Rusofobia.

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Hasta hace poco más de un mes la imagen tópica que teníamos de un ruso era la de un hombre maduro, millonario, o por lo menos con mucho dinero, extravagante, ególatra, extremo en sus expresiones y sentimientos, bebedor compulsivo y con una mujer despampanante. El turista ideal que venía a Marbella a alardear de su dinero y ver si podía gastar más que su vecino, también ruso.

Las agencias inmobiliarias de disputaban el honor de presentarles las villas más lujosas, ya fuera en alquiler o en venta, por valor de varios millones. De esta forma, el cliente conseguía una VISA de oro y era considerado europeo por el mero hecho de gastarse más de 500.000€ en una propiedad. Los restaurantes les reservaban las mejores ubicaciones, las mejores viandas, las más caras, el mejor champán y el mejor vodka. Lo mismo sucedía con las agencias de alquiler de vehículos: los más selectos, los más llamativos, los más caros, eran para ellos. En Puerto Banús habría algún yate perteneciente a alguno de ellos. Se les extendía la alfombra roja cada vez que anunciaban su visita.

En ocasiones ni siquiera era necesario que viniera él en persona. Bastaba que enviara a su Larisa de turno, con el hijo pequeño de ambos y a veces, hasta con la madre de ella. Larisa buscaba piso para pasar el invierno cómodamente instalada en una urbanización de lujo, lejos del frío Moscú o San Petersburgo, mientras el niño, si era necesario, iría a un colegio cercano. El apartamento, el BMW 4×4 de alquiler que necesitaba para moverse por Marbella y el resto de gastos, se encargaba el Yuri de turno que estaba en Rusia. Todo en metálico o con tarjeta.

Pero eso era antes. Antes de que a Putin se le fuera la pinza.

Ahora ser ruso está mal visto. No hay nada como que Putin invada algún país y se enfrente a todo occidente para que éstos, occidente, miremos mal a todo lo que huela a ruso. Ahora no es que no vengan de vacaciones, es que ni pueden atravesar espacio europeo en un avión. Ahora se ha abierto la veda de caza al ruso.

Se les ha expulsado de todas las competiciones deportivas, cosa que aplaudo; incluso hay profesionales que se niegan a enfrentarse a ellos. Ahora sabemos que grandes jugadores que hicieron historia con la camiseta de la URSS, ni siquiera eran rusos. Eran lituanos, uzbekos, ucranianos, pero ni uno ruso. Ahora, alguno de ellos, está con uniforme de camuflaje luchando por Ucrania contra Rusia. Imagino que no tardaremos en ver a auténticos rusos, enemigos de Putin, disfrazados de ucranianos para ser aceptados mejor. Al fin y al cabo, ¿quién podría diferenciarlos? Casi seguro que resulta más fácil de aceptar a un ucraniano, que decir que eres ruso, pero Putin no te gusta.

Ahora las agencias inmobiliarias ya no tienen clientes rusos a quien vender ni alquilar. Los rusos se han quedado sin cajeros, sin metálico, sin tarjetas, sin transferencias internacionales y con el rublo como papel higiénico. Y lo mismo cabe decir de todos los demás: alquiler de coches, joyerías, tiendas de ropa, restaurantes, etc. Sus propiedades han sido bloqueadas, embargadas, inmovilizadas. Lo han perdido todo en el extranjero como si de un martes negro de la bolsa de NY se tratara. Alguno intenta salvar su mega yate llevándolo a Turquía.

El problema de todo esto es que esta imagen y esta sensación de incomodidad contra todo lo ruso, no va a cambiar a los cinco minutos de terminar esta barbarie. Pasarán años antes de que a un ruso se le pueda mirar sin recelo ni desconfianza por su posible alineamiento ideológico con el nazi de Putin. Se criticará su falta de carácter por no censurarle, por no alinearse públicamente en su contra, por no abjurar de él. Como si eso y seguir vivo fuera fácil.

Tras la SGM, en Alemania no había nazis. Desaparecieron como por arte de magia y con Putin sucederá algo parecido. En España, da la sensación de que todos lucharon contra Franco y a lo mejor lo hicieron, pero desde Francia o Méjico. Aquí al que se le ocurría levantar la voz, el puño o ambos, terminaba con una somanta en la cárcel o desterrado en Fuerteventura. En todo caso, mejor destino que el que Putin prepara para sus enemigos.

Carlos Usín

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