La paternidad en evolucion by Felicitas Rebaque

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Leía en un artículo sobre los cambios acontecidos en la paternidad en las últimas décadas lo que todos sabemos: que hasta no hace mucho tiempo los padres no compartían la infancia con sus hijos y era “cosa de mujeres” encargarse de su crianza y del hogar. Los padres bastante tenían con trabajar y traer dinero a casa. Ese era el sentir general.

Hoy, miércoles, coincidiendo con mi colaboración en Focus, mi padre cumple 95 años en pleno uso de sus facultades físicas y mentales. Bueno, para no mentir, ya no anda con esa ligereza y garbo que le caracterizaba y le cuesta levantarse cuando se agacha a anudarse los cordones de los zapatos. Pero su cabeza funciona a la perfección. Con una salud de hierro, no toma más pastillas que para corregir una ligera hipertensión.

Tengo la suerte de tener un padre atípico para su época. Mi padre dio biberones a sus hijas, cambió pañales, nos llevó al médico, ayudaba a mi madre en las tareas de la casa en el tiempo libre que le dejaba su trabajo, e incluso no se le caían los anillos por ir a la compra y regresar cargado de bolsas. Era mi madre, la que entonces ponía el grito en el cielo argumentando que no estaba bien que le viera la gente haciendo esos menesteres, que qué iban a pensar de su mujer los vecinos.

Mi padre fue un hombre severo y parco en manifestaciones cariñosas.  A decir verdad, por entonces, la mayoría de los padres eran así. De esa forma les habían educado. El cuidado y la manutención de la familia era su obligación. Los besos y los mimos se quedaban para las madres. Sin embargo, tengo entrañables recuerdos suyos como la noche que me enseñó a contar el tiempo en el reloj de la torre de la iglesia, sentados en un banco de la plaza del pueblo de mis abuelos, o una carta ,que aún conservo, que me escribió un verano que yo estaba de campamento, los viajes con mis hermanas en el legendario seiscientos cantando a pleno pulmón, por poner algunos ejemplos.

Como he dicho, el comportamiento de mi padre no era lo normal, y los padres han ido cambiando de actitud poco a poco.

Recuerdo a los primeros padres que acudían  solos a mi consulta de pediatra a pasar la revisión de sus bebes. Me emocionaba ver con qué cuidado los manejaban. En otras ocasiones iban acompañados de la madre, pero eran ellos los que vestían y desvestían al bebé con una destreza que me dejaba impresionada.

Los padres hoy día, por regla general, participan y se implican activamente en la crianza y educación de sus hijos tanto como la madre. Se involucran desde el minuto cero en el que saben que van a tener un hijo. Están al día en temas de alimentación, cuidados, educación, en las actividades del colegio, participan en sus tareas escolares y juegos… Pero lo que más me emociona es que los hombres, los padres, han recuperado la ternura. No se avergüenzan de mostrar sentimientos. Y es maravilloso ver como la expresan con sus hijos.

Terminaba diciendo el artículo al que hacía referencia en las primeras líneas que cuando las madres demandan un trabajo en el que puedan conciliar la vida familiar, los padres desean lo mismo. También quieren compartir y estar el mayor tiempo posible con su familia. Papá quiere lo mismo que mamá . Aquí está la esencia de la evolución y a su vez revolución. Aquí reside nuestra igualdad, no nuestra sexualidad.

Yo no puedo estar más de acuerdo. A las voces de las mujeres reivindicando derechos y mejoras laborales y sociales para atender a los hijos, se deberían de sumar las de los padres. Porque la crianza es cosa de dos, complementaria y a partes iguales.

Muchos usos y costumbres quedan por cambiar para compartir espacios que son otorgados en exclusividad a las madres. Por poner un ejemplo… ¿Por qué solo hay cambiadores para bebés en los baños de las mujeres?

Hoy día, el concepto de paternidad nada tiene que ver con el que tenían los hombres de la generación de mi padre. Los hombres del siglo XXI la viven con una mayor conciencia y transcendencia como consecuencia de que también ha cambiado el concepto de masculinidad, lo que en mi opinión es muy positivo y enriquecedor para ambos sexos.

Es cierto que cada vez hay más leyes que contemplan a los dos progenitores, pero muchos cambios hay que seguir haciendo y mucho camino queda aún por recorrer si queremos evolucionar hacia un equilibrio social familiar. 

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Definitivamente ha habido un cambio para bien. Y eso es de agradecer. Muy interesante Felicitas. Saludos.

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    1. Sí, las distancias cada día son más cortas y responsabilidades y tareas compartidas. Gracias Ana por comentar. Un abrazo

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  2. Coincido contigo felicitas y levantó la copa en brindis por tu padre

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    1. Gracias por ese brindis y me alegra la coincidencia. Un abrazo Juan

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  3. Estupendo artículo, Felicitas.

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