Goebbels no ha muerto

El Dr. D. Joaquín Mateu Mollá, Doctor en Psicología Clínica y Psicólogo General Sanitario, afirma:

“Los estados autoritarios, por sus propias ideas fundacionales, siempre aspiraron a controlar a todos los individuos que amparara su ominoso paraguas ideológico. En este sentido, definir el camino mediante el que moldear lo más íntimo de todo ser humano (su pensamiento) siempre fue una de sus principales metas a conquistar”.

Vivimos bajo un estado autoritario similar al que implantó Goebbels cuando campaba a sus anchas en la Alemania de Hitler. Un estado que pretende controlar y manipular la información, la Justicia y todos los mecanismos que convenientemente conjugados, puedan hacer posible perpetuarse en el poder, sin fecha prevista de finalización ni posibilidad de conseguirlo, al más puro estilo Estalinista, Castrista, Franquista o Chavista.

Como ya estoy curado de espanto, empezaré por presentar al personaje por si hubiera alguien que, además de no haber oído nada de la División Azul, tampoco haya estudiado en sus libros de historia quién era este pájaro, precisamente por ser nazi.

Paul Joseph Goebbels (Rheydt, 29 de octubre de 1897-Berlín, 1 de mayo de 1945) fue un político alemán que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945. Uno de los colaboradores más cercanos de Adolf Hitler.

Goebbels era conocido por su talento como orador, su profundo antisemitismo y su respaldo a una discriminación racial cada vez más severa —que, entre otras cosas, acabaría dando lugar al genocidio de los judíos en el llamado Holocausto—.

Uno de los objetivos que persiguió hasta su suicidio (su mujer, Magda, asesinó uno a uno a sus siete hijos y después se suicidó el matrimonio, un día después del de Adolf Hitler) consistía en la construcción de una moral alemana basada en los principios del régimen, y que precisaba del exterminio de quienes fueran considerados sus enemigos. Todo ello requería, sin duda, un aparato propagandístico sin parangón, además de una estrategia que analizaremos más adelante.

No voy a incidir más en la figura de Goebbels porque no es esa mi intención. Sólo quería introducirlo porque para mí, es el paradigma de la manipulación de la información, de la propaganda llevada hasta el último extremo y me servirá de comparación con lo que estamos padeciendo en España en nuestros días. Una situación, la actual, que guarda grandes paralelismos con épocas pasadas, tanto en España – con Franco – como en Alemania – con Goebbels-.

Queda claro, sin necesidad de entrar en más disquisiciones, que el primer objetivo de todo gobierno totalitario – como el que tenemos en España ahora mismo – consiste en controlar la información. No sólo QUÉ información, sino que hay que controlar el CUÁNDO, el CÓMO, el POR QUÉ, el DÓNDE y hasta el CUÁNTO.

En efecto. Dentro del control exhaustivo de los datos, hay que elegir el momento adecuado (el cuándo) para obtener el máximo rendimiento. Es lo que viene determinado por la oportunidad del momento.

El “cómo” se refiere a la forma en la que se plantea a la población: ¿se trata de corrupción, de nepotismo, de algo fronterizo con lo legal, de chantaje, de traición, de abuso de poder, de debilidades humanas…? Dependiendo de cómo se presente, la población responderá de una manera o de otra.

Aquí, en esta etapa, suelen ser muy útiles los individuos encausados y/o encarcelados, a los que se les promete algún tipo de beneficio o benevolencia en la sentencia“si cantan”, aunque lo que canten, sea mentira.

El “dónde” puede variar en función de las necesidades. Puede ser en un telediario de una cadena controlada, en un periódico afín o en una radio; puede disfrazarse de “filtración a la prensa” o de repente, aparece un testigo/cómplice supuestamente arrepentido y dispuesto a confesar lo que sea necesario con tal de que el muerto se lo lleve otro y a él, la condena sea menor de la que se merece. También sirve una grabación con cámara oculta o un vídeo, aunque tenga ocho años de antigüedad.

El “cuánto” es el tiempo definido por el estratega para machacar a la población con el tema en concreto. Es la intensidad de esa campaña. Hay asuntos con los que interesa abrir los telediarios cada día, durante un mes (“nunca mais”) y hay asuntos que interesa mantenerlos en candelero durante quince años (Bárcenas) y, además, sin que parezca que el problema es antiguo, no vaya a ser que la gente termine por aburrirse.

La información es algo tan valioso que hasta dispone de un artículo propio en nuestra Constitución. Es el artículo 20 y dice así.

  1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

c) A la libertad de cátedra.

d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

  1. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.
  2. La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.
  3. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
  4. Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

Hasta ahora hemos hablado de lo que se dice a la población y que debe cumplir una serie de reglas para obtener el beneficio esperado. Pero la misma noticia, la misma información, puede hacerse pública utilizando diferentes palabras o haciendo hincapié en diversos matices. Todo ello, tendrá diferentes respuestas por parte del receptor.

Por ejemplo, uno puede mencionar por su nombre a Iñaki Urdangarin o puede ser aludido en la noticia como el yerno del Rey Juan Carlos o el ex miembro de la Familia Real. El matiz es que, en el segundo caso, se está uniendo a la figura del condenado Urdangarin, la del Rey Emérito.

La obsesión por parte del gobierno social-comunista por controlar la información es tan desmedida, que ha creado una comisión denominada “comisión permanente contra la desinformación”, comúnmente conocida como el Ministerio de la Verdad. Esta comisión, con inquietantes referencias orwellianas, lleva trabajando desde el 15 de marzo de 2019 sin rendir cuentas ni ofrecer detalles sobre sus actuaciones u operativas.

Para que no hubiera malentendidos, la propia ministra de Asuntos Exteriores, aclaraba:

“Se trata de limitar que se puedan vehicular falsedades a través de los medios de comunicación que hoy son los periódicos, las radios, las televisiones y las plataformas digitales que falsean el debate público, que manipulan a nuestra población y que pueden crear un gran quebranto a nuestra democracia. De eso se trata”.

Es decir, dicho en román paladino, esto es censura, pues así es como lo define el diccionario de la RAE: “examen y aprobación que de ciertas obras hace un censor autorizado antes de hacerse públicas”.

Está claro que, lo primero, es crear la figura del censor autorizado, pues él y sólo él, tendrá la potestad de dar el visto bueno o no a la noticia. Y con esos objetivos se han creado empresas como MALDITA o NEWTRAL, para censurar las noticias en los medios y sobre todo en las redes sociales y así poder bendecir las que les interesan y demonizar a las demás. El problema para ellos, por un lado, es que ya sabemos todos quiénes son los que están detrás de esas empresas, sus intereses, su “independencia” y su credibilidad. Y por otro, que su labor es anticonstitucional, porque nadie se puede arrogar el derecho de determinar qué se puede o no publicar. Debe ser el ciudadano el que realice el análisis y tome su propia decisión.

Pero el aspecto más interesante de la manipulación informativa, está precisamente en lo que NO SE DICE, porque desde ese preciso momento, el asunto es como si no existiera y si no existe no hay por qué mencionarlo. Se entierra a la vista de todos. Para desvelar estos casos, vienen muy bien las hemerotecas e internet, pero se necesita una intención previa por parte de quien busca la información.

Esta estrategia de “no decir” o “no hablar de algo”, normalmente se combina con un aumento en la intensidad para “hablar de otras cosas”. Por ejemplo, los medios afines al PSOE – que son la mayoría – silencian los casos de corrupción del partido y de sus socios (caso EREs Andalucía, Podemos, etc.) mientras someten a un bombardeo continuo a sus inquebrantables fieles con noticias sobre Bárcenas, la Gürtel y demás asuntos que tienen una antigüedad de quince años, pero su insistencia, hace que parezcan recientes, casi cotidianos.

Cuando algún periodista o medio de comunicación les resulta abiertamente hostiles, y no son capaces de someterlos, no dudan en intentar amedrentarles con denuncias en los tribunales o con declaraciones a la prensa, incluso del VP del gobierno Iglesias. El propio Iglesias, agitador profesional, no se ha cansado de propagar la idea de que había una campaña de lo que él mismo denomina “las cloacas del Estado” contra su partido, a lo que el periodista Vicente Vallés, respondió:

Podemos se ha abonado a ese discurso que ya utilizó en las elecciones de que hay una campaña de las cloacas del Estado. Una campaña que, de existir, no ha evitado que Podemos esté en el poder ni que su líder sea vicepresidente del Gobierno”.

Y esta respuesta, contundente e indiscutible, provocó que “el coletas” hablara de Vallés llamándolo “presunto periodista”.

¿Y todo esto a qué obedece? ¿A qué se debe el afán de manipular la información, de intoxicar, de censurar, de amenazar a los medios hostiles, de mentir sistemáticamente? Pues la respuesta a todo este comportamiento está en algo que todo partido totalitario debe cumplir para cubrir sus objetivos: censurar a cualquier medio que se oponga a las ideas de su partido. Pero para conseguir el objetivo final, deben cumplirse las reglas que definió el propio Goebbels. A saber ([1]):

  1. Principio de la simplificación.

Este principio se basa en la reducción de toda la complejidad de los distintos enemigos a una realidad muchísimo más discreta, desprovista de diversidad y muy fácilmente identificable. El propósito es infundir a todo lo que se opone a las propias ideas de un rasgo común y sencillo donde se reduzcan sus aristas hasta la misma caricatura. De esta manera, no existiría nunca una batalla contra múltiples antagonistas, sino una guerra en la que solo bregaría un sencillo contendiente: el mal, la brutalidad, la injusticia o la ignorancia.

  • Principio del método de contagio.

Este principio estaría asociado al anterior. Sus objetivos son sencillos: además de simplificar los hechos, se pretendería dispersar una serie de atributos a todos los sujetos que se acojan a ideas opuestas a las propias. A menudo son adjetivos de contenido negativo, humillante y/o ridiculizante; que se asignarían, sin meditarlo, al opositor. Se trata del paso lógico tras haber diluido la sensación de multiplicidad, mediante el cual se difundirían estereotipos a partir de lo que el aparato de propaganda considerara “no deseable” (todos los judíos son unos ladrones, p.e.).

  • Principio de la transposición.

En Política puede observarse cuando trascienden casos de malversación o apropiación indebida hasta la opinión pública, los cuales motivan un cruce de reproches en los que se ensalza que: “pues tú también lo hiciste, e incluso peor que yo”.

Con esta actitud se persigue generar una distracción que desvíe la atención de la propia figura y que se ubique de nuevo en los demás, manteniendo toda sombra de sospecha fuera de nuestras inmediaciones.

  • Principio de la exageración y de la desfiguración.

Este principio prevé que todo error del otro ha de ser aprovechado de forma inmediata. Para ello se procedería a desdibujar su relevancia y su alcance, de modo que pareciera un suceso mucho más grave o negativo (para los propios intereses) de lo que realmente es. Se buscaría trazar amenazas en casi cualquier acto que el enemigo llevara a cabo, incluyendo aquellos a los que solo se les pudiera atribuir importancia anecdótica o circunstancial. En este supuesto no se caricaturizaría a los individuos o grupos, sino a su forma de comportarse, cerrando así el círculo malicioso de la demagogia.

  • Principio de la vulgarización.

Este principio propone que las propiedades de los mensajes a comunicar han de adaptarse al nivel de los individuos que van a recibirlo, y en concreto al menos inteligente de todos ellos. A través de tal proceso se eliminarían todos los matices complejos, y se buscaría difundir algo tan “simple” que cualquier ser humano podría llegar a comprender.

  • Principio de la orquestación.

Las ideas que se quieren transmitir a la masa han de repetirse de forma continuada, usando distintos prismas y ángulos, pero insistiendo en el mismo concepto. Es importante que todo se reduzca a lo más básico posible, de forma que sea casi imposible que se perciba un atisbo de duda o contrariedad en el contenido de lo que se transmite.

  • Principio de renovación.

Este principio alude no al contenido, sino a las formas, y más en particular al ritmo con el que se transmite la información. El propósito sería generar tantas acusaciones que la víctima no dispusiera de margen temporal suficiente para excusarse o demostrar su falsedad. En definitiva, el propósito es abrumar al rival y sobresaturar al pueblo.

  • Principio de la verosimilitud.

Toda información debería estar sustentada por el mayor número de fuentes posible. Y si se controla una inmensa mayoría de medios, incluso si se intenta controlar las RRSS, la tarea se hace mucho más sencilla.

En el mismo principio se contemplaba también la posibilidad de “camuflar” mentiras dentro de una noticia objetivamente cierta, haciendo que estas fueran más fácilmente digeribles para el público diana. La selección interesada de qué detalles reseñar y cuáles omitir/ocultar (lo que se conoce como “fragmentación”), es esencial para esta ley de la manipulación.

  • Principio de la silenciación.

Este principio tiene el objetivo de acallar todas las noticias positivas sobre los rivales, usando los medios de comunicación afines a la causa. También se buscaría omitir noticias adversas sobre uno mismo o que desalentaran el ánimo de la población que se pretende manipular.

  1. Principio de la transfusión.

A través de este principio se pretendería hacer uso de la historia de una nación, e incluso de sus mitos populares, para conectarlos de una manera directa con el contrincante a derrocar a través de analogías y equiparaciones. El fin es aprovechar un odio preexistente, cuya raíz se hunde en el acervo cultural y social común, para vertirlo de forma directa sobre quienes se oponen a un régimen.

  1. Principio de la unanimidad.

La pretensión de este principio es hacer creer que las ideas que se desea difundir gozan del consenso de toda la población, de forma que quienes las acojan como propias sintonizarán con la “opinión” que quieren hacer pasar como general.

Una vez que hemos diseccionado la estrategia totalitaria del gobierno social-comunista siguiendo los preceptos de otro gran fascista como Goebbels, estoy seguro que se entenderá mejor todas las declaraciones – o su silencio – de los responsables políticos referentes a los temas más diversos:

  • La recalificación de los delitos de los golpistas de Cataluña, por parte de la Abogacía del Estado.
  • La dimisión de Edmundo Bal, por no transigir con las presiones de las que era objeto.
  • La depuración posterior de todos los que tampoco quisieron comulgar con ruedas de molino y se opusieron a la recalificación política.
  • El intento de silenciar la llegada del avión de Delcy Rodríguez a Barajas y las siete mentiras de Ábalos, que mintió más que Pedro a Jesús en el Monte de los Olivos.
  • El falso máster de Pedro Sánchez que han conseguido silenciar.
  • El extraordinario eco que se le ha dado al de Cristina Cifuentes, finalmente absuelta.
  • Las mentiras infinitas en todo lo relacionado con la aparición y posterior desarrollo y gestión de la pandemia.
  • El uso indiscriminado del Falcon por parte del presidente.
  • El nombramiento de cientos de asesores personales y concesión de puestos de trabajo, a la esposa del presidente, al hermano del presidente, al compañero de pupitre del presidente, a la compañera sentimental de “El coletas”, a los que hay que añadir los nombramientos del mismo estilo del propio coletas, y de sus correligionarios.
  • Los casos de los ERE en Andalucía
  • El caso Gürtel.
  • La persecución a la Monarquía  

Son sólo algunos ejemplos en los que, por un lado, se cargan las tintas sobre los asuntos de la oposición y se silencian las del propio tándem PSOE-Podemos.

Resulta desconcertante comprobar cómo las estrategias de fuerzas políticas tan dispares como los nazis y Donald Trump, coinciden con las del gobierno de coalición PSOE-Podemos.

Por ejemplo, mensajes como “América First” o “Volvamos a hacer Grande a América”, son tan sencillos que duelen a los que tenemos más de una neurona, pero calan en 75 millones de norteamericanos. Por cierto, con un mensaje similar Hitler llegó al poder en Alemania.

Del mismo modo que el eslogan “sí, se puede”, aparte de ser una vulgar copia del de Obama, que ideológicamente está en las antípodas de Podemos, cala en las mentes de un electorado que se mueve más por el deseo de revancha que por el convencimiento de unos supuestos principios ideológicos marxistas, cada día más discutidos.

En el año 1982, el PSOE obtuvo una aplastante mayoría con el eslogan “vota por el cambio”, sin necesidad de especificar a qué cambio se referían. Más tarde, de encabezar manifestaciones tras una pancarta que decía “OTAN, no. Bases fuera”, el mismo PSOE lideró el referéndum para formar parte de la OTAN pidiendo el “sí”. Y ganaron.

Decía al inicio que vivimos en un estado autoritario con una clara tendencia a eliminar la discrepancia, a amordazar a la prensa y a las RRSS, con una inequívoca decisión de someter a la Justicia en todos los órdenes, con nula intención de diálogo por mucho que manoseen el término y similar a todos los regímenes totalitarios que han existido y que la historia nos ha enseñado.

La manipulación de la verdad, de la información, el sometimiento de la población a un nivel de puro servilismo, se consigue, ADEMÁS, con un nivel de educación ínfimo, en donde reflexionar y discrepar, sean considerados aberraciones contra natura. De ahí que además de todas las estrategias y trucos que hemos visto, la RE-EDUCACIÓN o la DES-EDUCACIÓN, sean aspectos clave en el éxito de esta perversa política comunista.

Todo ello es la demostración palpable de que Goebbels y sus principios, siguen más vivos que nunca, aunque quien los ponga en práctica sean sus enemigos más acérrimos, los comunistas.


[1] https://psicologiaymente.com/social/principios-propaganda-goebbels

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