La violencia como respuesta (1). by Carlos Usín

En estos días de mediados de junio, vivimos atormentados y atónitos por la trágica confirmación de los peores presagios, en relación a la desaparición y asesinato de las niñas de Tenerife, secuestradas por su propio padre.

Al margen de otro tipo de consideraciones, resulta imposible para un ser humano normal, poder imaginar, primero, que alguien sea capaz de asesinar a sangre fría, con premeditación, alevosía y nocturnidad, y segundo, que ejerza ese instinto criminal contra dos seres indefensos, que, además, son sus propias hijas. Uno puede llevarse mal con su ex, incluso albergar un odio africano e imaginar los peores males, pero de ahí a asesinar a tus propios hijos por el simple hecho de querer hacer daño a tu ex, va un larguísimo trecho.

Ahora surgen voces de especialistas, profesionales, psicólogos, sociólogos, juristas, que aportan su visión profesional acerca del perfil psicópata de este tipo de individuos que, lamentablemente, asaltan nuestras conciencias de vez en cuando. Y todo ello, aderezado con situaciones e imágenes similares, de asesinatos en masa, tiroteos en centros comerciales o colegios, iglesias, discotecas o cualquier otro lugar donde se congregue gente pacífica, que suceden en diversos países.

Y por ello, me pregunto ¿a qué se debe tanta violencia? ¿Vivimos en un mundo violento o simplemente somos objeto de un bombardeo constante por parte de los medios de comunicación? ¿Nos están llevando a aceptar la violencia como algo inevitable? ¿Se nos anima a matar y así controlar un poco la superpoblación mundial?

Mientras intentaba ordenar mis ideas, he sido capaz de distinguir diferentes tipos de violencia, alguna de ellas, realmente preocupante, porque parte de las propias instancias del poder.

Violencia callejera: kaleborroka.

Se conoce como tal a los actos vandálicos callejeros, como quema de contenedores, cajeros automáticos, motos y coches particulares, barricadas, cortes de carreteras, calles, paradas de autobús, autobuses (en algún caso, con pasajeros dentro), cortes de líneas férreas, del metro, etc. que en su día utilizaban con frecuencia todos los movimientos pro etarras en el País Vasco, bautizando así, a cualquier acto de características similares que se da en cualquier ciudad española.

Es una violencia sin límites, salvaje, a la que se puede adherir cualquiera que se sienta suficientemente frustrado por la razón que sea, y desee arremeter y destruir lo que sea, con tal de que no sea suyo, lo cual, es fácil, pues él o ella, no tienen nada.

La violencia así, como concepto, se puede enmascarar detrás de múltiples caretas utilizadas como falsos argumentos o excusas: la subida de tasas en la universidad, la calificación de los títulos y másteres, la sentencia de un tribunal acerca de unos golpistas, los requisitos para acceder a un puesto de trabajo en la administración, etc., pero existe un concepto (o grupo de ellos) que podría aglutinar a la mayoría, bajo el epígrafe de “frustración”. Cuando uno considera que ya no tiene más paciencia, que no le quedan más armas, que no tiene nada y, por tanto, no pierde nada por intentarlo, que sus anhelos ni son atendidos ni lo van a ser jamás, entonces, ya no le queda otra alternativa que la violencia.

Si los actos vandálicos se limitan a los altercados callejeros y enfrentamientos con la policía, y durante un determinado período de tiempo más o menos corto, la cosa puede controlarse. Pero si el caos se apodera de la sociedad y se pierde el control, puede terminar en una guerra, ya sea civil o mundial.

Ya he avanzado que las supuestas excusas para montar un altercado callejero y sus participantes, son diversas y algunas muy imaginativas. Voy a poner algún ejemplo.

El Cojo Manteca. ([1])

“LA CORTA vida de Jon Manteca Cabañes, alias el Cojo Manteca, es fascinante. A la edad de 16 años una descarga eléctrica lo derribó del poste de alta tensión al que se había subido. A resultas de la caída le amputaron una pierna y su rostro quedó desfigurado por una fea cicatriz. «Punk y vagabundo sin hogar, el 23 de enero de 1987 estaba recién llegado a Madrid mendigando, cuando se cruzó casualmente con una de las muchas manifestaciones estudiantiles que entonces recorrían la ciudad», dice de él la Wikipedia. Tenía 20 años y la palabra clave de ese párrafo es casualmente. Su ardor combativo y la presencia providencial de un fotógrafo en el instante decisivo lo convirtieron en un icono. La instantánea en que se ve al muchacho sostenido en una muleta y destrozando con la otra una farola dio la vuelta al mundo. A partir de ese momento el Cojo Manteca no dejaba escapar ni una protesta callejera ni los fotógrafos dejaban escapar al Cojo Manteca, para fotografiar sus asombrosos malabarismos destructivos”.

«Algunos sociólogos quisieron ver en él a un símbolo de la juventud y determinados problemas o actitudes específicos de la misma (violencia, desencanto, falta de respeto, estética, etc)», concluye, impasible el ademán, la Wikipedia, donde no se hace la menor mención del objeto de aquellas protestas. ¿Por qué protestaban los estudiantes? Nadie se acuerda ya.”

Es decir, que el individuo en cuestión, del que nunca más se supo, “pasaba por allí” y sin venir a cuento, vio que algunos estaban destruyendo cosas y dijo “pues me apunto, que a mí eso de la discapacidad no me afecta”. A eso se le llama integración social.

¿Acaso no es ese tipo de comportamiento, ese oportunismo circunstancial, en el que pensamos cuando nos llegan informaciones de gente que se traslada de otras provincias (o incluso, países) para participar en una guerra callejera? ¿Qué motivos tenía el Cojo Manteca para apuntarse a semejante turba? ¿Qué había tenido mala suerte? Cabe preguntarse qué hacía subido en una torre de alta tensión, ¿no?

Pero no es necesario remontarse tanto tiempo atrás. Este mismo año, entre febrero y marzo del 2021, se han vivido en España, sobre todo en Barcelona, aunque también en otras ciudades, una auténtica batalla campal entre las fuerzas del orden (con centenares de heridos) y aquellos que clamaban por una supuesta libertad de expresión de un supuesto músico: Pablo Ribadulla Duró, alias Pablo Hasél. (1)

“Aunque nada en su biografía es casual, todo en ella parece improvisado. Por lo demás, se entiende la rabia existencial del joven Manteca y yo entiendo también la rabia existencial de Pablo Hasél.  Al joven Manteca le faltaba una pierna, era un mendigo y tenía un chirlo de lado a lado; no es fácil vivir así. El joven Ribadulla es de una familia de derechas, su padre es rico y su abuelo fue franquista; para alternar e irse de copas con su peña, qué duda cabe, esto desdora”.

Cuando ya estaba en el trullo, seguía levantando el puño y gritando consignas, al tiempo que confesó que había sido Pablo Iglesias, ex vicepresidente del Gobierno de España, el que le había pagado para que compusiera unas canciones en contra del Rey.

¿A eso se le puede llamar violencia institutonacionalizada?

Pues algo de eso hay ([2]).

“Son las siete de la tarde del lunes y se avecina la séptima noche de disturbios en las principales ciudades de Cataluña cuando Juliana Canet i Pedemonte toma la palabra en el plató del programa Tot es Mou de TV3. Youtuber e instagrammer, graciosa y deslenguada, tiene 22 años recién cumplidos y es la comunicadora estrella para el público adolescente en la radiotelevisión pública catalana. Luce moñete alto, pendientes de aro y camiseta de aire infantil con la palabra Barcelona en letras de colores”

  • «Es muy importante entender que las personas jóvenes que salimos a la calle estamos saliendo porque queremos que se nos escuche. Y ha llegado un momento en el que ya no estamos hablando de Pablo Hasel, ya no estamos pidiendo libertad de expresión… Estamos pidiendo por favor que se nos escuche un momento. ¡Estamos gritando, literalmente, estamos…! O sea. No se queman contenedores porque sí, no se revientan cristales porque sí, no se cometen actos vandálicos porque sí… Todas estas cosas se hacen porque los jóvenes están muertos de rabia, que es una rabia que surge de la miseria que habéis estado sembrando vosotros durante todo este tiempo.  Y es normal. Y se responde con una violencia que es una violencia justificadísima».
  • ¿Todas sus reclamaciones, que son «de justicia», no pueden quizá reivindicarse igual sin violencia?
  • —«¿Pero ¿cómo se van a reivindicar igual? Si con violencia no nos escucháis, ¿cómo vais a escuchar lo que podamos llegar a decir sólo hablando? Llevamos… Ahora hablo como una hija del procés, como una tía que ha nacido en plena crisis y que ahora vivirá otra, hablando del tema independentista: yo llevo diez años saliendo pacíficamente y no ha pasado nada, ¡nada! Nuestros propios políticos nos han traicionado aquí en Cataluña y el Estado español nos ha ignorado, como siempre. Es lo único que ha pasado».

No nos debería extrañar, a tenor de los descrito en este artículo, que, si se ampara, promueve y justifica la violencia con falsos argumentos desde los medios de comunicación oficiales de una administración del Estado, después pasen las cosas que pasan. No nos puede extrañar que los trenes de cercanías, o las líneas del Metro, queden inutilizadas durante horas, perjudicando a los trabajadores, a las empresas y a la imagen de un país entero.

¿No es ese, acaso, el sentido de los famosos CDR, los Comandos de Defensa de la República en Cataluña? ¿No era esa la razón de la existencia de las SA Hitlerianas?

Y para prueba de que cualquier argumento es válido para montar una “manifa” y que todo el que quiera pueda ir, vaya, no hay nada como tener un amplio abanico de “razones”. Aquí, otro ejemplo:

MANIFESTACIÓN CONVOCADA POR LA EXTREMA IZQUIERDA EN ATOCHA (Madrid)

«Mil policías desplegados por Hasel. Los promotores de la protesta son grupos antifascistas y anticapitalistas integrados en el Movimiento Antirrepresivo de Madrid (MAR). Este colectivo no sólo ha movilizado a sus adeptos por las redes sociales como Telegram. También han llenado de pintadas varios muros de la ciudad con el lema: «Violencia son los desahucios» o «Violencia es el gasto militar» Pedimos la libertad de Pablo Hasel y de todos los presos políticos ¡amnistía total!»

O sea, que en el mismo párrafo y en la misma protesta, van los desahucios, el gasto militar y el Pablo Hasel.

¡Y un huevo duro! Que diría Groucho Marx.

No será necesario recordar el pasado anarquista y agitador de un profesional con máster en la materia, como Pablo Iglesias. Reventar actos en la universidad contra Rosa Díez, por ejemplo, o acosar en el domicilio particular a Soraya Sáenz de Santamaría, fueron dos de sus más afamadas acciones, a las que cínicamente calificaba de “jarabe democrático”. Eso sí, cuando él era vicepresidente del Gobierno, había 50 miembros de la Guardia Civil, custodiando su chalet de más de 1.000.000 de euros, que se había comprado en Galapagar, para evitar las molestias de los vecinos. Entonces, no quería jarabe.

Todo ello provocó en su día la reacción de la que fuera portavoz parlamentaria del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo: ([3])

«Son millones de ciudadanos, de perfil y procedencia ideológica muy distinta… quienes rechazan, por sórdida y disolvente, la presencia en el Gobierno de un partido que promueve la violencia, ataca a los jueces y jalea a los enemigos jurados de la democracia. Que sienten repugnancia ante el sistemático blanqueamiento no ya de los Tejeros de 2017, sino de Bildu, una fuerza política que justifica el secuestro, el coche-bomba y el tiro en la nuca».

Y mientras se contemporiza con estos especímenes, en las residencias de menores tuteladas de las Islas Baleares, las niñas son sometidas a abusos sexuales.

Tanto el PSOE como sus socios, se han negado, en repetidas ocasiones a investigar este asunto, en el que están involucrados algún ex esposo de una política en activo y que forma parte del gobierno de la Comunidad Valenciana.

Aunque el paradigma de lo que representa la violencia institutonacional la tiene sin duda alguna Donald Trump, enervando, alentando, promoviendo y empujando a una turba enfebrecida a asaltar el Congreso de los EEUU, con resultado de muertes y heridos, además de los destrozos materiales y la imagen dada al planeta entero.


[1] Fuente: (El Mundo. viernes 26 de febrero de 2021) – Andrés Trapiello

[2] Leyre Iglesias – El Mundo 28 de febrero de 2021

[3] El Mundo 11-03-21

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