DIÁLOGOS en el diario La Vanguardia: La pandemia, ¿una tertulia de café entre Marina y Gomá?

By Ana de Lacalle

El Periódico “La Vanguardia” publicó el pasado siete de marzo el primero de los Diálogos que con carácter mensual irán apareciendo. Obviamente, el director Sergio Vila-Sanjuán considero que debían iniciarse con el tema del momento: la pandemia del covid19. Así, en debate celebrado en la Fundación Juan March de Madrid, reunió a su presidente Javier Gomá y a José Antonio Marina como pensadores destacados, a criterio del organizador, del momento.[1]

Ante la primera cuestión planteada por el moderador, Vila-Sanjuán, sobre si aprenderemos o no algo provechoso de la pandemia, los contertulios se aferran a aquello que ya han tratado en sus escritos y que son temas ya recurrentes. Marina analiza el tipo de aprendizaje, como si de un centro de enseñanza se tratase, y exige más rigor y método evaluativo, menospreciando lo que él denomina el aprendizaje espontáneo. Mientras que Gomá reincide en su elogio del progreso, que se produce según insiste en cada una de sus obras, como si de un nostálgico ilustrado se tratase, asegurando que no solo se produce progreso en las formas de vida sino también moral, y para colmo cita los desastres de la II guerra mundial que dio luz a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cometiendo a mi juicio dos errores de omisión o tal vez ceguera: ¿Dónde se hacen realmente efectivos los derechos de la proclamación universal si no se cumplen ni en los países que la suscribieron? Y en segundo lugar hay que reconocer que los hechos, a nivel mundial, posteriores a la II guerra han demostrado que hemos vuelto a cometer atrocidades del mismo calibre: Palestina, Ruanda, Guerra de Yugoslavia, terrorismo internacional con objetivos claramente civiles, campos de refugiado o de migrantes que huyen de países en guerra donde se están cometiendo auténticos exterminios…cada uno que complete la lista que haberlos, hay los.

A continuación, Marina menciona una especie de “ley de progreso ético de la humanidad” que asegura que cuando la inteligencia se libera de los obstáculos se converge hacia un modelo ético bastante bueno. Estos obstáculos son la pobreza extrema, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo del poder y el odio al vecino. Perpleja se queda quien subscribe esta reflexión, al intentar identificar en qué momento cree Marina que la inteligencia se libera de los obstáculos, entre los que no menciona en ningún momento el Leviatán del sistema capitalista. Ni soy testigo de esta liberación, ni por supuesto de voluntad alguna de que se produzca. Esto está precedido de un halago casi místico por parte de Gomá de la creación de Estado de Derecho Moderno, que califica de prodigio, recurriendo ya por enésima vez a su absurda pregunta de ¿qué época elegiríamos para vivir mejor que esta? Con un matiz curioso, ahora añade al marginado como sujeto al que demandar una respuesta, hecho que una servidora, en su momento, le sugirió al entender que formular esa fabulosa cuestión a los que vivimos bien me parecía cinismo. Aunque él obviamente no reconozca esa adaptación y una servidora no disponga, ni se va a molestar en ello en rebuscar los diálogos a través del Facebook. Pregunta, por cierto, a la que no respondió.

Tras estas consideraciones, emerge una discrepancia entre ambos contertulios respecto de si se está produciendo un renacimiento de la cultura en la época pandémica. Marina aduce que la cultura cinco estrellas que parece estar emergiendo no va vinculada, necesariamente, a ningún tipo de mejora moral. Mientras que Gomá discrepa, afirmando que la cultura casi siempre produce un sentimiento de dignidad humana. Una disensión sin argumento ante la mención de Marina del disfrute de los nazis de la música clásica.

Respecto al modelo de democracia española fruto de una transición muy cuestionada, Gomá reconoce que hay una crisis entre la ficción de que el poder resida en el pueblo y el poder fácticamente constituido, aunque vuelve a destacar que esto se produce por la mayor conciencia de dignidad del individuo. Por su parte Marina asume el marco del Estado de derecho con democracia representativa, aunque considera que hay contenidos de la constitución que fueron adoptados por inteligencia coyuntural y que haría falta replantear. Manifiesta, a pesar de esto, su miedo ante quién debe realizar esta revisión y su respuesta que se concreta en ciudadanos informados que escuchen y sepan debatir y no se dejen llevar por las emociones, resulta de una resonancia de la República platónica que, al fin y al cabo, arrasa con el concepto de soberanía popular que tal vez, Marina no osa cuestionar abiertamente. Además, añade Gomá, corroborando la hipótesis de su interlocutor, la necesidad de recurrir a ciudadanos ilustres que sepan combinar el principio democrático de la mayoría con el respeto sagrado de las minorías, ya que, si no se corre el riesgo de la tiranía de la democracia, cuyo ejemplo evidente para él es la China, ante la que se atreve a pronosticar su caída.

Insisto en que es urgente que definan “quiénes son los ciudadanos ilustres” -esto sí que me resuena a China- y cómo aún no han mencionado ninguno de los dos contertulios el factor económico en una época en el que pocos dudan de que sea este el criterio de decisión de toda acción política cada vez más supranacional. Y que Gomá siga enrocado en la “dignidad” como si tuviésemos alguna muestra de que eso le importa a quienes ejercen de facto el poder económico-político en este mundo globalizado.

Para finalizar el diálogo se abordan las manifestaciones violentas en defensa de la libertad de expresión respecto del caso del rapero Pablo Hasél. Marina entiende que la libertad de expresión no puede ser absoluta, entiendo cuando esta atenta contra los derechos de otros individuos, pero lo que le resulta más preocupante es que la juventud tenga la percepción de que pacíficamente no se consigue nada, y este es para él el problema nuclear, no el vandalismo. Gomá, considera que tras el franquismo se apostó por un desenfreno de la libertad de expresión progresivamente, mientras que ahora nos damos cuenta de que es un derecho que debe ser compatible con otros, por lo que concluye que no podemos tener libertad ni prioridad para todo. De estas reflexiones se deriva el debate que subyace de fondo y es ¿qué hay que hacer cuando los derechos entran en colisión? Marina recurre a la ponderación y sabiduría de los clásicos -de lo que ya nos habíamos apercibido anteriormente en sus respuestas-. Y aquí es cuando, a mi juicio Gomá hace la única aportación relevante: el año 2021 será el de la explosión del malestar social, ya que reducido el miedo por la pandemia los individuos se sienten más capaces de manifestar de la forma que sea su padecimiento fruto de la crisis de la pandemia.

Como conclusión, diría que, si estos diálogos filosóficos deben ayudar a profundizar en los entresijos sociales y económicos aún no evidenciados, cabe acudir a interlocutores de mayor calado y capacidad de análisis que no se limiten a reproducir lo que llevan diciendo años, aplicado ahora a la pandemia. Los hay que han trabajado y publicado sobre el covid19 y la situación de crisis global creada, y que pueden ofrecernos reflexiones o puntos de referencia más elaborados. Aunque tal vez no sean tan mediáticos, pero por eso mismo más filósofos y menos urgidos por eventos de autopromoción de una idea que tuvieron una vez y que creen que sirve para entender un mundo tan complejo como este.

Animaría, des mi humilde o insignificante opinión, al director del suplemento Culutura/s de La Vanguardia a que apueste por interlocutores de más enjundia filosófica, ya que leer lo que ya sabemos no nos lleva a ninguna parte, y sitúa a la Filosofía en una tertulia de café, que redunda en el desprestigio de la crítica y análisis filosóficos como una herramienta imprescindible para comprender el presente y, desde ahí, reorientar el futuro.


[1] Versión íntegra en https://bit.ly/3rq1DIQ

5 comentarios en “DIÁLOGOS en el diario La Vanguardia: La pandemia, ¿una tertulia de café entre Marina y Gomá?

  1. Por desgracia es así como lo describes, Ana. La visión, practicamente caduca, de dos “tertulianos” de una sociedad occidental no puede ser representativa del conjunto de la sociedad mundial. Una visión sesgada y limitada, enraizada en el pasado. Hace falta nuevas voces y de más latitudes que no sean las del confort de un sofá y una televisión. La crisis que se avecina dará paso a nuevas reivindicaciones y luchas, los jóvenes han perdido el miedo a expresar su malestar, solo deseo que no sea algo pasajero y que el sistema acabe engulléndolo. Basta mirar la vista atrás y ver cómo acabó el “No future” inglés cuya expresión, quizá más mediática, fue el movimiento Punk. Cuando los cimientos de este caos son más evidentes resurge el individualismo exacerbado y el nihilismo.

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    1. Lo que inquieta es que un diálogo tan poco sustancioso quede en un medio como es La Vanguardia como representativo de la Filosofía, cuando hay buenos, profundos y hábiles filósofos que podían haber abierto esos diálogos… Gracias Xavier, vale la pena echarle una ojeada a través del enlace para contrastar lo que comento

      Le gusta a 2 personas

  2. El periodismo, en general, está muy desvirtuado. Los grandes medios de comunicación ignoran, con demasiada frecuencia, la calidad de sus reportajes, artículos de opinión y entrevistas. Las líneas editoriales suelen ser un handicap añadido a muchos escritores y pensadores. Todo se está convirtiendo en un producto de tertulia predigerido y que no haga pensar demasiado a la gente. Echaré una ojeada al enlace que mencionas. Gracias, Ana.

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