OBJETOS, OBJETOS:

¿POR QUÉ SON TAN QUERIDOS? -01

POR MERCEDES FREEDMAN

No nos tomamos el humor suficientemente en serio. Konrad Lorenz

Sabemos que los seres humanos formamos entre nosotros conexiones sociales y emotivas de distinto tipo, profundidad y función desde el mismo momento de nacer. Este proceso ha sido explicado por psicólogos  desde distintas perspectivas teóricas,  pero ¿puede alguna de estas teorías ser válida para explicar nuestra conexión con objetos predominantes en nuestro mundo actual?,  ¿de dónde surge esta conexión, que función tiene y cual es su importancia emotiva? A menudo oímos decir que si lo perdido es material, no debería importarnos. Sin embargo, la realidad es que, diga lo que se diga, perder ciertos objetos puede importar muchísimo. ¿Por qué?

Este ensayo, en varias partes, explora nuestros fuertes vínculos con objetos, algunos aparentemente triviales, otros de gran importancia e intensidad. A través de un texto narrativo se ilustra la pérdida de un objeto. Esto es comentado, a continuación,  en términos de la teoría psicológica de la  impronta o del apego (la RAE define impronta como marca o huella y le da un derivado del italiano impronta ´estampar´). Esta teoría,  una de las más estudiadas en psicología, aunque tiene también implicaciones filosóficas, fue propuesta por el zoólogo austriaco Konrad Lorenz en 1957, interesado en la conducta de animales y en sus bases evolutivas. Lorenz concluyó que los polluelos al salir del huevo siguen a la madre  donde quiera que ésta vaya durante un periodo de tiempo después de nacer. De manera innata reconocen los sonidos de la madre y saben que deben seguirla. Permanecer con ella a esa temprana edad provee protección y aprendizaje para lidiar con el mundo.

Como resultado de un proceso evolutivo, esa misma base innata conlleva a que la impronta o apego esté también presente en el ser humano.  Se desarrolla, como en el caso de los animales, principalmente con la madre biológica, pero, a falta de ésta, con quien sea que la sustituya. Lo importante, y necesario, es tener una persona con quien formar un apego. Este apego tiene una función ventajosa para nuestro desarrollo emotivo y social. Es la base de apoyo que nos da seguridad y desde donde aprendemos a explorar el mundo hasta ser independientes. Una buena relación de impronta durante la infancia tendrá un efecto saludable en el desarrollo mental del individuo y en su interacción social al llegar a edad adulta. Tener una figura a quien apegarse es de tal importancia que hasta un muñeco mecánico puede conducir a impronta en animales. Es mas, formar apego con un muñeco es mejor que  no formarlo con nadie.

¿Qué relación puede tener esto con objetos?   Si estamos predispuestos genéticamente a apegarnos a una figura humana por las ventajas emotivas que aporta, es razonable asumir que también nos sentiremos atraídos por objetos asociados con un aporte benéfico en cuanto a cómo nos hacen sentir. Una vez descubierto tal bienestar, nuestra relación con ese objeto se estrechará más y más y podemos llegar a apegamos a  él con tal pasión que se diría que es apéndice de nuestro ser. Hay gran variedad en cuanto a qué objetos y como exactamente nos relacionamos con ellos. Algunos de nosotros damos  un alto valor a algunas posesiones –libros–, pero no otros. Casi todos formamos una querencia con objetos  ­–fotos, regalos– envueltos en nuestra historia y recuerdos. Unos quieren disfrutar el objeto y poseerlo –el coleccionista–, otros lo usan como carta de presentación de su nivel social. Para la mayoría, ciertos objetos adquieren una asociación con  nuestra casa y hogar, esa base que asociamos con seguridad y consuelo. Y, por supuesto, la casa en sí es, dirían muchos, nuestro más valioso objeto de todos ellos. Este ensayo se enfoca en el valor asignado a nuestra casa-hogar y en su asociación con ciertos objetos.

Sin lugar a duda, esta asociación se pone de manifiesto donde quiera que vayamos. Seamos todos psicólogos observadores del comportamiento humano y hagamos uso  de las múltiples oportunidades donde se presenta. A tal efecto, los aeropuertos son laboratorios que ofrecen inmensas posibilidades para estas contemplaciones. Y ahí iremos en la próxima parte. 

OBJETOS, OBJETOS:

AQUELLA MALETA AZUL (Segunda parte)

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