Una nueva sociedad de consumo.

Hace unos días emitían una noticia en un Telediario sobre las nuevas costumbres de los jóvenes. Ahora se ha descubierto que ellos no se compran coche. Por varias razones.

La primera es obvia: no tienen dinero para comer y no se lo van a gastar en un coche. Porque ello implica, además, la gasolina, el seguro y el impuesto de circulación que, dependiendo de tu lugar de residencia, te pueden clavar, etc.

También hay otro factor que tiene que ver con el medio ambiente. Esta generación es verde, ecologista y vegana. Así es que están en contra de la contaminación por CO2, el cambio climático, el calentamiento global y todo eso. Otra cosa es que las baterías de los coches eléctricos (que tampoco piensan comprarse) contaminen mucho más que los combustibles fósiles, por culpa de los materiales de los que están compuestos (ver en MASTICADORESFOCUS “Minerales Raros”) y que esos mismos ecologistas, escojan el avión en cuanto sus posibilidades se lo permiten, para viajar a remotos lugares de vacaciones, como ERASMUS o como cooperantes de alguna ONG.

Y hay una tercera. Son mucho más partidarios del transporte público y en última instancia, siempre les quedará un patinete.

Lo del transporte público les doy de tiempo hasta que les salga un trabajo donde San Críspulo perdió el bolígrafo y el traslado en medio de transporte público les suponga dos horas de ida más dos horas de vuelta, a las que habría que sumar las del trabajo, sin descartar horas extras. Eso no hay cuerpo que lo aguante y hablo por experiencia.

Lo del Metro y/o autobuses es una solución ideal si te mueves exclusivamente por el centro de la ciudad. El problema empieza a hacerse un poco más peliagudo cuando vives con tus padres y ellos han decidido trasladarse a un piso a 10,15,20 o más kms del centro, con sus atascos incluidos. Lo de los autobuses a la universidad ya puede suponer un pequeño hándicap, pero como te toque vivir en una parte de Madrid, por ejemplo y tengas que trabajar en el lado opuesto, tienes otra opción: la moto biscuter.

A partir de aquí, hay que echar a volar la imaginación porque hay que buscar alternativas al problema de movilidad en las grandes ciudades, que, por cierto, afectan tanto a los jóvenes como a los que no lo son, con la diferencia de que los mayores, pueden disponer de diferentes alternativas.

Todo esto, hace que los jóvenes sean poco proclives a embarcarse en un gasto que no se pueden permitir y al tiempo, dan satisfacción a sus intereses ecologistas.

Pero esto tiene una serie de repercusiones sociales y económicas. Si ellos no están interesados en comprarse un coche, ¿para qué se van a sacar el carné de conducir? O sea que, además de que los negocios de compra/venta de vehículos nuevos y usados van a ver mermadas sus ventas, también se van a ver afectadas las autoescuelas. Y de paso, los talleres de reparación y toda la industria alrededor del automóvil.

Eso sí, al parecer la venta de motos y biscuter se dispara. Son asequibles económicamente, fáciles de usar, consumen poco y pagan pocos impuestos y lo más importante, proporcionan una independencia que no te dan los transportes públicos. O sea que cambian el coche por la moto de ciudad o el patinete.

Pero no solamente es que no compren coches, es que tampoco se compran vivienda, por las mismas razones: precariedad laboral, precios desorbitados, etc. Lo cual, a su vez, redunda en que no piden hipoteca, no pagan impuestos de vivienda, ni gastan agua, luz, electricidad; no compran electrodomésticos, ni muebles, ni lámparas, ni van a IKEA ni a Leroy Merlin. Es decir, que el dinero no se mueve y eso, es malo para la economía.

Esta nueva mentalidad consumista me lleva a reflexionar sobre otro aspecto que también ha variado notablemente en los últimos tiempos. Me refiero a la manera de comprar de los ciudadanos.

El método tradicional de acudir a una tienda, probarse algo de ropa y comprarla, ha muerto. Ahora se lleva más el método online: tú miras por internet piezas de ropa o de zapatos. Cuando has visto algo que te gusta indagas en qué tienda lo tienen. Vas, te lo pruebas y si te gusta te lo llevas. Hasta te lo puedes llevar, te lo pruebas en casa y si no te gusta, lo devuelves GRATIS. Mi mujer es experta en eso. Merced a este nuevo paradigma de la compra, empresas como El Corte Inglés, están intentando a toda costa no perder el último tren que se les presenta. Por eso, el Hipercor de Mijas, un edificio de tres o cuatro plantas y cinco sótanos de parking, lo van a convertir en un OUTLET. Se ha terminado el modelo de antes.

Este nuevo método, trastoca las operaciones y los puestos de trabajo. Habrá menos dependientes y más técnicos, intentando mejorar las webs de las empresas, estudiando y analizando el comportamiento de los compradores y posicionando mejor los productos. Menos empleados de banca porque las sucursales, tal y como las hemos conocido, están sentenciadas.

Y esto está directamente relacionado con otro concepto que cada día va ganando adeptos: los KNOWMADAS (ver MASTICADORESFOCUS “Teletrabajo”)

El término es un juego de palabras en el que se ha sustituido la partícula “no” (de nómadas) por “know” saber. Se refiere a que ciertas personas, por sus conocimientos específicos pueden desarrollar una plena actividad profesional en cualquier parte del mundo donde tengan una buena conexión a internet. 

Esta nueva forma de vivir, suele ir acompañada de menores necesidades a la hora del transporte, pues, en general, o se trabaja desde el propio domicilio o desde un centro de co-working, cercano, al que se acude dando un agradable paseo a la orilla del mar, por ejemplo.

Se están produciendo unos cambios radicales a nuestro alrededor, apenas perceptibles, por el momento, pero sin duda, cada día veremos más patinetes (con todos los riesgos que ello conlleva), y más España que antes era vaciada y ahora se llena de personas, que quieren recuperar la sensación de vivir una vida con más alicientes que un trabajo, un salario, una casa y una hipoteca.

Una nueva vida donde la forma de pagar, ya no es con monedas y billetes, exclusivamente. También puedes usar el móvil o plataformas específicas para pagar o transferir dinero.

Una vida en la que las sucursales bancarias, cada vez serán más escasas, y con menos personal, porque la mayor parte de las operaciones se las harán los clientes desde su casa o el móvil.

Una vida en la que, a no mucho tardar, se comenzarán a comercializar coches sin conductor, ideales, por ejemplo, para gente a la que no le guste conducir, sus facultades no se lo permitan y, sin embargo, necesiten un medio de transporte seguro, rápido e independiente.

Una nueva sociedad está surgiendo y España debería apostar por los knowmadas, atraerles, que se queden a vivir en España y que regresen a Finlandia o RU en verano, que aquí no hay quien lo aguante; que gasten su dinero en alquilar o comprar viviendas, aquí, en España; que paguen sus impuestos, que generen (tal vez) puestos de trabajo, aunque sean indirectos, etc.

Y como ya apuntaba en mi entrada anterior “teletrabajo”, si se hace llegar los avances tecnológicos a la España vaciada, no solamente dejará de estar vacía, sino que los jóvenes españoles, podrán trasladarse a trabajar allí y hasta comprarse una casa en un pueblo, que es una de las pocas posibilidades que van a tener. Y entonces, la economía volvería a recuperar la movilidad.

Así es que esperemos que a España venga gente dispuesta a abrir horizontes de empleo, de progreso, y no se limite a convertir España en un plató de cine para convertirla en la Hollywood de Europa. Eso está muy viejo. Ya se hizo en Almería, y en Madrid (Las Rozas) y en Ávila, con películas con Clint Eastwood, David Niven o Frank Sinatra o Sofía Loren.

¡Un poquito más de imaginación!

En cualquier caso, las cosas apuntan a que los jóvenes no están por la labor de comprarse coches, ni casas, sean las razones que sean las que les impulsan a ello. Por otro lado, el gobierno no parece muy implicado en apoyar y defender la propiedad privada, dejando de lado a aquellos propietarios que se ven atacados por las hordas de okupas. 

Y ello me lleva a recordar uno de los objetivos de la nefasta Agenda 2030: “No tendrás nada y serás feliz”.

Pone los pelos de punta.

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