Decir la verdad by Jaime Nubiola

el

Cartas desde Pamplona

Estoy leyendo en estas últimas semanas los apuntes de la década 1991 -2001 tomados por el escritor húngaro Imre Kertész (1929-2016), que acaban de aparecer en un volumen titulado «El espectador» (Acantilado, 2021). Cuando escribe estas anotaciones, Kertész estaba siempre con dudas acerca del valor de su obra: no sabía que iba a obtener el premio nobel de literatura en el año 2002. Sin duda, es uno de los más grandes escritores europeos de la segunda mitad del siglo XX. La lectura de su «Sin destino» (Acantilado, 2001) —como se dice— “te cambia la vida” y ahora la de estos apuntes invita a la reflexión en muchos pasajes.

         Me ha llamado la atención el impacto que tiene en Kertész su trabajo como traductor al húngaro de las Vermischte Bemerkungen de Ludwig Wittgenstein, que habían sido publicadas bajo el título Culture and Value en inglés y alemán en Blackwell en 1977, y en español en Espasa-Calpe en 1995 con el título Aforismos: Cultura y valor. Pues bien, ayer leía la cita de Kertész de la anotación de Wittgenstein: «Solo puede decir la verdad quien ya vive en la verdad» (p. 108) y me impactó. Me trajo a la memoria la verborrea de tantos políticos, charlatanes y demás personajes que llenan los medios de comunicación y que a veces viven tan metidos en la mentira que son del todo incapaces de decir la verdad. Fui a buscar la cita original en alemán, su traducción oficial al inglés y su traducción española. La versión inglesa tiene un toque especial porque habla de estar en casa de la verdad: «The truth can be spoken only by someone who is already at home in it» (p. 41 e). La versión española —más fiel al original alemán— dice: «Solo puede decirla [la verdad] quien ya descansa en ella» (p. 83).

         Vivir en la verdad, estar en casa de la verdad, descansar en la verdad. Solo quien intenta hacer esto realidad en su vida puede aspirar a que la verdad oriente siempre todas sus actuaciones y sus palabras. Quienes nos dedicamos a la filosofía estamos —o deberíamos estar— enamorados de la verdad, comprometidos en la búsqueda de las verdades realmente decisivas. Al empeñarnos en decir la verdad intentamos articular en nuestro vivir el pensamiento y el mundo. Por eso la norma primera para mí es la de decir siempre la verdad, sabiendo que este principio no equivale a decir toda la verdad o todas las verdades en todo momento —lo que sería agotador—, ni tampoco equivale a tener que decírsela constantemente a todo el mundo —lo que resultaría insoportable—, pero sí que se identifica con una honda aspiración a que la veracidad y la transparencia presidan siempre todas nuestras relaciones y la organización misma de la sociedad.

         Una manera más clara y pragmática de este principio se encuentra quizás en su formulación negativa: nunca podemos mentir, nunca podemos hacer promesas que sepamos que no vamos a cumplir, nunca debemos sembrar intencionadamente interpretaciones erróneas. Vaclav Havel decía que lo malo no es mentir, sino vivir en la mentira, tal como pasaba en las sociedades comunistas. Pero me parece que, en una sociedad democrática, lo malo es mentir porque en la mentira no se puede vivir. La subordinación de la verdad a los intereses políticos produce un daño social de efectos incalculables, porque el imperio de la mentira corrompe todo lo que toca.

         Hoy la denominada “posverdad” —la distorsión deliberada de la realidad— se ha adueñado del espacio público. En nuestra sociedad no solo la publicidad es a menudo engañosa, sino que muchos políticos —como suele decirse— “mienten más que hablan”, o al menos hacen afirmaciones opuestas con pocos días de diferencia sin explicar siquiera su cambio de opinión. En estos tiempos viene con frecuencia a mi memoria aquella expresión, atribuida al senador californiano Hiram W. Johnson en 1918, de que «en la guerra la primera baja es la verdad». Sin embargo, pienso que no podemos caer en esa trampa: la mentira es siempre una forma de violencia, mientras que la verdad puede tener siempre un rostro amable.

         Me impresionó un artículo de Enrique García-Máiquez en el que evocaba al escritor ruso Alexander Solzhenitsyn (1918-2008), quien se planteó qué podía hacer frente a la dictadura comunista y se propuso no decir ni una mentira. Con aquella actitud Solzhenitsyn acabó siendo una de las piezas clave que derrumbó el Imperio Soviético. En nuestra sociedad postmoderna y consumista, impregnada de corrección política y de mentira, me gustaría hacer algo parecido con mi colaboración periódica en Focus. Con palabras del poeta cubano Heberto Padilla (Fuera del juego, 1969), reprimido por el régimen castrista:

Di la verdad.

Di, al menos tu verdad.

Y después

deja que cualquier cosa ocurra.

         Como escribía Wittgenstein en la versión de Imre Kertész: «Solo puede decir la verdad quien ya vive en la verdad».

Pamplona, 10 de marzo 2021.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carlos Usín dice:

    La verdad es hija de la independencia. Si no eres independiente, no puedes vivir en la verdad.
    Y eso es aplicable tanto al ámbito privado como al público.
    La mujer (o el hombre) que no es independiente, vive en la mentira con su pareja.
    El periodista que está a sueldo de un medio, no es independiente. Aunque hay muy honrosas excepciones, afortunadamente.
    La verdad, vivir en la verdad, tiene un precio y quien quiera vivir en ella, tendrá que pagarlo.
    La verdad, es hermana de la coherencia. Suelen ir de la mano. Y por tanto, quien no es coherente, falta a la verdad.

    Le gusta a 1 persona

    1. si, carlos la coherencia es un elemento que muchos no conocen hoy. j.

      Le gusta a 1 persona

  2. Carlos Usín dice:

    En demasiadas ocasiones, la coherencia es percibida como una cierta clase de rigidez mental, de inflexibilidad, de incapacidad del “cocherente” para llegar a entender las complejas situaciones que son objeto de análisis y cuyas decisiones son absolutamente incongruentes.
    Por ejemplo, se va a cerrar Madrid por el artículo 33 de la Moncloa, cuando llevan casi un año lavándose las manos en este asunto, pero al mismo tiempo van a permitir que entren en España todos los extranjeros que quieran y básicamente sin control.
    No parece que sea muy coherente.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s