Demodé por Camino Jeremías

En septiembre de 2018, un tipo renunciaba al cargo de Jefe Interministerial (en la práctica, un Vicejefe de Gabinete), sumándose a la cuantiosa lista de los que empezaron un gobierno que se había presentado como el que mejor pudo darse en los últimos cincuenta años en Argentina. CEO de una empresa de comercialización de productos farmacéuticos, en un formato altamente marketinero, à la mode, y muy cercano a su par mandatario, dicho esto en todo sentido. Mario Quintana, en aquel mes, finalizaba su discurso de despedida, con el poema de un monje budista, Thich Nhat Hahn, que comienza así: “No digas que partiré mañana, porque todavía estoy llegando”. Es esta una escena cuyos rasgos son bastante típicos del espectáculo en que devino la política en los últimos cuarenta años, y que deja sobresalir por sí mismo lo extravagante y grotesco de una de las figuras centrales de esa mise en scéne, que Quinta encarna con bastante precisión.

Cada cosa nace con el mundo que le hará nacer y sostener mientras perdure: esta sería una posible forma de alguna tesis metafísica que tal vez Hegel haya reciclado. Cuando el capital comenzó a mostrarse a sí mismo, en un impulso redoblado, en esa faceta suya de fluidez imparable y de dilución total de la referencia (evidenciando así lo que siempre fue, un término de masa – tal como es el agua). Cuando empezó a imponerse la hiperconectividad e instantaneidad, que primero enfatizó la duplicación del mundo en la imagen de las palabras, para luego suplantar y quitar la realidad. Cuando comenzó el dominio de la tecnología de la información. Cuando la salida de una forma de organización estatal, que se mostraba ineficiente con ciertos patrones de acumulación capitalista, implicó la llegada de un reordenamiento estatal que liquidaba la noción de poder y regalaba la huelga a un mero apéndice de la maquinaria consuetudinaria, en un jaque mate escepticista. Cuando emergió la posibilidad de obtener rédito de la mera especulación financiera, el carry trade, los fondos buitres, el juego en las bolsas nacionales e internacionales. En medio de esa nada que se difuminaba en toda su extensión, surgía también ese personaje prototípico cuyo nombre se ha divulgado bajo la palabra neoliberal.

Procedo ahora como en las viejas teogonías, para decir que de esa circunstancia, que es barro y tiniebla, toma aquel su forma. Porque así se explica esa predilección suya por el budismo. Pero es budista no por el budismo, sino por aquella combinación entre liquidación de lo real y llamamiento al credo sui, que en muchos es incrementar las ganancias. Hay allí una conveniencia pragmática para dar fogosidad al espíritu. Es un retorno del individuo hobbesiano precivilizado pero tocado por la amnesia que le hizo borrar las leyes internas de lo social y de la paz. La resurrección budista es la mejor metáfora de la reinvención para alcanzar aquellas metas individuales: lo que implica innovar, no estancarse, y hasta reírse de las propias debilidades para superarlas. Terapia materialista de la trascendencia psicológica y optimismo, que no significa otra cosa que: maximizar el placer porque hay que maximizar la ganancia, el futuro trae algo mejor. Y debido a la eliminación de toda unidad o principio unificador, de cohesión pese a la hiperconectividad, el paradigma de esta etapa termina hipotetizando la existencia de un concierto de cosas sobre el que cada individuo no debe preocuparse, porque, como establece la tradición de algunas religiones de India, las cosas suceden como tienen que suceder: hay que dejarlas ser, y uno dejarse ser a sí mismo, librarse. Pero, esta despreocupación, desatención, e imaginación, está lejos de las enseñanzas de un Krishna a un Arjuna; o de lo contrario, debería decirse que Krishna está atendiendo en los bancos (siendo gerente, cliente y dinero, a la vez), y también, es lo que expulsa la dopamina y es la dopamina misma viajando por la sangre, cada vez que se oye el mantra del yo y de la armonía de uno y el universo.

Eso que denominamos neoliberalismo sin duda fue nuevo, porque su proyecto fue retomar la doctrina con la que nació la Modernidad pero con una modificación: intercambiar el fin político por la vacuidad, que llevaba impresa en su nacimiento. Expresión de la multiplicidad, de la singularidad autosuficiente y autoconstructiva, con la potencia, al menos imaginada, de todos los medios a disposición para el engrandecimiento ensimismado. Nunca pudo dejar de transparentar su matriz de insustancialidad; su muletilla de guerra (la caída del Estado) tendría alguna correspondencia: un gritón que casualmente fue vocero. Y entonces, si bien su combate era, antes bien, una simulación de combate, se llegó a notar así, con más evidencia, los costados más incómodos, intolerables y artificiales del Estado moderno y de la moderna representatividad, en algún punto ya liquidada de antemano. Frente al simulacro social que fue el neoliberalismo, despuntan otras formas organizativas de las comunidades, de los pueblos, como Chile y, si el gobierno criminal de Duque Marquéz (pro-yanqui) no es lo suficientemente terrorífico, el pueblo colombiano también aportará lo suyo.

La pregunta que me hago, y que supone la transición de esta etapa, es: ¿cuánto queda de lo que está siendo traspasado para configurar, de alguna manera, lo que se está abriendo paso? Si es cierto que un nuevo Estado se forma, ¿qué carácter le será impreso teniendo los individuos que le fundan y conforman los caracteres que traen con ellos? Por ahora, sólo veo el lado positivo de los grandes proyectos, por ejemplo Chile, paradigma de la libertad popular, el Estado será plurinacional, diverso en el género, joven, regional, antipatriarcal y comunitario.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Un matiz, ¿Qué decimos de un país como España? Aqui las politicas de derecha o izquierda de los ultimos 40 años son socialdemocratas, por más que sus autores, los unos (Rajoy y otros) se dicen liberales y los otros (Sanchez, zapatero) se dicen socialistas. Tal vez la reflexión pasa por delimitar el término neoliberal y ello nos llevará a descubrir socialdemocracia neta debajo. Te invito si te apetece, tu escribes uno y yo otro, Que es neoliberal? un abrazo. Juan

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    1. Por supuesto, en cuanto a economía política el término o nombre “neoliberal” es trasversal a diferentes proyectos políticos que disienten entre ellos. En el artículo no me concentré específicamente en ello, porque quería señalar que ese término (“neoliberal”) desborda a la economía política, y, para decirlo inversamente a lo que escribiste, “neoliberal” delimita lo demás. Justamente por ello, demanda otro término más adecuado.
      Por lo demás, acepto tu propuesta, pero me gustaría matizarla, si no te molesta: hablar de neoliberalismo respetando las diferencias, y así vos escribís sobre el neoliberalismo en España (y tal vez, en Europa) y yo desde Abya Yala latinizada y los desastres que aquí causó.

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      1. Pues si, me centraré tal vez a España, la tradición de izquierdas de etiquetar neoliberal sin pensar en su propia dinámica. Te contesto vía email fechas etv

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