SONRÍA, POR FAVOR by Felicitas Rebaque

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Hemos tenido que aprender a sonreír con los ojos. Durante más de un año, hemos ocultado  nariz y boca bajo la mascarilla como escudo protector frente al Covid. En la actualidad, cuando ya se permite despojarnos de ella, me pregunto si se nos ha olvidado sonreír.

La sonrisa es un elemento del lenguaje no verbal que indica agrado, placidez, concordia…,   una herramienta fundamental para la socialización y uno de los gestos más importantes en el saludo.

Cuando se nos presenta a alguien, la sonrisa es una declaración de intenciones. Si nos sonríe y le sonreímos significa que damos y nos dan una bienvenida  cálida y sincera, y a nuestra sonrisa, por norma general, se responderá con otra sonrisa.

El hombre es un hombre sociable por naturaleza hasta el punto que tendemos a relacionarnos con las personas risueñas y a alejarnos de las ariscas.

Entre las bondades achacadas a la sonrisa, está la que afirma que las personas que sonríen mucho viven más.

Hay estudios muy curiosos al respecto como por ejemplo el que llevaron acabo los investigadores de la Wayne State University. Examinaron las fichas y fotografías de más 2010 de jugadores de baloncesto de las ligas estadounidenses previas a los años cincuenta y comprobaron que los que tenían sonrisas más amplias fueron los más longevos, con una media de 80 años. En cambio, los que no sonreían su media de vida era de 72,9 años.

No podemos dar por concluyente la variable que a mayor sonrisa igual a más años de vida, pero sí que es cierto que  a la persona que sonríe mucho se le suman otra serie de emociones, como el optimismo, la positividad, el buen humor, que pueden influir en aumentar la esperanza de vida.

Sonreír, cuando la sonrisa es sincera y no políticamente correcta, nos hace sentir mejor. Los avances de la neurociencia han demostrado que Charles Darwin, cuando enunció la teoría del feedback facial, estaba en lo cierto.  Esa es la razón por la que animar y hacer sonreír a una persona que está pasando un duro trance es beneficioso.

Un estudio llevado a cabo con técnicas de neuroimagen ha demostrado que la sonrisa de otra persona activa nuestro propio circuito de recompensa. Incluso  podemos aplicarlo a nosotros mismos en nuestros momentos malos: mudar nuestra sonrisa puede transformar nuestras emociones.

Hemos y estamos pasando un duro trance. Nadie se podía imaginar que viviríamos lo que habíamos visto en películas catastrofistas y de ciencia ficción. Una vez más, la realidad ha superado a la ficción. Se ha sufrido mucho: el miedo, la enfermedad, las pérdidas de tantos seres queridos nos han borrado la sonrisa del rostro y han encogido nuestro ánimo. Ahora que parece que nos vamos recuperando, que hay un atisbo de esperanza, que estamos llegando al final del túnel… regalemos sonrisas.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Garceslogía dice:

    Pequeños gestos, que transforman un mundo…

    Le gusta a 1 persona

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