Foucault y la cancelación

By Franco Puricelli

Desconozco si los hechos que se atribuyen a Michel Foucault son verdaderos y conozco su obra menos de lo que quisiera. No me ocuparé, pues, de hacer una defensa de la persona ni de su pensamiento. En cambio, haré algunos comentarios sobre la posibilidad o imposibilidad de llevar a cabo la cancelación en estos casos.

     Me parece bastante claro que muchas propuestas de cancelación parten de la siguiente premisa: la obra del candidato a cancelado es prescindible. De este modo, no habría una pérdida significativa en la eliminación de las referencias al autor y su obra en programas de materias, cursos y seminarios, así como también en debates académicos y otras instancias de intercambio. No habría una pérdida significativa en considerar a la obra sin más como equivocada o hasta peligrosa.

     Imaginemos el siguiente ejemplo: descubrimos que el matemático Carl Friedrich Gauss cometió hechos aberrantes y repudiables durante su vida. Digamos que no se trata de simples denuncias, sino de hechos absolutamente comprobados. Lo primero que constataríamos, en este caso, es la imposibilidad de eliminar las referencias al trabajo de Gauss en un sinnúmero de cursos, investigaciones, discusiones, etc. En el mejor de los casos, podríamos castigarlo rebautizando algunas funciones y leyes.  

     Cuando se trata de obras filosóficas, la divergencia de opiniones e intereses propia de la disciplina hace que cada cual tenga sus criterios respecto de lo que resulta prescindible. Quienes se apresuran a pedir la cancelación de un autor probablemente ya lo consideraban irrelevante de antemano, cuando no perjudicial. El descubrimiento del hecho aberrante confirma la opinión previa.

     En algún momento, se discutió largamente si la vinculación de Martin Heidegger con el nacionalsocialismo alemán invalidaba su obra. Hoy podemos decir, más allá de nuestras opiniones, que una eventual cancelación de la obra de Heidegger nos dejaría con un panorama muy incompleto de la filosofía del Siglo XX, dada su influencia determinante en una buena cantidad de corrientes de pensamiento.

     ¿Sucede lo mismo con la obra de Foucault? Me atrevo a decir que sí. La influencia del autor en el pensamiento de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI es lo suficientemente significativa como para que una eventual cancelación parezca bastante difícil de llevar a cabo. Incluso si fuera posible cumplir esa tarea de manera acabada, el resultado sería una visión completamente sesgada de las últimas décadas de debate filosófico. En conclusión, si creemos que el trabajo de un autor resulta prescindible o perjudicial, lo más honesto es discutir explícitamente los razonamientos que lo componen y no tratar de aprovechar atajos ad hominem.

esconozco si los hechos que se atribuyen a Michel Foucault son verdaderos y conozco su obra menos de lo que quisiera. No me ocuparé, pues, de hacer una defensa de la persona ni de su pensamiento. En cambio, haré algunos comentarios sobre la posibilidad o imposibilidad de llevar a cabo la cancelación en estos casos.

     Me parece bastante claro que muchas propuestas de cancelación parten de la siguiente premisa: la obra del candidato a cancelado es prescindible. De este modo, no habría una pérdida significativa en la eliminación de las referencias al autor y su obra en programas de materias, cursos y seminarios, así como también en debates académicos y otras instancias de intercambio. No habría una pérdida significativa en considerar a la obra sin más como equivocada o hasta peligrosa.

     Imaginemos el siguiente ejemplo: descubrimos que el matemático Carl Friedrich Gauss cometió hechos aberrantes y repudiables durante su vida. Digamos que no se trata de simples denuncias, sino de hechos absolutamente comprobados. Lo primero que constataríamos, en este caso, es la imposibilidad de eliminar las referencias al trabajo de Gauss en un sinnúmero de cursos, investigaciones, discusiones, etc. En el mejor de los casos, podríamos castigarlo rebautizando algunas funciones y leyes.  

     Cuando se trata de obras filosóficas, la divergencia de opiniones e intereses propia de la disciplina hace que cada cual tenga sus criterios respecto de lo que resulta prescindible. Quienes se apresuran a pedir la cancelación de un autor probablemente ya lo consideraban irrelevante de antemano, cuando no perjudicial. El descubrimiento del hecho aberrante confirma la opinión previa.

     En algún momento, se discutió largamente si la vinculación de Martin Heidegger con el nacionalsocialismo alemán invalidaba su obra. Hoy podemos decir, más allá de nuestras opiniones, que una eventual cancelación de la obra de Heidegger nos dejaría con un panorama muy incompleto de la filosofía del Siglo XX, dada su influencia determinante en una buena cantidad de corrientes de pensamiento.

     ¿Sucede lo mismo con la obra de Foucault? Me atrevo a decir que sí. La influencia del autor en el pensamiento de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI es lo suficientemente significativa como para que una eventual cancelación parezca bastante difícil de llevar a cabo. Incluso si fuera posible cumplir esa tarea de manera acabada, el resultado sería una visión completamente sesgada de las últimas décadas de debate filosófico. En conclusión, si creemos que el trabajo de un autor resulta prescindible o perjudicial, lo más honesto es discutir explícitamente los razonamientos que lo componen y no tratar de aprovechar atajos ad hominem.


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