Narciso y Edipo by Ana de Lacalle

Estando Narciso sentado a la orilla del río con Edipo, éste le preguntó: -A ti ¿de qué te acusan en el mito? -¡Va, son cuentecillos que se inventan para educarse entre ellos! –Sí, sí. ¿Pero qué dicen de ti? – que estoy demasiado lleno de mí mismo, enamorado de mí mismo creo. Y de ti ¿Qué cuentan?-Bueno, lo mío es peor. Parece ser que me enamoro de mi madre – ¡Buen tiro tío, ni que buscar tienes!-le interrumpió Narciso- Ya, sí, je, je. Pero para que eso sea posible mato a mi padre –Ya veo, esto se pone crudo –medita su interlocutor.

-¿Crees que esos mitos tienen algo que ver con nosotros? –Ya te he dicho que son historietas con fines didácticos, pero para tu tranquilidad pensemos sobre ello. A ver ¿cómo es la relación con tu madre? –Pues yo diría que normal, teniendo en cuenta que me gesté en su vientre durante nueve meses y que mi adaptación al mundo fue posible gracias a ella, creo que es la mujer perfecta. ¡Ojalá encontrara otra como ella! –Claro visto así, tu apego es normal; yo no obstante prefiero la independencia y creo que mejor poner mis esfuerzos en embellecerme para atraer y poder elegir a quien quiera, que esperar que pase por delante de mí alguien idealizado. Prefiero ser yo el idealizado y que los otros me busquen, es más seguro. Pues sí, la verdad es que mirado así también es razonable tu postura –Creo, Edipo, que tal y como nos expresamos los mitos se les van a descuajeringar. Tú no vas a matar a tu padre y yo no voy a quedarme alelado en el río mirando mi imagen hasta caerme y morir ahogado. Tendrán que jugar con la vida de otros.

–Entonces, ¿es que temes que en realidad esos mitos hablen de nosotros? Hombre, algo hay. Yo sigo vivo, pero de hecho no sé cómo voy a morir, tú no has quitado de en medio a tu padre, pero talvez estés a tiempo -¿Y qué conseguiríamos cambiando nuestras vidas si el único fin es destrozar los mitos? –Bueno Edipo, yo no morir como un gilipollas, y tu eludir la culpa de por vida. Además, nos serviría para reflexionar sobre nuestras cargas o nuestros errados enamoramientos. Sería curioso que al final el mito nos liberara a nosotros y esa fuera la causa por la que los hombres se quedarán sin mito –Sería una jugada maestra,¡ propia de un Dios! -¡Cuidado Edipo! Que en menos que canta un gallo nos hacen otro mito.

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