitalismo ni con ninguna otra forma de economía, sino que era el desvarío, hecho realidad, de cerebros enfermos y de organismos con instintos perversos» (p. 72); y otra de la biografía de Arendt, pues «llegó a la conclusión de que los campos de concentración eran el hecho que distinguía fundamentalmente la forma totalitaria de gobierno de cualquier otra. Los campos eran esenciales y característicos en esta forma de gobierno». Y añadía: «Ambas historias, la nazi y la soviética, proporcionan los datos para demostrar que ningún gobierno totalitario puede existir sin el terror y que ningún terror puede ser eficaz sin los campos de concentración» (Elisabeth Young-Bruehl: «Hannah Arendt. Una biografía», Paidós, 2006, p. 277).

            Termino con otra cita de Hannah Arendt: «Se ha intentado repetidamente rastrear el nacionalsocialismo en las profundidades del pasado intelectual alemán e incluso europeo en su conjunto. Considero que estos intentos son erróneos y también perniciosos, porque eliminan, a fuerza de tanto discutir, el rasgo auténticamente destacado del fenómeno, que es su abismal falta de nivel. Que algo pueda, por así decir, surgir del arroyo, sin la más mínima profundidad, y que, con todo, llegue a ejercer un poder sobre casi todos los seres humanos, ahí está justamente lo temible del fenómeno» (Hannah Arendt: «Lo que quiero es comprender. Sobre mi vida y mi obra», Trotta, 2010, pp. 38-39).

            Hace falta conocer el Holocausto y su lamentable origen en una banda perversa de psicópatas criminales que embaucaron a un país, para que pongamos a diario los medios para que nunca vuelva a repetirse algo así: basta con empeñarse en pensar y en decir siempre la verdad.

Pamplona, 27 de enero 2021.

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carlos Usín dice:

    Hay que dar a conocer la historia. Si no, pasará que la historia, la de verdad, se verá alterada por aquellos que cambian el relato arrimando el ascua a su sardina, convirtiendo a la verdad, en algo irreconocible.

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    1. Si, Jaime nos da un toque

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  2. Ana Piera dice:

    Buenas recomendaciones. Siendo muy chica llegué a ojear (no lo leí) el libro de Olga Lengyel (Los Hornos de Hitler) . Las imágenes que ( a mi edad seguramente no debí ver) me marcaron profundamente. Después leí “La Lista de Schindler” (que luego hicieron peli), pero yo leí el libro que la inspira y luego un par de películas. Es un tema que no me gusta mucho pero definitivamente hay que hablarlo y que las nuevas generaciones conozcan que pasó, sobre todo con tantos negacionistas y nazis pululando por todos lados.

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    1. Muchas gracias, Ana, por tu lectura, tu mensaje y tu recomendación del libro de Olga Lengyel que acabo de encargar, pues no lo he leído. Un abrazo,

      Jaime

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  3. Ana Piera dice:

    corrección: *hojear* (perdón, se me fué)

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  4. Ana Piera dice:

    perdón de nuevo, la palabra correcta es “ojear”. Perdón de nuevo, ¡ay!

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  5. Resulta evidente la necesidad de conocer este testimonio, pues como explica Arendt esta mistificación nazi puede darse desde la nada. Recomiendo el Origen de los totalitarismos de Arendt donde explica el nacimiento del antisemitismo, elemento inflamable empleado como combustible para esta atrocidad.
    Saludos a todos.

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  6. Es muy necesario no dejar pasar la historia.

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