Pandemia 04- El pasaporte sanitario.

By Carlos Usín

Después de tiras y aflojas, de algunas suspicacias y de vencer algunos recelos, parece que finalmente se va a implantar el llamado “pasaporte sanitario”, un documento oficial que, todavía no está claro cómo va a ser, qué formato va a tener, qué información va a guardar y para qué va a servir. Aquí, cada uno tiene su propia teoría.

Esto se está vendiendo como la llave maestra para poder viajar por el mundo sin restricciones, algo que, evidentemente, todos deseamos. De ahí que, a sabiendas de las desaforadas ansias por salir escopetados a cualquier parte del planeta antes de que la cosa vuelva a empeorar, se ofrece a los tristes mortales el caramelo del pasaporte, lo cual, está claro, lleva implícito el hecho de vacunarse. O, dicho de otra forma: “vacúnate que como premio te doy un certificado y entonces podrás salir”. Resulta difícil sustraerse a semejante tentación. La última novedad al respecto y dentro de las múltiples alternativas que se están planteando, figura la de no obligar a vacunarse, pero en todo caso, tener una PCR negativa.

Sin duda alguna, este no es un asunto baladí. No se trata sólo de un documento, de un simple pasaporte. Es mucho más. Lo primero de todo es que no debemos olvidar que tal y como se recoge en nuestro ordenamiento legal, la información relativa a la salud es la considerada más sensible, por lo que la Ley de Protección de Datos establece durísimas sanciones a aquellos que vulneren el derecho a preservar la confidencialidad de esos datos. Y ¿qué pasaría si esta información cae en manos indeseadas? Por ejemplo, alguien de tu empresa o en una empresa en la que eres candidato. O simplemente te atacan unos extraños a través de internet y lo consiguen. No es lo mismo que esos datos residan en un super ordenador de la Seguridad Social o en el móvil de un españolito. No olvidemos que se ha llegado a atacar los móviles de gente como Ángela Merkel y más recientemente al SEPE, así es que no parece descabellado pensar que se podría atacar un simple móvil de un mortal vulgar y corriente.

Junto a la sensibilidad de la información, nos informan acerca de cómo se va disponer del certificado. Resulta que se habla que puede residir tanto en formato digital como en el más clásico de papel. Que se puede llevar en el móvil, imagino que, junto con todas las claves para poder pagar en operaciones de comercio electrónico, lo cual hace suponer que, si en algún momento pierdes o te roban el móvil, sale más barato cortarse las venas directamente o tirarse a las ruedas de un autobús. Sobre todo, si te acuerdas que recientemente los del SEPE han sufrido un ataque cibernético y una semana después, seguían en estado catatónico.

Pero aparte de las suspicacias relativas a la sensibilidad de los datos y al soporte en el que se podrán disponer, hay otra consideración que me parece interesante señalar.

Emitir un pasaporte de estas características, parece partir de la base de que una vez el individuo ha sido vacunado, está inmunizado para toda la vida. Si no fuera así, no tendría sentido implementarlo. Y es en este punto donde yo tengo mis dudas. A la vista de los resultados que se están obteniendo con la vacunación masiva, en el momento en que hemos dejado atrás los supuestos ensayos clínicos con miles de voluntarios y hemos pasado a vacunar a cientos de miles o millones, están apareciendo efectos secundarios que, en algunos casos, han terminado con resultado de muerte. No compro el argumento de que el tanto por ciento en relación al total es pequeño. Me importa cero si ese porcentaje es el 0,0001, si ese uno soy yo. Y supongo que eso mismo deben estar sintiendo los familiares de la profesora de un instituto de Marbella, que ha fallecido con 43 años y dos hijos, tras haber sido vacunada, igual que todos sus compañeros, con la de AstraZeneca. Por el momento, una veintena de países han suspendido la vacunación con esta marca.

Todo esto me hace sospechar que los famosos ensayos clínicos no fueron lo suficientemente exhaustivos debido, precisamente, a la premura de tiempo. Y lo triste es que parece que los escépticos van a tener razón. Escépticos en cuanto a que este tipo de solución debería, en condiciones normales, haber sufrido una criba mayor de casos en un tiempo más dilatado, pero ya sabemos que los estados han estado metiendo prisa a las compañías farmacéuticas.

Es decir, que no creo en la universalidad de las vacunas contra el COVID19, en general, y que intuyo que, en breve, nos sorprenderán con que, pasado cierto tiempo desde la primera vacunación, habrá que realizar un “recordatorio” como si se tratase de la polio, la viruela o una de esas. Además, las continuas variantes que se están produciendo cada semana, obligarán a las empresas a adaptar sus fórmulas para hacerlas más efectivas. De todo ello deduzco que el pasaporte, no es tanto un certificado de salud de por vida, si no más bien, otra medida más para salir del paso, para mentalizar a la población de que debe vacunarse y para convencernos de que sólo así, nos darán el premio de un certificado y la posibilidad de salir de viaje.

Es lo más parecido a recibir un permiso de fin de semana para salir de la cárcel.

A mí me parece correcto que se establezcan unos controles para evitar que el movimiento incesante de pasajeros, pueda convertir este asunto en un tema inabordable, pero no creo en la utilidad del pasaporte o del certificado de por vida, porque no me creo la eternidad de las vacunas. Creo más en los test PCR que se realicen en fechas próximas a los desplazamientos. Con un pasaporte expedido hace 6 meses, tú no sabes si en el momento de viajar eres asintomático o si no vas a contagiar a toda la población del país de recepción. Habrá que recordar que los habitantes originarios de América, murieron más por los virus contagiados por los españoles que iban con Colón, que por sus espadas.

Con esta diferenciación entre los que tienen o no tienen el certificado, se está haciendo una discriminación de clases. De hecho, ya hay quien puede viajar a Dubai, por ejemplo, y vacunarse con sólo disponer de unos 30.000€. Pero dejando al margen a los que ya de por sí viven al margen, el resto se va a ver clasificado en un grupo u otro y ya vemos, ahora mismo, que por unas razones o por otras, algunos han sido vacunados y otros se mantienen a la espera. A la espera de que lleguen más vacunas, a la espera de ver qué pasa con AstraZeneca, a la espera de ver si se les inocula la segunda dosis, a la espera de ver si esa segunda dosis es de la misma marca. A la espera.

PD Entrevista a Juan Fernando López Aguilar, Diputado del PSOE en Bruselas sobre este asunto.

https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2021-04-16/pasaporte-covid_3036683/

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