HAGAMOS LA PAZ, NO LA GUERRA

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La violencia está inscrita en la raza humana desde que el hombre es hombre. Según un artículo de Miguel Ángel Criado, publicado en El País, los seres humanos mataban a hombres, mujeres y niños de forma generalizada e indiscriminada hace 13.400 años.  A esta conclusión han llegado los investigadores del Museo Británico y las universidades francesas de Burdeos y Toulouse, dirigidos por Isabelle Crevecoeur, paleontóloga, después de volver a revisar los restos del cementerio 117, un enterramiento que data del final del Paleolítico.

Aplicando las modernas técnicas forenses, han podido asegurar que las lesiones halladas en los huesos y cráneos fueron producidas por agresiones violentas con armas arrojadizas, con lo que es fácil suponer que diferentes grupos de pobladores de ese periodo se agredieron entre ellos.

Según ese mismo artículo, algunos investigadores han justificado estas agresiones como consecuencia de la falta de recursos debida al cambio climático que se produjo entre el Pleistoceno e inicios del Holoceno. Otros, como José Manuel Maíllo, lo han achacado más al hecho de que las comunidades ya no eran nómadas y defendían su territorio de ataques de grupos vecinos.

Eso sucedió en el Paleolítico, pero en el siglo XXI las cosas no han cambiado demasiado. No hay más que echar una ojeada al mundo. En la actualidad hay conflictos bélicos en Afganistán, Siria, Iraq, Yemen, el Sahel, Sudán, la lucha eterna entre Israel y Palestina…

Se suponía que el ser humano, en su evolución, adquiriría entendimiento y raciocinio, inteligencia superior para resolver sus conflictos por el diálogo y no por la fuerza. A estas alturas tendría que haber desarrollado habilidades para desterrar la violencia, crear un mundo en armonía y paz. Ciencia-ficción, lo sé.

Hoy día hay otro factor añadido: a la violencia física hay que sumarle la violencia psicológica. La que se ejerce desde el poder que disciplina. Michel Foucault en su concepto de microfísica del poder, explica que  la disciplina es utilizada por el poder para anular voluntades y conciencias, disolviendo las individuales en una masa sencilla de manejar con unas pocas órdenes aceptadas a nivel mundial.

Se utiliza el poder para reprimir a aquellos pueblos con pocos recursos o se ejerce sobre otros para apropiarse de los que tienen. La llave de la despensa sigue en manos de unos pocos que no están dispuestos a compartir, en muchos de los casos.

Hay pocas perspectivas de que se logre en un futuro más o menos próximo un mundo en paz. Esa paz enarbolada por políticos, cantada por escritores y poetas, ensalzada por filósofos y pensadores, masacrada una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad. Es una ilusión, un sueño que dudo que la raza humana pueda llegar a ver realizado.

Trabajar para la paz es una frase que se oye con frecuencia. Pero la realidad es que  el estudio para la paz ha sido relegado. Ha interesado mucho más estudiar la guerra y la violencia por historiadores y filósofos. Hay infinidad de análisis sobre los enfrentamientos, tanto armados como políticos, entre los diferentes países, pero escasean los que estudian las relaciones pacíficas o la resolución de conflictos por vía “diplomática” que se diría hoy.

El ciudadano de a pie poco puede hacer, pensarán muchos, como justificante. Es cierto que  estamos en manos de nuestros dirigentes. Pero sí se puede, comenzando por el propio entorno, educar para la paz, por la convivencia con el diferente en armonía, aceptando la pluralidad. Hay que fomentar la apertura a otras culturas, religión, etc… Hay que desterrar el mi y pensar en nosotros. Los reduccionismos exclusivistas son el origen de las guerras y, por desgracia, vivimos en una sociedad cada vez más racista, más xenófoba, más exclusiva que estigmatiza al diferente.

Ha habido una educación ancestral para la guerra.  Si queremos que algo cambie, habrá que educar para la paz. ¿Eso es posible? Es posible, así lo demostraron Gandhi o Martín Lutero King, o tantos otros héroes anónimos, si cambiamos actitudes y mentalidad. Como dice el preámbulo de la Constitución de la Unesco: puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz. Ahí empieza todo.

Un comentario en “HAGAMOS LA PAZ, NO LA GUERRA

  1. Pensar que el mundo actual posee lo suficiente para que todos vivamos en paz, y aún así persiste la violencia. Lamentablemente, el cambio climático y la contaminación ambiental empeorarán esta situación. Sin embargo, quiero ser optimista y pensar que la humanidad ha progresado, y que al menos contamos hoy con ciertas instituciones justas y democráticas que están luchando por el cambio. El sistema económico mundial requiere de un cambio urgente (algunos se refieren a esto como The Great Reset). Y mientras hay personas que difunden odio, hay otras, como tú, que trabajan por la paz.

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