CUANDO SE ES TRADUCTOR, Y AFGANO   by Mercedes Freedman

Si nos remontamos a la forma de vivir de aquellos antepasados que desconocían el concepto de ´la palabra´, es fácil suponer dónde estaríamos sin ella. Al alcanzar la capacidad del lenguaje hace entre 50,000 y 100.000 años, el ser humano adquiría la herramienta más útil y poderosa que pudiera poseer. La palabra es útil al permitirnos comunicar ideas,  lo cual es especialmente importante si éstas son abstractas y no representan una realidad directamente observable y tangible. Es útil también al transmitir conocimiento ya que nos permite crear, construir, progresar.  La palabra también lleva consigo un alto nivel de poder. Con ella se logra que alguien sea feliz, o que se determine su muerte. 

Hay cierta magia en transformar la palabra en una lengua en otra de una lengua diferente. Equivale a abrir una puerta hacia sociedades y culturas distintas a la nuestra y con las cuales queremos comunicarnos, bien por necesidad o por placer. En este sentido, el papel de traductor adquirió gran relevancia en Afganistán mientras el personal de países occidentales, sin conocimiento de ni siquiera las lenguas oficiales pastún y dari, trabajó en aquel país hasta que decidió partir y los talibanes se apoderaron, de nuevo, del poder político. Como muchos otros traductores en la historia, los afganos jugaron un papel influyente en la sociedad de aquel momento.

El poder y la utilidad de la palabra son parte de ella aún al ser traducida a otra lengua, como es evidente según la definición de ´traducir´ que nos da la Real Academia Española: ´Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra´. Su origen es del latín traducere ´hacer pasar de un lugar a otro´. La acción de traducir es ilustrada maravillosamente en el Azulejo del Traductor, hecho en Turquía en el siglo XVIII y expuesto en el Museo Británico, Londres. Sentados con una pluma en la mano frente a una tableta con las primeras letras del alfabeto armenio, el azulejo representa a los que tradujeron la Biblia al armenio en el año 413. 

Se desconoce cuándo exactamente se realizó la primera traducción, pero sí existen ejemplos de traducciones en distintos momentos históricos, a veces con grandes consecuencias sociales, políticas, religiosas, lingüísticas.  Las traducciones más antiguas y fáciles de reconocer son las inscritas en tabletas de barro en las lenguas sumeria y eblaita entre 2.500 y 2.400 a. C. Sin embargo, una de las más famosas es la piedra de Rosetta, un fragmento de una estela antigua inscrito con un decreto en nombre de Ptolomeo V, del año 196 a. C., en Menfis.  Aparte de ser un documento antiguo plurilingüe en las lenguas egipcio, escritura demótica y griego antiguo, la piedra de Rosetta facilitó lo que había eludido a muchos por largo tiempo: descifrar los jeroglíficos egipcios.

Entre las traducciones más antiguas, y de carácter religioso, está la traducción de la Biblia del hebreo al griego en el siglo III a. C.  Los judíos dispersos por varias regiones desconocían el hebreo de sus antepasados, pero querían leer la biblia en griego. Los encargados de que se llevará a cabo esta traducción debieron ser conscientes del poder que tendría. Escogieron setenta traductores, cada uno a traducir en solitario y al final se comprobó que todas las traducciones eran idénticas. Posteriormente, en el siglo IV d. C., San Jerónimo hizo la traducción de la biblia del hebreo al latín.

Desde un punto de vista lingüístico, las traducciones de la ̈Historia eclesiástica de Bede´ y ´El consuelo de la filosofía de Boethus´ del latín al inglés vernáculo, ordenadas en el siglo IX por el rey Alfredo el Grande, rey de Essex en Inglaterra, contribuyeron al desarrollo del inglés en prosa. El mismo beneficio fue aportado por las traducciones del francés y el latín, en el siglo XIV, por el que se considera el fundador de la tradición poética inglesa, Geoffrey Chaucer.  También en inglés, John Wycliffe escribió en el siglo XIV una de las mejores traducciones de la Biblia. Aún otra famosa traducción de la biblia es la ordenada por el rey inglés James  en el año 1611, la cual trajo consecuencias religiosas, lingüísticas y culturales.  La biblia fue también traducida, en 1522, por el alemán Martin Luther, quien lideró el movimiento de reforma protestante. Este movimiento detectó diferencias en palabras y textos al traducir la biblia a distintas lenguas europeas, lo cual contribuyó a la división entre catolicismo y protestantismo. Con consecuencias aún más drásticas, en 1536, el inglés William Tyndale perdió la vida en Holanda por traducir la biblia a la lengua vernácula del inglés.

De carácter escolástico fueron las traducciones de La escuela de Toledo en los siglos XII y XIII,  enfocadas en escritos de carácter filosófico, religioso, científico de origen árabe, griego y hebreo traducidas al latín y a la entonces denominada lengua de Castilla.  También en el siglo XIII, Roger Bacon, conocido por su ´gramática universal´ (Noam Chomsky usó los mismos términos para desarrollar la idea de que el aprendizaje de la gramática es innato) tradujo del latín al inglés traducciones hechas en la escuela de Toledo. 

Traducir debió realizarse de manera similar por siglos hasta que en 1954 la compañía Georgetown-IBM logró automatizar la traducción de sesenta oraciones del ruso al inglés. Ya en el siglo XXI, traducir está en la palma de nuestras manos a través de aplicaciones descargadas al móvil, con Google traducir dominando fuertemente el mercado. Sin embargo, a pesar de que todo el mundo traduce, no todos saben traducir. Traducir involucra algo más que meta-frasear (origen griego de traducir), o traducir palabra por palabra. Requiere para-frasear o traducir palabras con el sentido en una lengua a palabras con el mismo sentido en otra, una habilidad que depende de pensar en términos abstractos.  La capacidad para pensamiento abstracto sigue siendo exclusiva en el ser humano y no es superable por ninguna máquina (la próxima vez que necesites una comunicación por internet vía Chat para resolver un problema, te darás cuenta de su limitada capacidad cuando le hagas preguntas que obviamente no es capaz de entender si no son estrictamente concretas).

Ahí radica la importancia del trabajo de los traductores afganos. Cuando los países occidentales anunciaron abandonar su presencia en Afganistán, se hizo evidente que los talibanes ganarían control sobre el país, y por lo tanto los afganos que trabajaban con los extranjeros sufrían el riesgo de ser perseguidos y quizás asesinados. Muchos afganos vieron la promesa de ser protegidos cumplida al dárseles asilo en distintos países occidentales, pero fue una promesa que también le falló a muchos otros. Ciertamente, la palabra es útil y poderosa, Cuando se cumple tiene tanto valor como el deseado y caro lapislázuli que se extrae de los yacimientos en Afganistán. Cuando es incumplida es tan valiosa como el polvo de las carreteras que cruzan gran parte del país afgano. 

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