La violencia como respuesta (Parte 2).

Violencia juvenil: acoso, ciber acoso, peleas…

¿Cómo es posible que un ser humano termine asesinando a alguien y descuartizando el cadáver? ¿Cómo es posible que un chaval de 23 años, haga eso con una chica de 17 y, además, tenga la desfachatez y el cinismo de salir en TV rogando que aparezca y que deje de esconderse?

De vez en cuando nos escandalizan ciertas imágenes en las que se ve a jóvenes, tanto chicos como chicas, maltratando, peleando, atacando en manadas o de modo individual a una víctima y colgando las imágenes en internet, como si fuera un trofeo de caza. Chavales de 12, 13, 15 años, apaleando a otros, compañeros del colegio, del instituto, del barrio.

¿Cuántos suicidios de jóvenes y adolescentes se han contabilizado en España como consecuencia del acoso? Acoso que se produce tanto dentro de las instalaciones educativas como a través de las redes sociales, a pesar de lo cual, los centros educativos se inhiben y se ponen de perfil, pasando el problema a instancias superiores, o a la policía, pero al final, el que tiene que abandonar el centro es la propia víctima y no sus agresores. (Ver acoso escolar en Masticadores).

¿Cuántos suicidios  ha provocado el COVID19?

Defunciones por suicidios 
Resultados nacionales 
  
Suicidios por edad y sexo.Fuente: Instituto Nacional de Estadística (2017)
Unidades: suicidios 
  
 Ambos sexosHombresMujeres
Todas las edades3.6792.718961
Menores de 15 años1367
De 15 a 29 años27320469
De 30 a 39 años45235498
De 40 a 44 años34424698
De 45 a 49 años36729176
De 50 a 54 años421305116
De 55 a 59 años362254108
De 60 a 64 años25117081
De 65 a 69 años23016268
De 70 a 74 años24516679
De 75 a 79 años20414559
De 80 a 84 años25920455
De 85 a 89 años18014337
De 90 a 94 años64568
De 95 años y más14122

Pero esto, no abre los telediarios. Ni los cierra. Ni se habla. TRESMIL SETECIENTOS suicidios en un año (2017) y no se habla de ello.

¿A nadie le importan estas víctimas? ¿Nadie se pregunta la razón de que un joven de 15 años o de 40, llegue a tomar una decisión así?

¿Quedadas de pandillas para pegarse? Así murió un seguidor de fútbol. Le tiraron al Manzanares en Madrid, malherido, y falleció. Nunca se supo quién fue el autor material del crimen.

¿Marta del Castillo? Nunca se recuperó su cadáver. Fue asesinada por alguien de su pandilla, en una casa particular.

¿De dónde viene tanta violencia y tan gratuita? ([1]).

«El Rompecráneos, La caza del pijo, Vacuum challenge, La ballena azul… Estos y otros peligrosos retos virales han conseguido que miles de adolescentes pongan en peligro sus vidas o las de otros sin sopesar las consecuencias. ¿Qué puede haber de ‘atractivo’ en grabar vídeos poniendo la zancadilla a un amigo, golpeando a chavales que viven en barrios de clase alta, envasándose a sí mismos al vacío con un aspirador o autolesionándose en distintas pruebas, como demandaba el terrorífico reto de La ballena azul? Según los expertos, compartir estos retos les hace sentir conectados entre ellos durante su transición al mundo adulto, un ‘viaje’ que, en realidad, es lo más parecido a un duelo.

Así lo explica Enric Soler, tutor del grado de Psicología de la UOC, quien recuerda que adolescencia viene del latín adolescere, es decir, ‘el que crece’, ‘el que adolece’. «Se trata del duelo por la pérdida del cuerpo y los privilegios infantiles y de la integración en el mundo de los adultos».»

«Soler sostiene que, mientras transitan por esta etapa de cambios tan brutales, «se encuentran muy solos; ni los niños ni los mayores les entienden». El ciclo de vida les dirige hacia el mundo adulto, «al que retan constantemente» pero, mientras dura esa transformación, «solo pueden satisfacer sus necesidades gregarias compartiendo retos, sintiéndose integrados en su mundo, el de los adolescentes», asegura.

Ese mundo adolescente de experiencias compartidas se encuentra hoy, sobre todo, en las redes sociales. Según el estudio Uso desadaptativo de las TIC en adolescentes: perfiles, supervisión y estrés tecnológico, más del 60 % de los adolescentes usa las TIC sin supervisión y casi la mitad, el 45 %, tiene un uso desadaptado de las mismas; es decir, no las utilizan de un modo responsable.

Todo ello tiene lugar en un entorno dominado por la «dictadura del like», que les empuja a hacer todo aquello que consideren necesario para obtener más popularidad.

Por desgracia, en este escenario, los retos virales pueden dar muchos puntos: obtener uno de los 4,2 mil millones de likes que se dan a diario es una tarea a la que este tipo de desafíos pueden ayudar mucho.

Sin embargo, no todos los adolescentes que se apuntan a un reto viral eligen desafíos violentos o que ridiculicen a otros. Hay quienes intentan hacer viral su vídeo lanzándose un cubo de agua helada para recaudar fondos para la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), o apuntándose a una coreografía en pareja con movimientos en espejo, como en el reto de Oh na na na.»

Al parecer, en mi caso, debí ser un sujeto amorfo, inadaptado y propicio para ser sometido a una trepanación o una lobotomía, porque a lo único a lo que me dediqué, fue a jugar al fútbol. Bueno también recuerdo una experiencia paranormal con una bicicleta, pero para no hacerlo muy largo, aquí pongo el link, por si alguien se decide.

En mi descargo diré que como entonces no había internet, lo más parecido a una conducta adulta que podías imitar era fumar y beber alcohol, y hasta en eso era ya rarito de adolescente, porque yo jamás he fumado y cuando iba con la pandilla a la bodega de Valdemorillo, yo era el único que se pedía una coca cola. Se ve que nunca he tenido conciencia de rebaño.

«¿Qué hace que se decanten por este tipo de retos ‘blancos’ o por los que los expertos califican de ‘desadaptativos’? En opinión de Soler, todo depende de la forma en la que afrontan esa transición hacia el mundo de los mayores. «Cualquier comportamiento que se dirija hacia conductas propias de los adultos será considerado una conducta saludable. Por el contrario, la resistencia a pasar ese duelo conducirá a un estancamiento o incluso a una regresión evolutiva de la persona», señala.

Y como muestra, pone el ejemplo del reto de ‘La caza del pijo’, tras el que se esconde un intento de canalizar la rabia propia de cualquier duelo de una forma violenta, es decir, de una forma infantil. «Un niño pequeño puede tener una rabieta cuando algo no sale como espera, pero cuando un chaval adolescente se comporta como un niño enrabietado tiene mucha más capacidad física y mental de dañar voluntariamente al prójimo, o también a sí mismo», advierte Soler.

No cabe duda de que la situación actual, con un panorama socioeconómico y laboral cada vez menos atractivo, tampoco es un aliciente para zambullirse alegremente en el mundo adulto. Y este puede ser otro factor que ejerza resistencia en el adolescente a la hora de integrarse en la nueva realidad adulta que le toca vivir. «No es casualidad que en el reto de ‘La caza del pijo’, los adolescentes que creen tener una peor perspectiva de futuro atenten violentamente contra otros a los que perciben con más facilidades para desenvolverse mejor en el mundo de los adultos», explica Enric Soler.»

Ese espíritu de Peter Pan, de no querer crecer, debe ser el causante de que muchos jóvenes prefieran jugar con sus colegas a la Play Station antes que quedar con una chica. Y eso me lo dijo hace años una chica treinteañera y cirujana, que encontró un problema a la hora de codearse con tíos de su edad. Y claro, la mayoría de los que eran mayores, ya estaban casados o divorciados o con hijos, y tampoco era plan.

«Además, hay otra circunstancia que puede influir en esa atracción que sienten algunos adolescentes hacia los retos virales desadaptativos. «En las muertes de familiares que no se comparten con los niños, aunque sea con la buena intención de protegerlos del sufrimiento, estos se sentirán excluidos del sentimiento de dolor por la pérdida de un miembro significativo de la familia y, al llegar a la pubertad, tenderán a no compartir con sus padres los sentimientos encontrados de ser niño y adulto a la vez. De esta manera, transitarán por la adolescencia en solitario, seguramente con la misma buena intención: no preocuparles», afirma.»

Aquí hay otra excepción en mi caso: a los ocho años fui al entierro de mi padre.

«En resumen, la falta de una expectativa de adultez atractiva, el hecho de criarse en una familia que vive de espaldas a sus propios duelos y la interacción con otros adolescentes que se agrupan, inconscientemente, con estos factores afines pueden ser un buen caldo de cultivo para un adolescente cuando se trata de sumarse a un reto viral como La caza del pijo o La ballena azul.

Pero, además de todo lo anterior, en opinión de José Ramón Ubieto, psicoanalista y profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, el camino de la infancia a la edad adulta implica atravesar «ritos de pasaje a través de los que se busca superar una prueba. Y debido a la propia naturaleza del desafío, lo esperado es que se den al margen de la familia», explica.»

En algunas tribus africanas, para acceder a la edad adulta, debes matar a un león. Con lanza, nada de mira telescópica. Y creo que el padre le acompaña. Aquí, algunos dan lecciones de cómo ponerse un preservativo y con eso ya consideran que han cumplido.

«Paradójicamente, esos desafíos que ocultan a sus progenitores esperan que sí sean vistos por cuantas más personas, mejor. Es una de las características del reto viral de la era digital que no existía en el mundo analógico o, al menos no con tal magnitud. A ello se suma que las redes sociales pueden generar un efecto de «cámara de resonancia» por la tendencia a unificar opiniones, como recuerda José Ramón Ubieto. Y es algo especialmente preocupante en el caso de retos violentos. «En las redes sociales, se reciben mensajes que van en la misma dirección de lo que uno plantea, por lo que la violencia se puede multiplicar al sentirse respaldados por otros«.

Para evitarlo, Ubieto aconseja a los padres mantener conversaciones informales que ayuden a que los adolescentes hablen con ellos y permitan conocer su opinión sobre lo que les preocupa, además de hacerles saber cómo fue esa etapa para ellos. «La manera de introducir una responsabilidad es que sientan que nos importan, poner atención en sus preocupaciones. Una buena aportación que pueden compartir los padres con sus hijos es sobre cómo fue su adolescencia. Pueden pasar de la economía de la atención -que focaliza la atención individual en la conexión- a la conversación en modo de presencia atenta, donde lo que prima es el vínculo y no la conexión unidireccional», afirma el profesor.»

Es cierto que la adolescencia no es la mejor época para estrechar lazos con los padres. En el fondo tiene su lógica, pues el objetivo de crecer, de madurar, es el de obtener la independencia posteriormente. Lo que pasa es que, por un lado, ahora la independencia no se obtiene hasta los 35 y por otro, las redes sociales son una ventana a un mundo que, hace tan sólo unos pocos años, no existía y por esa ventana pueden marcharse a lugares desconocidos de los que algunos, cuando regresan, y si regresan, terminan en la cárcel.

En mi adolescencia lo más lejos que ibas era a la calle a jugar al fútbol o en verano con una panda de amigos con los que ibas a la piscina de la urbanización, organizabas partidos de fútbol contra otras urbanizaciones, jugabas al tenis, hacías excursiones al campo o visitabas la bodega del pueblo. Y eso era todo. Hoy en día, los padres tienen que hacer de policías de sus hijos, porque no saben si su hijo está en contacto con unos neonazis en busca de alguna víctima a la que apalear, o si su hija se ha puesto en contacto con una amiga que le pide fotos desnuda y resulta que es un pederasta de 45 años.

En cualquier caso, estoy convencido de que hay ciertos conceptos básicos que se maman en casa, en la convivencia diaria, en los comentarios aislados. Todo ello, son piezas de un complejo rompecabezas que se va conformando con los años y poco a poco vas colocando cada pieza en su lugar. ¿Qué clase de educación recibió el padre de las niñas de Tenerife? ¿Qué estarán pensando sus padres, los abuelos de las niñas? ¿Qué educación recibieron los violadores de la manada de Pamplona? ¿Qué hicieron los padres de los asesinos de las niñas de Alcácer con sus hijos?

La violencia se aprende, no se hereda.


[1] El Mundo REDACCIÓN ZEN, 15 junio 2021

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Yo creo que hay gente que no entiende qué significa traer un niño al mundo. Es una gran responsabilidad y requiere de gran esfuerzo. Muchos tienen un bebé porque creen que la experiencia va a completar la frágil felicidad que han conseguido hasta ese momento. Es el nuevo «producto» que les va a dar felicidad, porque todo el mundo lo tiene a cierta edad. Por ello, cuando la realidad golpea, se opta por darles a los niños un teléfono de última tecnología, un babysitter infalible que les permite a los padres mismos distraer la consciencia con su propio aparato. Hay padres encomiables que están luchando hoy por mantener la sanidad en el hogar, pero un porcentaje de la gente ha tenido hijos sin responsabilidad.

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  2. Carlos Usín dice:

    Estoy de acuerdo. De hecho creo que no hay mayor riesgo de romper un matrimonio que un hijo. Ya sé que seré satanizado y lanzado a la hoguera pero hace ya mucho que escuché esa frase a un profesional.
    A los problemas que ya presenta por defecto la vida, ahora se suman, los que sobrevienen de los divorcios, aunque sean amistosos, que los hay.
    Aun así, me cuesta trabajo entender de dónde salen esas manadas que violan, acosan, patean y asesinan, por los motivos más perentorios: porque eres negro, blanco, del otro equipo de fútbol u homosexual.
    De cualquier forma, muchas gracias por leerlo y tomarte tu tiempo para colaborar.
    Un saludo cordial.
    Carlos

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