Entrevista a Gustavo Flores Quelopana

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Tenemos el honor que Gustavo Flores Quelopana colabore cada 15 días con Focus -j re crivello

UN PENSADOR ESENCIAL Entrevista por José Chocce

Antes de emprender la presente entrevista quisiera reseñar mi valoración sobre el filósofo Gustavo Flores Quelopana (1959). Algunos filósofos son importantes porque proponen respuestas nuevas a preguntas ya debatidas, lo cual ya es bastante. Pero Gustavo Flores tiene el rango de filósofo esencial, porque formula preguntas que nadie había visto y propone respuestas originales. En ese sentido no es un divulgador ni un hermeneuta de otras filosofías, sino que su pensar se halla enraizado en la problematicidad de este filosofar. Quizá el no haber sido profesor de filosofía en ninguna universidad lo exoneró de distracciones académicas y contribuyó a su libre concentración filosófica. Alejado de las preocupaciones por obtener grados y títulos, fue realizando una interesante y personal obra filosófica que concitó la atención, mereció invitaciones a congresos nacionales e internacionales y le permitió ser elegido, incluso, presidente de la institución filosófica más importante del país: la Sociedad Peruana de Filosofía. Lo hizo en una circunstancia difícil y decisiva, nada menos que resucitar una institución que se hallaba paralizada y casi sin miembros activos. Su gestión debió durar un año, pero al hacerlo, contra viento y marea, en menos de un año vio cumplida su labor, convocó a elecciones y entregó el cargo. Y hoy la Sociedad marcha nuevamente vigorosa y dinámica con nuevos miembros gracias a Gustavo Flores. Cuando le pregunté porqué había acortado su periodo me respondíó: “La tarea está cumplida, ya hay nuevos miembros y puedo volver a mi querida escritura”. Cierto, Flores es un escritor de raza. Además, recuerdo que una vez me dijo que no le agradaba estar en una posición de poder, ni tener influencia sobre los demás. Es un personalista puro. Es conocido por sus contribuciones al tema de la filosofía precolombina, el pensamiento posmoderno y la globalización. También ha dedicado importantes obras interpretativas sobre la historia de las ideas (Inca Garcilaso, Antenor Orrego, González Prada, Víctor Andrés Belaunde, Kant, Hegel, Heidegger, Levinas). Yo mismo me sentí atraído por su pensamiento y le dediqué dos libros publicados. La obra de Flores Quelopana es una obra en el sentido que se le da a este término en francés, un conjunto y un organismo en desarrollo, muy bien trabado, de una unidad muy estructurada y que se va enriqueciendo. Cosa que sorprende, porque lo suyo no es el tratado sino el ensayo, dinámico y espontáneo. La revolución de Flores no es partir de la metafísica, la ontología, la ética, ni de la gnoseología, sino de lo que llama la onto-ética. La filosofía es onto-ética y sólo así es metafísica. Ello representa un giro radical porque la onto-ética como núcleo de la filosofía es de tan largo alcance que la filosofía se extiende hasta la prehistoria y hacia formas homínidas anteriores al homo sapiens sapiens. Su prosa es ligera, ágil y conceptuosa, y recrea significaciones nuevas aportando neologismos. Así, Anético, Fracasofilia-Exitofobia identitaria, Hiperimperialismo, Hermenéutica remitizante, Mitocrático, Mitomórfico, Numinocrático, Onto-ética, sean, quizá, sus principales categorías aportadas. Debido a su constante replanteamiento y desarrollo de sus ideas no resulta fácil señalar cuáles son sus grandes obras, porque las que nos parecieron serlo dejan su lugar a otra nueva. Dejaremos que el tiempo nos diga cuáles fueron las fundamentales. No obstante, se puede advertir que su obra tiene el sello de una época finisecular y terminal. De ahí su preocupación constante por la civilización del progreso técnico, que le parece ir hacia la irracionalidad del mundo y la petrificación del espíritu. En este sentido emprendo la siguiente entrevista.

CHOCCE: Dígame profesor, Usted En los últimos 40 días ha publicado cuatro libros.  Especialmente con sus tres últimos libros usted abre una nueva senda en su pensamiento. Por lo demás, me hace recordar a Mozart, que en 40 días compuso sus últimas tres sinfonías. ¿Cómo hace, cómo es su proceso creativo?

FLORES: La verdad es que yo mismo no lo sé. En mí el proceso creativo de la filosofía hay mucho de sonambulismo, de inspiración, de perseverancia y porfía. Pero sobre todo hay un problema que se prenden del alma y no te da pausa hasta que alguna solución encuentre, aunque sea provisional. A veces un libro da lugar a otro. Deja la chispa en la pradera y se produce un incendio que se convierte en otro libro. Eso es lo que me pasó en los últimos tres libros. Además, en mí suele ser cierta aquella frase que dice: “El que mucho lee, tarde o temprano escribe”.

CHOCCE: Pero sus últimos libros son concisos. La brevedad no pasa de las cien páginas.

FLORES: Cierto. Y eso sí es adrede. Prefiero un libro breve pero enjundioso, que otro voluminoso y retórico. Por lo demás, los libros breves son más fáciles de leerlos y examinarlos. También me siento a gusto en ellos, porque mi vena ensayística es exploración de caminos que desconozco y donde recién me adentro. Por tanto, no hay espacio para pontificar y dárselas de sabihondo.

CHOCCE: ¿Su libro Teoría General de la Filosofía puede considerarlo como el mejor resumen sobre su postura sobre el origen del filosofar?

FLORES: Cuando lo terminé eso creí. Pero después de varias semanas y al asaltarme la idea de lo onto-ético, descubrí que no es así. Faltaba la cereza en la torta y eso lo encontré en lo onto-ético. De manera que mi teoría general de la filosofía no está completa si no consideramos su justificación última en lo onto-ético.

CHOCCE: Usted acaba de afirmar “me asaltó la idea”. ¿Así le vienen las motivaciones de sus nuevos libros? 

FLORES: Generalmente sí. Las ideas me asaltan generalmente en las lecturas, y entonces en la mente aparecen ideas colaterales que son parte de mis preocupaciones. Me vienen como si fueran dardos lanzados por la Musa. No es algo fácil de explicar.

CHOCCE: Recuerdo que Usted dijo una vez que eso era “tener duende”. ¿Usted lo tiene?

FLORES: No lo sé. En todo caso aquel “duende” no se tiene, más bien lo tiene a uno. Casi siempre escucho mi voz interior. Trato siempre de oír atentamente lo que viene del fondo del alma. Y como siento que es como si no viniera de mí, sino que es recibido por mí, trato regularmente de hacerle caso, apuntarlo y seguirlo. Lo más interesante que he descubierto casi siempre ha venido de ese modo.

CHOCCE: Generalmente las mentes creadoras tienen manías o hábitos. ¿Usted los tiene? 

FLORES: Sí, pero creo que son muy pocas. Gusto del silencio, algo no tan fácil en un mundo ruidoso y atolondrado. Debo ver todo en orden, el desorden en mi estudio o en mi entorno no me permite pensar, me distrae y confunde. Quizá por ello sea ordenado. Debo verme rodeado de libros, por eso escribo en la biblioteca donde tengo mi estudio. Prefiero escribir de un tirón en el día, sólo interrumpo para las comidas. Y debo levantarme si en la madrugada me asalta alguna idea relacionada con lo que escribo, sólo registrándola puedo volver a dormir. Creo que esas son todas mis manías. No creo tener más.

CHOCCE: Antes de pasar a lo onto-ético quisiera entrar a su interesante obra sobre Auschwitz. A mí me intriga que ningún filósofo peruano haya publicado analizándolo. ¿Por qué cree que esto ha sido así hasta hoy, excepto su obra, claro?  

FLORES: No crea que yo también me lo he preguntado. Cuando terminé aquel libro en una semana, esa interrogación vino a mi mente. La verdad es que sólo tengo una explicación provisional. En primer lugar, la generación que Francisco Miróquesada llamó de la normalización, tuvo varios filósofos que estudiaron en Alemania. Luis Felipe Alarco fue discípulo de Nicolai Hartmann, el cual no simpatizaba con los nazis. Alberto Wagner de Reyna fue estudiante de Heidegger y le dedicó un librito que tuvo gran éxito. Juan Bautista Ferro, el eximio lógico, no estudio en el exterior, pero con su gran renombre influía con sus conversaciones admirativas sobre los nazis. Mariano Iberico hizo un periplo europeo en los años veinte, pero él admiraba la cultura francesa. Víctor Andrés Belaunde en su breve periodo fascista, tenía un retrato firmado de Benito Mussolini, según contó su hijo Antonio. Augusto Salazar Bondy en la década del cincuenta hizo dos recorridos por el Viejo Continente y se interesó por Heidegger, Sartre y Camus. En fin, ¿por qué no se pronunciaron sobre la tragedia del Holocausto mediante una obra? Me inclino a pensar que no se sintieron urgidos, que los asuntivos preferían tocar temas más universales y los afirmativos temas más regionales. Además, el mundo no estaba tan globalizado como ahora y las tragedias de otros continentes no afectaban tan profundamente como ahora. Nunca encontraré una respuesta adecuada al asunto.

CHOCCE: Usted en su libro enfatiza que Auschwitz está vivo en la actualidad a través del pensamiento totalitario del pensamiento único hegemónico. ¿Son así las cosas o está exagerando?

FLORES: Pienso que no exagero y que las cosas son así. Y la tecnología avanza en esa dirección, hacia el control total y la abolición de la privacidad.

 CHOCCE: También ha hablado que estamos en la era de la tecnopolítica. ¿Cómo entenderla?

FLORES: Foucault habló de la biopolítica y Chul Han de la psicopolítica, pero el cambio de las cosas es tan acelerado que hemos pasado a vivir la tecnopolítica. La tecnopolítica es el dominio de las redes sociales, el internet y la web sobre la política. La tecnopolítica ha hecho posible el mundo de la posverdad. No solamente estamos rodeados de Fake news -noticias falsas-, sino también de fake man -personas falsas-. La realidad ha sido sustituida por la hiperrealidad de la tecnología y ello repercute dramáticamente en la voluntad ciudadana. La democracia se vuelve más ficticia de lo que era antes. Entonces las injusticias sociales aumentan. La tecnopolítica es un estadio más profundo de enajenación de la sociedad de masas en el capitalismo tardío.

CHOCCE: Pero a la semana siguiente de concluir su libro sobre Auschwitz emprendió otro libro que lo llamó Ontología de la Alteridad. ¿Hay un hilo ético que conecta a ambas obras?

FLORES: Es verdad, lo hay. En el fondo la pervivencia de Auschwitz en el mundo actual significaba que vivimos una racionalidad sin ética, una perversión de la razón y eso fue lo que me condujo a penetrar en el tema de la ética. Y lo primero que advertí fue que la conexión ontológica con la ética en el hombre era innegable. Por lo que me llamó la atención la postura de Levinas con su ética de la alteridad y su divorcio entre ética y ontología. Lo cual rechacé. Mi ontología de la alteridad es la afirmación de que en el hombre lo ético es metafísico y lo metafísico es ético, no hay divorcio entre ambas, sino que, al contrario, es lo más peculiar del hombre.

CHOCCE: Pues Usted es el primer filósofo peruano que presenta una interpretación personal en la Ética. Pero ello me permite ver que ese desarrollo de su pensamiento se conecta con su planteamiento de la estructura onto-ética en el hombre. ¿Es así?

FLORES: Efectivamente, lo es. Pues vea, al percatarme que en el hombre lo ético es metafísico y viceversa, entonces inmediatamente me pregunté cómo se relaciona ello con el origen del filosofar. Lo cual dio lugar a que naciera el libro Filosofía como onto-ética.

CHOCCE: ¿Cree Usted que con ese libro dio con la explicación más satisfactoria del origen del filosofar?

FLORES: Lo creo. Porque si Grecia no es la medida de toda filosofía posible y si hubo filosofía en el mundo mítico, entonces la filosofía debía de remontarse muchísimo más atrás. Pero para ello se debía encontrar su principio explicativo. Y creo haberlo hallado en la estructura onto-ética del hombre.

CHOCCE: ¿Qué es la estructura onto-ética y por qué posibilita el filosofar?

FLORES: Es el horizonte ontológico de la finitud humana que posibilita la valoración de la universalidad y la búsqueda misma de la verdad. Allí está la base por la cual la criatura humana tiene vocación de verdad, razón y fundamento universal. 

CHOCCE: ¿Tiene idea hacia dónde lo encaminará el derrotero de tales hallazgos?

FLORES: No, no lo sé. Será cuestión de seguir meditando para ver qué caminos nuevos se pueden abrir.

CHOCCE: Por último, ¿no será que el temor a la muerte, ante la ola del covid, aceleró su proceso creativo? 

FLORES: No le puedo mentir. Siempre he tenido muy presente a la Muerte. No soy tanático, pero quizá ahora que nos ronda la Parca puede tener un mayor efecto sobre mí. 

CHOCCE: ¿Teme que su tiempo lo olvide y por eso escribe y publica tanto?

FLORES: No. No me preocupa la opinión que mi tiempo tenga sobre mí. Eso sería escribir por vanidad y eso no me motiva. Me incita a escribir por el mismo misterio del mundo. Pienso que en el filosofar el reconocimiento debe ser algo muy secundario y hasta puede ser peligroso porque puede distorsionar el pensar.

CHOCCE: ¿Cree Usted que le ocurrirá como a otros intelectuales y artistas que fueron olvidados por un tiempo y luego descubiertos?

FLORES: No tengo una bola de cristal para saberlo. Además de no preocuparme, así como va el mundo no creo que nos quede mucho tiempo.

CHOCCE: ¿Ve próximo un holocausto nuclear?

FLORES: Sí y sobre todo porque ya vivimos su antesala en el holocausto moral.

CHOCCE: ¿Cree que estamos dominados por la técnica?

FLORES: Sí y mucho. Los hombres de hoy ansían comportarse como máquinas. Aspiran al máximo rendimiento en todo. Su propio ocio es competitivo. La racionalidad funcional e instrumental lo ha penetrado profundamente. La alienación humana ha alcanzado cotas muy altas. Es muy infeliz al haber perdido el sentido de la vida y por eso aumenta sideralmente el consumo evasivo de drogas, un paliativo a su infelicidad. El predominio de la técnica sólo podrá rectificarse con nuevas bases metafísicas para la civilización del mañana.

CHOCCE: ¿A propósito Usted ha escrito que la drogadicción seguirá siendo una pandemia mientras haya capitalismo, por qué?

FLORES: Porque el capitalismo es fuente de displacer e infelicidad. Las cosas materiales no dan felicidad al hombre. Vive engañado, sobreexplotado y deshumanizado. La compensación más barata es la evasión de las drogas. Un mundo sin drogas será un mundo sin capitalismo. Obvio que no me refiero al consumo cultural y ceremonial. 

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