El precio de morir by Ana de Lacalle

Ante la muerte, tropezamos con un escollo prosaico y mundano que consiste en cómo sufragar económicamente el entierro.  Los que de ello se preocupan –algunos proceden pensando que ya no será su problema- sabemos que tienen la opción de contratar un seguro funerario –junto al plan de pensiones, el seguro de vida, los seguros del hogar y del coche,…- o bien esperar el momento y dejar la cantidad pertinente para que se proceda al pago.

Por un lado, sobrecoge la idea de vivir en una sociedad que te obliga a pagar hasta para morir con cierta dignidad, porque la alternativa es morir como un animal callejero, casi sin que la muerte sea un acontecimiento, sino un babeo espumoso de un animalucho que se deshecha en un conteiner. Desgraciadamente no hay Leviatán más cruel que aquel que retuerce en vida a sus súbditos hasta hacerlos vomitar la muerte sino les corresponde.

Mientras crea una red  de protección costosa, a base de pólizas “por si”, generando un estado de miedo y precaución que embota al individuo ante posibles  desgracias, sin apercibirse que la mayor amenaza y la única póliza preventiva que necesita es contra la deshumanización y explotación al que le somete el sistema.

Solo querríamos morirnos en la intimidad, para intentar despedirnos en paz.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carlos Usín dice:

    La muerte es una constante del ser humano desde la noche de los tiempos. Se conocen tumbas que datan de hace 75.000 e incluso 100.000 años de antigüedad. Continúa siendo una fascinación conceptual. Y si ya en aquellos tiempos existían ritos de enterramiento, es fácil deducir que hoy en día, incluso morir, cueste dinero.

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    1. Si Carlos y… Ana morir es fácil , aceptar la muerte es lo difícil abrazos

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      1. Carlos Usín dice:

        Se ha hablado mucho de “morir de amor” y al hilo del comentario de Juan me ha venido un recuerdo.

        Un tío mío, el hermano mayor de mi padre (que era el siguiente) murió un mes de febrero. En el funeral, mi tía, a la que no reconocí, se mantenía en pie a duras penas porque la sujetaban entre dos personas. Nunca he visto a una persona rota de dolor de esa forma. Ella murió el día de Navidad de ese mismo año.

        El padre de una amiga fallece y mientras están en el entierro, fallece la madre.

        Se muere de amor. Se muere de pena. Se pierde la razón para respirar.

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      2. Si es verdad, mis dos abuelas se quedaron viudas y nunca consideraron buscar otro amor

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      3. Carlos Usín dice:

        Es que en esa época era lo habitual. Mi abuela también quedó viuda en el 1937 con 4 hijos (tres en la guerra civil) y ni se le pasó por la cabeza (imagino) volver a casarse.

        Y hoy en día que nadie pondría cara rara la pregunta a responder es : ¿Y para qué?

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