El coronavirus como ventana de oportunidad by Isidro Benigno Ñat

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Se habla siempre de normalidad con connotaciones negativas, pero cuando todo se tambalea un poco deseamos volver rápidamente a los madrugones, a las comidas pre-cocinadas y a los pequeños dramas del día a día. Es como si la realidad nos engullera hasta dejar de existir (Victor Cervantes, Marcadorint. 2019).

Hoy se siente en todos los rincones aquello que escribió Rulfo en El llano en llamas cuando uno de sus personajes escuchó el silencio y preguntó:

-¿Qué es? ¿Qué es ese ruido?

Ese ruido sordo es el COVID-19 o Coronavirus. Una pandemia mundial que está sacudiendo los cimientos del mundo sin miramientos a raza, sexo o clase.

El oxímoron. Un problema matemático sin algoritmo.

Yes que hace unos cuantos días, la vida transcurría plácidamente en ese remanso valle de paz e ilusión llamado tu hogar. Te levantaste para ir a ese trabajo que a veces amas y otras veces odias, a ese colegio que te encanta o simplemente apagaste el despertador para dormir un ratito más.

De repente por la mañana escuchaste en las noticias que algo raro había pasado en China. Por la tarde que era un virus y por la noche que había contagiado a mucha gente en una ciudad remota llamada Wuhan (China), donde el día también transcurría plácidamente.

Todo parecía una broma…

El virus es real!!

-¿Corona qué?- Preguntó la abuela.

-Coronavirus abuela ¡CO-RO-NA-VI-RUS!- Respondió el nieto.

De repente, como una silenciosa y desagradable brisa, se expande por cada rincón de la Tierra. Empezando por China, pasando por Taiwán, Japón, Turquía… hasta llegar a tu puerta.

El resto es historia conocida, muchos muertos, miles de contagiados, fronteras cerradas, etc.

El panorama es desolador, todo ha empezado, el final… incierto.

Y es que el Coronavirus es una amenaza nueva. No sabemos a qué nos estamos enfrentando, no hay vacunas ni sabemos cuando acabará. De momento.

Sólo sabemos que hoy nuestra casa es el lugar más seguro del mundo, y lavarse las manos la medida mas eficaz para evitar el contagio.

Hemos entrado en pánico, lo sé.

La prudencia de la que hablaban al principio ahora es, el no me hables tan cerca o no me toques si no te has lavado las manos. Entendible.

Somos todos víctimas y verdugos. También lo sabes. Ellos por inducirte al pánico y tú por olvidar la prudencia. Yo también.

Como dijo aquel, cuanto menos sabemos de algo, más espacio hay para la imaginación y, por lo tanto, mejor es.

¿Lo malo? lo sabemos ya, pero… ¿y lo bueno? ¿Podemos sacar algo bueno de esta situación? Creo que .

Estamos ante una ventana de oportunidad para replantearnos el rumbo de nuestras vidas, de nuestro planeta y del futuro que está por venir. Un período de tiempo durante el cual una acción, pensamiento o decisión puede cambiar el rumbo del viento. Una vez este período termine o la ventana haya sido cerrada, el resultado previsto no será posible.

En esta oportunidad desde la ventana Daniel Innerarity se pregunta en Una teoría de la democracia compleja: Gobernar en el siglo XXI: ¿Puede sobrevivir este sistema mundial a la complejidad del cambio climático, de la inteligencia artificial, los algoritmos, las desigualdades socio-económicas y los productos financieros?

Yo también me lo pregunto.

El mundo ha cambiado de forma acelerada, y como el universo, se expande aceleradamente. Aquel calculado por Newton o Laplace era el mismo cuyo gobierno formularon Rousseau o Adam Smith. Era la época de la visión mecánica del mundo, de las luces, de la ciencia moderna y sus categorías epistemológicas. Hoy, vivimos en el mundo de la globalización e hiper-velocidad, de las experiencias trascendentales y del Internet de las cosas inservibles.

Somos producto de nuestro tiempo, le decia el Dalai Lama a Howard C. Cutler en El Arte de la Felicidad (The art of happines, Cutler & Gyatso, 1998). La ventana está abierta, las decisiones que tomemos hoy afectarán inevitablemente al futuro que está por venir.  Priorizar la salud mundial sobre la economía es menester.

Antonio Agredano lo definió brillantemente en un tweet. “Un reto colectivo en plena era del individualismo”. Lamentablemente, no es muy optimista, pues entiende que si la sociedad fuera un equipo de fútbol, cada uno pediría que se la pasaran siempre, se enfadaría por el cambio y reclamaría una subida de sueldo a final de cada temporada.

Rauschenberg y Antonio, tienen mas en común de lo que imaginaba. Rauschenberg pintor inusual, pidió que pintaran un cuadro para que él lo pudiera borrar. Estuvo dos meses borrando la obra hasta que terminó un precioso e impoluto trozo de papel blanco, por el que es recordado. Un cuadro que, simplemente, elimina todo lo anterior.

Tabula rasa.

Deberíamos aprender de él. Reivindicó la lentitud frente a la aceleración en la vida, la lentitud en la conversación, la bebida y la sexualidad.

Se cumple la premisa de Cortázar que reza: de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. Le pertenece a la vida, es la vida misma. Y solo nos queda eso: la esperanza… y el FUTURO.

El escritor argentino escribió en sus diarios: “Cuando quiero tranquilizarme me refugio en el futuro: dentro de diez años me voy a reír de todo esto”. El futuro es como queramos que sea hoy. Ya veremos cuando llegue.

En la misma linea, Piglia que debería servirnos para saber que: igual hoy no somos felices, pero mañana seguramente sí.

Recuperar el enfoque en las cosas importantes de la vida. Tarea ineludible. El monje budista Thích Nhất Hạnh nos pone sobre la pista en su obra Sin Barro, no hay flor: El arte de transformar el sufrimiento (No Mud, No Lotus: The Art of Transforming Suffering, 2014). Para Hạnh vivir desenfocado es una elección, igual que la felicidad o el amor. De cada uno depende tomar las decisiones adecuadas para minimizar el sufrimiento y maximizar la felicidad.

-¿Y cuál es el mejor sistema?- concluye Hạnh, sin respuesta.

Le falta el sistema. A mi también.

Para mi el mejor sistema universal es aquel que maximiza la satisfacción física, mental, espiritual y social, de cualquier ser existente. En suma, aquel que maximiza la felicidad.

El nombre aún no lo sé… Su estructura tampoco, aún….

En época de tenerlo todo a nuestro alcance, lo que escasea es el tiempo para disfrutarlo. Así que no os robo mas tiempo, con la esperanza de que disfrutéis con vuestros seres queridos con la mirada puesta en el futuro.

Isidro Beningo

También disponible en mi blog: https://inquietud3s.wordpress.com/2020/03/22/el-coronavirus-como-ventana-de-oportunidad/

#COVID-19, #Coronavirus, #Economia, #Salud, #Felicidad, #Pandemia #Futuro

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