Un elogio al pueblo chileno

Chile antipantalla

“Métale a la marcha, métale al tambor, métale que traigo un pueblo en mi voz.

Métale a la marcha, métale al tambor, métale que viene la revolución”.

Mercedes Sosa, “Hermano dame tu mano”

¡Qué admirable es el pueblo chileno! Admiración por estar en el momento más especial de una sociedad moderna y por haber sido su anhelo más íntimo. Un anhelo, pues, con historia y que, a la vez, la reinicia. Rousseau decía que un pueblo que esté dado a la obediencia, está bien, pero uno obligado a sacudirse el yugo es mucho mejor. Admiración, pues, por la luminosa autodeterminación, por la libertad.

Y cómo no ha de ser así. Toda la existencia y realidad en el pueblo andino austral, desde el 2019 hasta varios años más por delante, lo delatan y lo delatarán ejemplarmente. Han logrado una escisión por su esfuerzo propio, una ruptura en el paso continuo y subyugante de los años. Y, decididos en su querer, marchan hacia su conformación definitiva: como un Jano Bifronte, mirando al pasado y al futuro (puerta temporal que es el presente), pero también, sin dudas, como un χάος primordial. Admiración por la búsqueda implacable evidente en su proyecto de ciudadano, en sus nobles objetivos para su territorio, así como en la nueva configuración que buscan imprimir al Estado, al nuevo Estado. Es decir, el pueblo chileno quiere sentar las bases de su existencia, y demuestra en su espíritu, que recorre lugares, cuerpos y palabras, que él mismo es el principio que escribirá los fundamentos de su sociedad, con la idea clara de un tipo de ciudadano, y con un programa fijo para las acciones de otros agentes.

Un ciudadano, pues, que en su hacer se implique con la sociedad y el Estado, en una organización que resulta de la democracia directa y la democracia representativa, fundidas en una sola, y con los órganos (=herramientas estatales) para controlar, desde el pueblo, a sus representantes.

Un Estado, pues, que cuide celosamente del fin que tengan las acciones de aquellos agentes que operan o quieran operar en su territorio: que se orienten así como salvaguarden el bien común, como la vida, la tierra y el agua. Un Estado que camine sobre la imposibilidad de seguir tolerando que los intereses privados estén por encima, que levante enormes masas de dinero ante una población empobrecida y sometida al capital usurario. Por eso, un Estado del y para el pueblo, en lugar de un Estado por el Estado y para el beneficio capitalista. Y justamente por ser un Estado generado por el pueblo, estará constituido por la paridad de género, por la plurinacionalidad y por la hermosa juventud.

Tal es el anhelo del enorme, inmenso, pueblo chileno. Y por ello, Chile, con esfuerzo loable, ingresa en la memoria de la historia latinoamericana, que hace cincuenta años volvía a sellar la dependencia internacional como una nueva forma de colonialismo: para profundizar el vejamen, el criminalismo y la segregación de los pueblos originarios que son parte fundamental de la identidad latinoamericana, y para efectuar esa irremediable abstracción que son el sindicalismo, el clientelismo y el asistencialismo bonapartista, resultado inevitable al que llegaron las conducciones de todos los reclamos genuinos del pueblo (en los múltiples de Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela), que delataban la incomodidad genuina ante un proyecto ajeno y cuyo único fin fue la absorción estatista al servicio del capital neoliberal. El ascenso del pueblo chileno también eleva esos reclamos resonantes en la comunidad.

¡Qué grandeza, qué magnificencia, cuánto valor!

Es cierto que deberán seguir luchando contra esos intereses egoístas y serviles al capital internacional, ajenos y contrapuestos al deseo genuino del pueblo. Intereses que no sólo están manifestados en su industria, en su comercio rapaz ya instalado y en la máquina divulgadora que es el periodismo hegemónico, sino también que tendrán su voz bien pagada en la Asamblea que discutirá la Constitución Nacional en el año 2022. La lucha que hasta ahora venían manteniendo con denuedo en las calles contra ese instrumento armado del gobierno aniquilador que son los pacos, seguirá el año venidero pero en el campo de las palabras. Del cuerpo a la mente, es decir, otra materialidad que implica otras habilidades, aunque la intensidad de la lucha será igual o quizás mayor, ya que todo momento anterior a una resolución es el más tenso de todos. Así, en lugar de balas, cachiporras, camionetas aplastadoras de cuerpos y que condenan a la muerte biológica, o del encarcelamiento injustificado y fortuito que condena a la muerte civil, tomarán protagonismo las mentiras y los argumentos bonitos que condenarán a la esclavitud, discursos que son el verdadero metal de las cadenas.

Pero, guay de quien, parapetado en esas razones, descanse insensible en la desconfianza. A Chile lo mueve una fuerza muy joven, firme y convencida, tanto más por cuanto su enemigo es bien visible, en su aspecto, en sus discursos y en su actuar opresor y asesino. Una fuerza consciente de lo que quiere, que debe haber desarrollado una perspicacia eficaz para detectar a quienes puedan llegar a ser enemigos de su causa, pero que podrían estar velados bajo un manto de fraternidad. Por ello, es una fuerza que vigilará a la Lista del Pueblo, en su bello e inspirador programa, pues, no obstante, siguen siendo palabras, y la autodeterminación debe decirse pero principalmente hacerse sin desviarse, debe ser mantenida. Juventud que vigilará, con más recelo aún, al Frente Amplio, asociación que bien pudo canalizar el malestar inaguantable a través de las urnas, pero que su historia demuestra que podrían llegar a ser pura apariencia, y que tarde o temprano podrían manifestarlo. La juventud chilena es portadora de un espíritu indómito, consciente y determinante, forjada por la historia de una incomodidad creciente y el cada vez más insistente y obnubilado martillo mandatario. La juventud es la que se ha hecho guardiana, por derecho, de la libertad (cosa que ningún otro podrá hacer) y por eso es la mejor garantía posible de este proceso; al menos, cuanto perduren naturalmente estas generaciones o vengan las nuevas.

Hermosa época la de Chile, en la que “toda la sangre puede ser canción en el viento”. Y yo, al escuchar la voz entre los cerros cordobeses pertenecientes a nuestro sistema cordillerano, oigo que dice “canta conmigo canta, hermanx americanx, libera tu esperanza, con un grito en la voz”. Enaltecido mi espíritu, como desde el 2019, ha dado origen a estas palabras.

Un comentario sobre una fotografía divulgada

Una fotografía ha recorrido internet en sus múltiples espacios virtuales. Es una imagen falsamente representativa: el fotógrafo sensacionalista y manipulador al servicio de los medios (con una subjetividad creativa definitivamente colonizada por estos), arregló los colores de la natural puesta de sol, para que simule una ciudad incendiada, lo cual es falso. Pero, esta mala fotografía, esconde una imagen verdadera: el ocaso ardiente de un Estado no popular y un espíritu encendido de libertad.

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