Llega el verano: ¿Te atreves a jugar?

By Mercedes G. Rojo

Serie: La mirada lectora.

Se acerca el verano y es tiempo de juegos con los que recuperar plazas, parques, praderas,…, todos aquellos espacios donde la chavalería de todas las edades se reencuentra para compartir su tiempo en un ambiente más distendido que el soportado durante los largos días del curso, llenos de periodos de clase y tareas escolares y otros encierros provocados por esta larga pandemia.

Los ritmos y los hábitos se alteran aún más mientras el tiempo de ocio adquiere un protagonismo vital, que llena de voces, risas, canciones y bullicios infantiles las casas y las calles y rincones más solitarios de cada localidad; un bullicio tal vez diferente al que muchos de nosotros recordamos, con una interacción mucho menor entre nuestros pequeños, consecuencia de los miedos y excesos proteccionistas de los adultos (también de la situación actual) y porque los juegos interactivos -basados en la persona y poco más- se sustituyen por teléfonos “inteligentes” que juntan, por ejemplo, a numerosos adolescentes en lugares donde pueden engancharse a una red wiffi, sentados unos junto a otros exclusivamente pendientes de sus móviles y sin apenas mediar palabra entre ellos.  Así, durante horas.

En plena era de la comunicación,  hemos ganado en medios a nuestra disposición, perdiendo, y mucho, en capacidad de relación, interacción y sociabilización.

En este panorama de juegos en los que priman los objetos sofisticados y muy individualizados, podría parecer anacrónico hablar de los juegos que encierra el libro “Vamos juntos a jugar”, del que hoy os hablaré, un libro surgido de la intención de salvar la memoria de nuestros mayores (también la nuestra), junto al intento de proporcionar a las generaciones actuales, a través de las familias, la escuela y el mundo del tiempo libre, una serie de recursos que les permitan compartir momentos y espacios lúdicos, de forma grupal y con planteamientos activamente vitales.

Lejos quedaron aquellos años de mi infancia y adolescencia en que una impresionante pandilla de chicos y chicas (de amplio intervalo de edad) invadía con juegos jardines y plazas de mi ciudad, hasta bien entrada la noche. Lejos el tiempo, que no la memoria, del que mantengo vivo el recuerdo de las infinitas veces jugadas a “Tres navíos en el mar”,  “Guardias y ladrones”, a “Dónde están las llaves” y tantos otros, incluso con una edad que hoy consideraríamos muy avanzada para determinados juegos y que, sin embargo, compaginábamos perfectamente con otras ocupaciones  más “juveniles”. 

Volviendo al tema hoy elegido, me  referiré a un libro fruto de un experimento surgido de los “Talleres de Entrenamiento de Memoria”, con los que hace años comencé a trabajar con la población mayor de la provincia, antes de que se pusieran de moda.

Con intención de encontrar un centro de interés que me permitiera trabajar aspectos básicos para el mantenimiento de la estructura mental de la memoria como la lectura, la escritura, la organización de la información manejada y la comunicación hablada, me propuse utilizar el potencial de los resquicios más vivos en el recuerdo de los mayores, los ligados a los momentos más felices: la memoria de los juegos de la infancia.

Comencé a trabajar la idea con el grupo que mantenía en la Asociación de Viudas de Astorga. Los juegos eran pensados, organizados y escritos, y luego leídos y contrastados para enriquecer la historia de cada uno de ellos en función de los distintos años, lugares y condiciones en que se habían jugado. Tras ello, el material obtenido fue presentado por las propias participantes -en una exposición interactiva- a población infantil y adolescente de los centros educativos de la ciudad. Confluyeron la gran aceptación desde los más jóvenes y el disfrute desde las más mayores, una experiencia intergeneracional tan positiva y enriquecedora que hizo surgir la idea del libro: para que ese conocimiento no se perdiera, para generar situaciones parecidas en otros ámbitos, siempre en torno a una colección de juegos tradicionales, practicados durante generaciones, en distintas localidades, aunque variasen nombres y reglas, según las épocas o las zonas; juegos que podrían haberse perdido con la memoria de algunas de las participantes más mayores pero que consiguieron dejar en este trabajo algunos fragmentos de su experiencia conservados para siempre.

Algunos de los juegos contenidos en este libro recopilatorio cuentan con propuestas de adaptación a la actualidad, basadas en presupuestos de Educación Ambienta que nos facilitan  la disculpa para seguir disfrutándolos -tanto en el presente como en el futuro- como elementos vivos que van adaptándose a las cambiantes circunstancias de la sociedad.

Vamos juntos a jugar es el proyecto ilusionado de un grupo de mayores que se sintieron útiles y vivas mientras trabajamos sobre él; una maravillosa experiencia de comunicación intergeneracional, en la que un nutrido grupo de niñas y niños participaron -también con el proceso de creación de las ilustraciones- teniendo la oportunidad de descubrir otras formas de juego bastante olvidadas o nunca conocidas, de disfrutar con nuevas fórmulas lúdicas, y sobre todo, de reanudar o de iniciar interesantes relaciones con sus mayores  a quienes se acercaron desde el juego.

Personalmente fue la disculpa para ordenar metodológicamente una parte de mi trabajo en torno al “entrenamiento de la memoria”, y la posibilidad de crear una herramienta práctica orientada a docentes y profesionales del tiempo libre que buscan recuperar espacios, tiempos y estrategias para desarrollar desde lo lúdico aspectos que se tienen bastante olvidados en el desarrollo de nuestra juventud.

 Vamos juntos a jugar es la disculpa perfecta para recordar, para encontrar momentos de comunicación e interacción entre las distintas generaciones de una familia, de una escuela, o de… La disculpa para disfrutar o para la curiosidad; el ejemplo vivo de lo mucho que nuestros mayores tienen que contarnos y que compartir, a partir de  su experiencia, fuente de vida y aprendizaje. Su contenido invita a desechar la idea de que el tiempo de juego es inútil para  su futuro; a  facilitarles, en cambio,  más tiempos y espacios para el mismo. Porque el juego también es aprendizaje y enriquece sobremanera el proceso de crecimiento y maduración de niños y niñas. Si lo potenciáramos más, habría muchos aspectos de su día a día que mejorarían considerablemente, porque:  

  • permiten transmitir reglas que facilitan la adaptación a pautas sociales establecidas y a respetar ritmos y tiempos, con las que vamos a encontrarnos en la futura vida social y laboral del mundo adulto,
  • favorecen un aprendizaje natural e intuitivo mediante la observación directa de los pequeños frente a los mayores,
  • se aprende a respetar a  otras personas
  • Y en lo físico, muchos de esos juegos ayudan a desarrollar de forma innata y en un ambiente de socialización y apertura, aspectos como elasticidad, velocidad, coordinación y otras habilidades, asociadas a la práctica del deporte que muchos rechazan.

Los juegos tradicionales son parte importante de nuestros bienes culturales inmateriales, que han de ser preservados antes de que perdamos la memoria de quienes los han jugado; son  juegos que preparaban para la vida en sociedad, de manera racional y respetuosa, sin eliminar la propia individualidad, mediante un proceso natural interrumpido hoy por la modernización de nuestras actividades de ocio y el ritmo que la vida actual impone a nuestras relaciones y las de nuestros jóvenes.

Como bienes vivos que se transforman a medida que la sociedad va evolucionando,  la recopilación oral es la más enriquecedora, pues nos permite un feed-back continuo entre las personas implicadas en los juegos. Este es un libro con intención de mostrar juegos a los más pequeños desde la complicidad en el proceso de padres, madres, abuelos…, que los enriquecerán desde sus propias experiencias haciéndoselos sentir como una realidad en constante evolución. Juegos que crecen gracias al componente afectivo. Y en ese sentido es importante aprender a transmitir, pero aún lo es más aprender a  jugar de nuevo.

Los juegos tradicionales nos permitirán relacionarnos con los demás, tanto horizontal como verticalmente, acostumbrándonos a respetar las reglas del juego social y a la otra persona; nos ayuda a dominar nuestra impaciencia ante situaciones diversas, a colaborar para sacar adelante situaciones comunes… El juego siempre ha formado parte del proceso de maduración del ser humano, en lo individual y en lo social, hasta tal punto que nuestra capacidad lúdica nos ha permitido superar las situaciones más traumáticas de nuestra vida. Por eso el tiempo dedicado al juego es tiempo ganado, en crecimiento, en madurez, en amabilidad, en respeto, en eficacia… En felicidad y en vida. Así  que este verano ¡Vamos juntos a jugar

2 comentarios en “Llega el verano: ¿Te atreves a jugar?

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