RUIDO, RUIDO… MUCHO RUIDO by Felicitas Rebaque.

Este verano, tuve la imperiosa necesidad de alejarme del ruido en el que vivimos inmersos, de manera permanente, para escuchar al silencio y por lo tanto a mi misma. Y esa es la razón por la que repartí mi tiempo entre el mar, playas alejadas del bullicio de los veraneantes, y espacios verdes entre valles y montañas.

El ruido se ha convertido en algo tóxico, no solo para nuestro organismo, sobre todo para nuestro espíritu. Vivimos en un presente ensordecedor en el que prima la

inmediatez que nos impide escuchar el silencio.

¿Qué significa escuchar el silencio?, pueden preguntarse algunos. Escuchando el silencio es la única forma de poder escucharnos a nosotros mismos. El silencio es el espacio en el que podemos reflexionar, encontrar la calma para actuar de forma coherente y serena y recuperar la vida interior.

Cuando se habla de vida interior se suele identificar con la religión. Sin embargo, no tiene nada que ver, es algo intrínseco al ser humano.  Y alimentar esa vida interior no se puede hacer más que a través del silencio.

En otros tiempos, al valorar a una persona, se decía: es alguien muy profundo o muy superficial, según fuera el caso, siendo profundo sinónimo de madurez, equilibrio y sabiduría.  Sin embargo, esos valores para muchos han quedado obsoletos. Hoy día, prima más el ser popular, estar al día en tecnología y redes sociales, ser influencer, marcar tendencia y todo ello a través del ruido con un bombardeo constante en redes y medios. Hay que hacer ruido para hacerse notar, para hacerse ver, para ser popular. Y cuanto más ruido hagas, mejor. Da igual lo que digas si lo dices gritando y alzando la voz. El dicho popular : no por mucho gritar se tiene más razón, ha quedado anticuado porque parece ser que la verdad la tiene el que más alto grita.

Hay que rescatar al silencio. Me consta que es una tarea ardua y difícil porque está secuestrado por el ruido. “El ruido destruye todo lo que el silencio reflexivo construye” afirma Jesús Parra , catedrático de filosofía en su artículo De silencios, ruidos y sordinas. Y así es, no hay más que echar una mirada a la sociedad: desde la política hasta en las relaciones personales hay un incremento de crispación, de intolerancia, de fanatismo, de terquedad. No se dialoga, se grita: ruido, ruido, más ruido.

En ese mismo artículo, Jesús Parra afirma que “hoy, gran parte de la causa de nuestros males se llama ruido, insulto, enfrentamiento, y a este mal hay que ponerle “sordina”, es decir, el silencio reflexivo que nace de la paz interior”. No puedo estar más de acuerdo. Ardua tarea cuando la sociedad parece enloquecida.

No hace mucho, hablando con un amigo, le decía que siento al mundo hostil.  Conflictos políticos, catástrofes naturales, pandemias, guerras, hambrunas… Todo ello alimentado por el ruido.

Seneca decía: “no me dejéis vuestros ruidos dejadme con mi silencio” Permitidme para terminar quedarme en silencio. Mis palabras fueron secuestradas por las voces de las miles de personas que, en Kabul, demandan auxilio huyendo de los talibanes. Me quedé sin voz, porque por mucho que lo intente no tengo palabras para describir el horror de las mujeres afganas ante lo que saben que les espera a ellas y a sus familias. No es lo mismo, verlo en la pantalla de la televisión, sentado en tu sofá, que sufrirlo en tus propias carnes.  Tenemos sus testimonios, sus peticiones de ayuda, nos llega su desesperación, sus gritos, esta vez susurrados y apagados por el miedo. Confío en que los que tienen la facultad de prestar ayuda, no se dejen ensordecer por el ruido de sables y por  cuestiones políticas.  No hagamos oídos sordos

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Conchita Bayonas dice:

    Lo malo del mundo en que vivimos es que hacemos tanto ruido que una noticia ruidosa acalla a la siguiente.
    Afganistán se ha quedado tapado por el ruido del volcán palmero.
    Como esto no cambie, las mujeres afganas lo van a tener muy crudo.

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  2. veset dice:

    El ruido de las noticias, el de las tertulias, el de las motos y los camiones, el de las obras en las ciudades. Vivimos siempre entre un ruido creciente al que la mayoría no le da importancia. Viviendo en una ciudad española el silencio es un lujo necesario. Salud

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    1. Si, tienes razón, tal vez al irnos a ciudades más pequeñas recuperemos esa vida slow saludos Juan

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