Mi repugnancia by Santiago Acuña

El día de ayer no fue muy diferente de los anteriores días de mi vida, pero lo bueno de la cotidianidad de mi vida es que me presto a la reflexión de todas las cosas y casi a cada momento del día.

Si me lo preguntas creo a veces eso tiene sus inconvenientes, sin embargo, también tiene sus ventajas. Los inconvenientes que puedo identificar es que hay un “runruneo” constante en mi mente. Las ventajas son que alimento constantemente mi espíritu crítico de las situaciones de la vida real.

Lo único inesperado de ayer fue que me llamo un amigo por mi teléfono móvil. Diríamos que es inesperado porque no muchas de las personas, incluyéndome, llega a confiar contar ciertas cosas por un medio que no sea directamente con la persona, es decir fase to fase.

Me refiero a que me llamo a decirme que no estaba muy bien, que la vida se tornada monótona para él, que todo pierde significado a la hora de realizar las tareas que demandan las mañanas y las tardes de los días.

Mas aún, decía él, con todo esto que debo seguir haciendo porque “no me queda otra”, sino las hago no puedo llegar a comer, pagar la renta, inclusive, vivir.

Me dije a mi mismo, está atrapado en un círculo vicioso donde las cosas giraron en torno al más monótono aburrimiento de las cosas, tan así que, según mi colega, “pensas hacer cosas malas”. Él no se refería a dañar a otros y quebrantar los derechos de las demás personas, sino más bien su propia vida.

Tan dramática la situación que notaba una tristeza insuperable, una angustia casi demoledora de todas las cosas y situaciones de su vida.

Lo más loco es que no solamente él me escribió para que lo escuche o para que le brinde mi apoyo, sino que también y, parlamente a él, otro de mis colegas que lo conocí en la universidad, y que prácticamente es quien siguió el hilo conductor de toda mi carrera, me expreso abiertamente que este desahuciado, deprimido, cansado de todas las cosas que le rodea.

Esto me lo comento luego de que rompió con su novia y algunas situaciones laborales que se le “incrustaron” en el medio. Obviamente que a mis dos amigos los “obligue” prácticamente a que hagan terapia en este preciso momento.

Lo peor y más triste para mí, y que me tocó un poco más de cerca, es un miembro de mi familia, donde uno de los psicólogos en el cual ella tiene la posibilidad de ir y consultar, le comento que tiene principios de depresión. Duele en el sentido en que escuchar el llanto de un ser muy querido por la simple tristeza que la absorbe es muy fuerte para uno, mucho más cuando la tenéis muy lejos de ti.

Allí mismo, llegaron a mis algunas reflexiones muy fuertes. Preguntas constantes sobre la sociedad, la vida de las personas en momentos tan desagradables como un cambio climático o una pandemia que abruma la humanidad.

Me senté en mi sillón, luego de prepararme un té verde con un poco de canela y caí en la cuenta de que no solamente es muy devastador, cansador y tedioso vivir contantemente dentro de una casa, sin salir a ver siquiera la luz del día. No digo que no lo hagamos, pero el simple hecho de salir un rato a comprar ciertas mercaderías para poder seguir desayunando por las mañanas, no nos quita la mala sensación, inconscientemente, de que estamos sintiendo a una pandemia que nos arrodilla constantemente, sin poder ver a nuestros familiares y amigos.

Sin embargo, no es tanto ese el problema. El problema más grave es que no nos dejen hacer ciertas cosas como producir y seguir nuestras actividades constantemente en cada día de la semana.

El problema son las decisiones del gobierno, del estatismo inmundo que nos quiere mantener inútiles para que ellos sigan haciendo sus macanas.

El problema no es el virus del corona sino más bien las decisiones inmundas que mantienen nuestros gobiernos para con la sociedad.

El problema que nos acontece no es solamente las malas decisiones de estos ignorantes que piensan que con un pensamiento consiente pueden manejar la economía. Son ellos, los políticos, los que están equivocándose solo manteniendo la seguridad de la salud, sin tener en cuenta la economía de un país.

Ese es el problema, obviar la economía, cuando la sociedad pide eso sin pedir abiertamente y aviva voz. La sociedad entiende más que cualquier ministro de economía o de salud que esto se combate manteniendo una economía productiva, y paralelamente y de la mano de la salud de la gente, vacunándolas constantemente.

Argentina en este momento tiene a 2% de las personas vacunadas con las dos dosis, 10% de las personas vacunadas con la primera dosis y el 88% de las personas sin vacunar. No me cabe duda de que las personas que representan ese 2% de la sociedad son las que están en el poder repulsivo del gobierno y los pseudoempresarios.

Ya basta de un estatismo tan amplio y dimensionado, no nos sirve de nada mantenerlo así. Argentina y ningún país van a crecer solo esperando que estos de arriba tenga la amabilidad de hacer las cosas para con la gente.

Por más de que sean tan amable como uno quiere que ellos sean, no tiene el conocimiento, ni mucho menos la información que maneja el mercado para poder asignar los recursos.

Lo cierto es que lo que más me repugna es que la gente está muriendo de abre en el siglo XXI, en un país que tiene mucho para dar intelectualmente. Me repugna que muchos chicos no tengan la posibilidad de una educación y salud digna. Ni hablar de un vaso de agua y alimentos.

Me repugna el monopolio que tiene un estado que se nos ríe abiertamente en los medios de comunicación, muestras tanto cuando uno va caminando por la calle un día ve a personas durmiendo en colchones reciclados y al día siguiente ve el doble de ellos.

Me asquea que la gente trabaje 9 horas al día y que solo gane migajas de la mitad que le retiene el estado. Me repele salir a comprar un bien y que me salga un poco más caro que ayer.

Me genera rechazo que los incentivos de nuestra sociedad se ven tan desvalorizada por un paracito que se peina para salir en las noticias para poder decir ciertas cosas que sirven para el marketing político y no para mejorar la vida y/o darle un techo a un laburante.

Me repugna ver a mis amigos y a mi familia derramando lagrimas por no poder avanzar en sus vidas. Porque ese es el problema, que no te dejan avanzar y no nos damos cuenta, pero inconscientemente sabemos que no todo esta tan bien.

No me interesa quien este arriba. El nombre me es indistinto, no personifico mi crecimiento o mi futuro. Para mi hay que creer en el individualismo de las personas, donde todos salimos adelante por nosotros mismo. Y de ultima, si me equivoco, no bajar a los que están progresando para poder alimentar a los que no tiene oportunidades. Hay que mejorar las oportunidades de todas las personas.

Porque el de arriba crece, pero indirectamente hace crecer a los que están un poco más abajo que él.

Irónico es que esto lo reflexione luego de apoyar a un amigo por un teléfono móvil donde me contaba que no estaba muy bien el día de hoy.

Irónico es que todo lo que nos está ocurriendo tiene un hilo conductor, donde su inicio es en el estatismo y no en la libertad del ser humano/sociedad.

Lo que pasa es que como seguimos una rutina y no nos paramos a reflexionar, jamás vamos a poder romper ese círculo vicioso, donde todos estamos metidos de algún u otro modo.

Todo esto lo absorbemos inconscientemente porque todas esas imágenes entran en nuestra mente y no nos paramos a asimilarlas. Vemos a gente durmiendo en la calle en un frio otoño y seguimos. El problema es que hoy le toco a él, mañana me puede tocar a mí y pasado a tu familia.

https://eljuevesdesofia.com/2021/04/21/mi-repugnancia-by-santiago-acuna/

Santiago Acuña

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