EL JARDÍN DE LA SINAGOGA. By Mercedes G. Rojo

Serie: Itinerarios

¿No les ha ocurrido nunca, cuando están lejos de un lugar al que están muy apegados, que pasear por otro muy diferente les trae reminiscencias de ese primero? Lugares que en principio no parecen tener mucho entre sí  se encuentran de pronto profundamente conectados por la impresión que nos deja un olor, el sonido de unos pasos en la calle, la sensación de luz en cualquier rincón…, haciéndonos sentir como si tiempo y espacio pudieran hacerse uno de repente. Y entonces…

Y un devenir de siglos
resbalaba por los muros lentos, 
por los rincones estrechos 
de la Judería…
(MGR) 

                … A veces, cuando paseas descuidado por cualquier rincón tranquilo, o contemplas el silencio de unas calles, se puede escuchar el viento que habla entre losas, muros y recuerdos…, o las hojas de viejos árboles que se cuentan eternas historias, esperando un momento de ensoñación a través del que dejar a alguien penetrar su secreto.

                Un día de otoño, lejos de los troncos centenarios de mi lugar de origen, el rumor de las hojas me descifró  por fin una de esa historias, llegando a mí en el recuerdo, entre el silencio matutino de una ciudad extraña y hermana al mismo tiempo.

«Era el rumor lejano de las hojas en el Jardín de Astorga…». Vista otoñal en el Jardín de la Sinagoga de Astorga, con el Teleno al fondo. (Archivo personal de la autora)

                Paseaba por las estrechas calles de la judería cordobesa y las tempranas horas me sumergían en un largo y angosto silencio. Sólo algunos pasos resonaban por las rúas lentas. Y, en la calma otoñal, creí escuchar el relato  que tantas veces se me había escapado entre la brisa. Era el silencio de los siglos quien me hablaba, arrastrando consigo el rumor lejano  de las hojas en el Jardín de Astorga:

– “Es cierto que ya no queda en la ciudad más reminiscencia judía  que el nombre que aún encierro en mis entrañas. Pero donde hoy solazas, en la fresca umbría, los calores del estío, donde contemplas los ocasos otoñales tras el fondo del Teleno; aquí, bajo mis raíces, yacen vestigios de un enclave sefardí, de un lugar de reunión para ritos y lecturas.            

               Ahora estás lejos, caminas descuidada por un barrio de Córdoba, que aún conserva el nombre de una época pasada. En el profundo latir del silencio podrás escuchar el paso lento de Maimónides caminando silencioso. Primero esa calleja estrecha; luego, un patio oscuro; tras él…

-No hay más que ruinas-, respondí.

        Y el rumor silencioso tornó, de nuevo, a contestarme:

Rincón de Córdoba dedicado a Maimónides. Archivo personal de la autora.

-Es la Sinagoga. Si cierras los ojos podrás ver las salas decoradas, iluminadas con sus lámparas de siete brazos, el armario sagrado… Estás en Córdoba, ciudad de glorioso pasado para los judíos, ciudad que compartieron, tantos siglos, con árabes y cristianos. Sus influencias, sus vidas, sus leyendas, quedaron para siempre prendidas en sus calles estrechas, en el luminoso azul del cielo, en el incansable murmullo del Guadalquivir. También allí, en Astorga, quedaron entre mis raíces los restos sefardíes del pasado, sus historias de amor, sus leyendas, sus luchas, sus trabajos… y su ausencia. Las raíces de este Jardín, las piedras de estas murallas guardan el recuerdo de su paso, como lo guardan del paso arrasador de los musulmanes, y, antes, de las conquistas de los romanos, de anteriores asentamientos de astures, de… También una vez el Teleno fue dueño y señor de otras razas”.

               El leve murmullo fue desvaneciendo, en la realidad de Córdoba, los tenues recuerdos de un pasado judío en Astorga. El silencio volvió a romperse por unos pasos lentos, entre sus calles estrechas. Me senté en un banco de una pequeña plazoleta. Todo, hasta los pasos, se sumió de nuevo en la quietud callada.

No puedo recordar si fue un sueño… Acaso, ciertamente, la historia me había hablado desde las piedras silenciosas y grises. Por algo pregona el dicho aquello de “¡Ay, si las piedras hablaran!” Fuera lo que fuere, había sido una bonita ensoñación. Astorga desde Córdoba. Una pequeña encrucijada en el Camino de Santiago, desde la gran encrucijada del reino musulmán en Hispania… Cristianos, árabes, judíos… Tres realidades compartiendo una misma historia. Tres razas formando una sola raza.

… Y un devenir de siglos…

Donde el tiempo se detiene y /o se confunde (Patio de Córdoba. Archivo personal de la autora)

Nota de la autora: este texto fue escrito por primera vez para la serie Recuerdos y raíces de Astorga, que junto a algunos otros fue publicado en el periódico de la localidad: El Faro astorgano. Corría el mes de enero de 1987. La sensación que me siguen provocando ambas ciudades a día de hoy, es prácticamente la misma.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s