Los pecados By Nacho Valdes

La disciplina filosófica se encuentra proscrita y arrinconada en la actualidad. Algunos achacan su desfase a su incapacidad para establecer una sólida ligazón con las tendencias actuales, otros consideran su falta de pragmatismo como el mayor de sus problemas y la mayoría ni siquiera sabe de lo que habla. El caso es que perdura y se mantiene en nuestros planes de estudios y no son pocos los estudiantes que abordan esta especialidad en la Universidad, seminarios y cursos. Por no hablar de las innumerables publicaciones y ensayos relacionados con la especialidad; la mayor parte de las veces buscar es encontrar. Por tanto, y pese a quien pese, este quehacer se mantiene entre nosotros, aunque haya perdido su carácter preferente.

Antaño el filósofo era el sabio por antonomasia, el enamorado del saber que descifraba mediante sus cavilaciones los temas más hondos y profundos. Ya fuese en forma de diálogo, verso o prosa, el vehículo para nuestras reflexiones encontraba cabida en una sociedad (hablo de la occidental, claro está) sumida en el oscurantismo y la tradición religiosa. No en vano, la filosofía nace como respuesta ante el mythos, pues las narraciones fantásticas y prodigiosas comenzaron a perder terreno como elemento primordial para la explicación de lo real. Un audaz grupo de pensadores, nacidos en la periferia del mundo griego, comenzó a escudriñar una alternativa dado que la poética chocaba como componente explicativo con otras mitologías y panteones. Quedó claro que cada cual tenía su modo de narrar los fenómenos y acontecimientos, pero todo podía rebasarse por medio del logos.

En este punto tan remoto, más o menos alrededor del siglo VII antes de Cristo, en la Magna Grecia o las costas de Asia Menor, comienza el pecaminoso camino de la filosofía. Una ruta jalonada de éxitos y, por encima de todo, numerosísimos fracasos. Así terminaría por conformarse un cuerpo teórico caracterizado precisamente por su versatilidad y adaptabilidad ya que cada época ha decidido a dónde dirigir la inteligencia y los interrogantes. Con todo, los pecados de la filosofía comienzan a hacerse patentes por un elemento fundamental: el logos nos iguala a todos. El empleo de la razón, frente a la casta sacerdotal señalada por la divinidad, hace accesible la tarea filosófica a cualquiera que cuente con una aptitud inquisitiva y reflexiva. Una disposición que, por otro lado, es posible enseñar y mejorar. Para muestra las innumerables escuelas filosóficas creadas en fechas tan remotas. El problema vino dado por la pérdida de poder de aquellos que manejaban desde un prisma religioso la sociedad. Las leyes, las costumbres, los ritos y las tradiciones poseían un fuerte componente espiritual que, si bien no se perdió de manera inmediata, comenzó a revestir cada vez menos importancia.

El yerro de la filosofía, a ojos de sus detractores, podría detectarse en el fuero interno de nuestra humanidad. En otras palabras, frente a especialidades orientadas al mundo, aunque sea en último término para ubicarnos, el filósofo mira su interior para buscar respuesta a las cuestiones que le apremian. De este modo, se pone en jaque la propia estructura de nuestra organización social, pues la naturaleza se considerará inconmovible hasta la Revolución científica. Esto, por supuesto, implica un interrogante autoinfringido que no agrada a todas las personalidades. No hay más que recordar que a Sócrates le conocían como la Mosca por su inclinación a realizar preguntas que ponían en tela de juicio las creencias más firmemente arraigadas en el cosmos griego. Por supuesto, los poderes tácitos de la sociedad ateniense entendieron esto como un problema y pagaron la locuacidad del filósofo con el único lenguaje que dominaban: la violencia explícita. Quizás el nombrado pensador fue el más célebre, pero no fueron pocos los ejecutados por impiedad o por ser considerados hostiles a la tradición religiosa y espiritual. Esto, por supuesto, se mantendría durante el periodo medieval, la Modernidad y la época Contemporánea. Han sido incontables los individuos asesinados debido a la defensa de sus ideas.

El pecado capital del pensamiento filosófico se sitúa en un lugar muy concreto: la conciencia individual. La reflexión y la crítica son malos compañeros para el dominio de la comunidad. Pensar por uno mismo invita a encararse con la moral imperante y esto, lejos de ser visto como una ventaja que empuja al progreso, se entiende como la posibilidad de pérdida de influencia. Ante esta opción se suele abogar por la eliminación del sujeto que posee la idea o que practica el pensamiento, de aquí nacen todas las variedades de censura que hemos tenido a lo largo de la historia. Si se persigue la inteligencia, si se ejemplifica la asechanza por medio del castigo, se consigue retrotraer nuestra natural tendencia a la abstracción. El miedo es una de las emociones más intensas que podemos experimentar.

El hecho de que la filosofía se encuentre denostada y desvirtuada, al menos para el gran público, podría entenderse como un buen síntoma. A la gente le gusta pensar y alcanzar sus propias conclusiones, lo tengo más que comprobado cuando imparto mis clases. De hecho, este es el mayor atractivo de la filosofía para los estudiantes, pues pueden salir del camino trillado de otras muchas materias para adentrarse por veredas más personales. Sin embargo, y con independencia de tratarse de una actividad placentera, el pensamiento es considerado en la mayoría de ocasiones desde una perspectiva negativa y peyorativa. Esto no es casual y los poderes plutocráticos tienden a arrinconar nuestra especialidad. Mi conclusión es que, si esto está sucediendo, si estamos siendo arrinconados, es porque algo estaremos haciendo bien. Como ya he dicho el miedo es una emoción muy poderosa y no somos nosotros los que estamos atemorizados, ¿por qué será?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. A excepción de algunos momentos históricos, la filosofía ha sido siempre vista como algo raro o peligroso. Tuvo ciertas épocas de gloria, pero bueno, por lo general ha reinado la desconfianza o el desinterés. Para quienes nos dedicamos a ella, no queda otra que insistir. Saludos!

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