CUBA EN EL CORAZÓN by Jaime Nubiola

el

Para Masticadores Focus y mi blog

         No es fácil escribir sobre lo que ocurrió en Cuba el pasado 11 de julio. Me emocionaba al ver los videoclips que había subido a Facebook mi antigua alumna Mónica Aguerri, casada hoy con un cubano y buena conocedora de la isla. En uno de los vídeos se veía a centenares de personas —en su mayor parte jóvenes— gritando “¡Libertad, libertad!”; en otro, los manifestantes empuñaban en alto sus teléfonos móviles coreando «El pueblo unido jamás será vencido» ante las fuerzas de policía. Me traían a la memoria los mismos gritos que lanzábamos los jóvenes en España a principios de los años setenta del siglo pasado.

         Sin embargo, la situación en Cuba es muchísimo más dramática que la de España hace cincuenta años. No es solo una reivindicación de libertad. En Cuba hay hambre, mucha hambre. La tragedia de esa isla —durante cuatro siglos española— es que sus líderes revolucionarios se han perpetuado como una casta dirigente que explota inmisericorde al resto de la población. «Es el pueblo cubano el que se ha cansado y se ha echado a la calle», decía un experto. Y otro añadía que, una vez superado el mesianismo de los hermanos Castro, había una crisis de confianza en los dirigentes actuales, una pérdida de expectativas.

         He estado dos veces en La Habana por motivos académicos. La primera en noviembre de 2015, cuando tras la apertura de relaciones con Cuba anunciada por Obama acudí en compañía de Rosa María Mayorga, una filósofa cubana residente en Miami, a un pequeño congreso con el deseo de establecer una cabeza de puente con estudiosos locales para investigar la recepción en Cuba del pragmatismo norteamericano en las primeras décadas del siglo XX. El viaje me llenó de optimismo pues parecían advertirse señales de apertura en el estado policial cubano.

         Regresé dos años después, en noviembre de 2017, y las esperanzas suscitadas por Obama se habían desvanecido totalmente con la presidencia Trump. El pesimismo se cernía de nuevo sobre la isla. Basta considerar que, mientras los altos dirigentes políticos y militares viven en lujosas urbanizaciones cerradas, un profesor universitario cobra unos 50 euros al mes y tiene una cartilla de racionamiento que apenas garantiza la subsistencia. La situación en estos años de pandemia se ha deteriorado todavía más al desaparecer el turismo del que vivía mucha gente. Además, los Estados Unidos mantienen la prohibición del envío de remesas de dinero a Cuba para evitar que sean confiscadas por el gobierno.

         Quien visitó los países del Este europeo bajo el comunismo comprueba que en Cuba se repiten todos los males que envilecían a los seres humanos de aquellos países: el imperio sistemático de la mentira, los pequeños robos en las transacciones ordinarias, una descarada prostitución en las calles a cualquier hora del día, etc., etc. Pero además en Cuba nada público funciona adecuadamente: prefiero no entrar en detalles, pero ningún lector español podría imaginar el lamentable estado de los aseos en el edificio de la Escuela Diplomática en la que se celebraba el congreso del año 2017, por no decir que en la carta de los restaurantes para turistas la mitad de los platos que se ofrecían no estaban disponibles por falta de suministro.

         Me prometí a mi mismo no regresar a Cuba mientras no se estableciera un régimen democrático. Me llega hoy la invitación a suscribir una carta colectiva con ocasión de las recientes declaraciones del secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, en la que se dice:

         «La tiranía cubana se ha mantenido 62 años en el poder, debido, primero, a la feroz represión que ejerce sobre su propio pueblo; y segundo, a la complicidad de la izquierda internacional, que justifica los crímenes de lesa humanidad del castrocomunismo, alegando falsamente que se trata de una revolución en contra del imperialismo.

         Sin embargo, los acontecimientos de los últimos días y las terribles imágenes de la represión de los cuerpos policiales en contra de un pueblo desarmado, deben servir de aliciente para que caiga la dictadura, como pide Almagro, y para que se produzca una transición hacia un gobierno democrático».

         Rezo para que esto sea así, pero estoy poco convencido de que vaya a ocurrir algo ahora. Hace falta un Gorbachov que, desde dentro del sistema, comience a decir la verdad, liberalice el sistema económico e instaure un régimen de libertad.

         Solo quiero añadir que en mis dos viajes me impresionó la gran amabilidad e inmensa cordialidad de tantas personas en Cuba, que anhelan que cambie la situación, pero a las que el sistema político no les deja hacer nada. Por eso he titulado estas líneas «Cuba en el corazón».

Pamplona, 17 de julio 2021

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s