ELOGIO DEL AISLAMIENTO by Jesús Marchante Collado                              

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Las imágenes de la ciudad se han trastocado. Esa foto fija, inquietante, que hemos podido ver a lo largo de tantos días (la sonoridad vacía del silencio y la ausencia de movimiento humano), ha tocado a su fin. Aunque sigue el confinamiento (y seguirá, a pesar de la oposición estulta y fascista de la derecha española), las cosas ya no son como hace unas semanas. La vida trata de abrirse camino (ya lo hace a ojos vista, con el esplendor de árboles, plantas, insectos varios, etc.) y la dirección política, esto es, el gobierno de coalición, trata de ayudar a que eso ocurra. Sin embargo, podría producirse una cierta paradoja. Al menos, así me lo parece a mí. El día que se permitió que los adultos salieran a hacer deporte, ejercicio, y pasear por las calles, algo en mi cabeza se disparó. De pronto (desde primera hora de la mañana, las seis, que era el comienzo de la permisividad), una masa de autómatas comenzó a inundar las calles y las plazas. Se movían de una manera extraña, corrían sin ton ni son; como si fuera la primera vez que utilizaran sus miembros motores y no supieran muy bien cómo hacerlo. Una sensación extraña se apoderó de mí mientras contemplaba la escena desde mi balcón. Algo había cambiado. La gente no caminaba, ni se movía, como antes de esta trágica crisis impuesta por el covid-19. Una idea espuria atravesó mi cerebro. ¿Porqué no seguir confinado? Sí, pero esta vez por propia decisión, por simple ejercicio de autodeterminación.

A veces, no siempre, una práctica continuada se convierte en algo contingente. En este caso (el retorno a unas buenas costumbres, rodeado de libros, de música y de películas, sin rémoras de ningún tipo), puede producir algo que antes de la crisis podía parecer un ensueño quimérico. Seamos sinceros, la tentación es muy fuerte. Como escribe Marx, alrededor de 1850: “Es tiempo de reflexión y de estudio…” Pues sí, es momento de recogimiento y de no perder el escaso tiempo del que disponemos. Así que, igual está bien seguir aislados, seguir pensando, seguir reflexionando. No dejarnos arrastrar por la marea que trata de reconstruir esa “nueva realidad”, esa “nueva normalidad”, como si nada hubiera pasado. Abandonarse en la biblioteca. Y aunque las puertas se abran de par en par, continuar en permanente ensimismamiento, escapando de la alteración.

 Huir de la frivolidad burguesa y de esa clase media ensalzada hasta límites insoportables, nos puede hacer un poco más libres, más justos y más solidarios. Abandonar las prácticas de consumo permanente, de deseo permanente. Apropiarnos del principio de realidad frente al quimérico principio de placer. En fin, ser dueños de nuestro propio destino. Reconozcámoslo, suena bien. Sujetos reflexivos, que estudian y ponen en movimiento otro tipo de libertad. Volver al mundo para construir una vida colectiva al servicio del bienestar común, no para construir ninguna “nueva normalidad”. Apropiarnos de la vida que la clase media (con cabeza de cacerola) nos quiere pintar de gris paleto.

Estrategia del interior ético y estético frente al exterior banal y espurio. Posibilidad de liberar tiempo de vida a la reproducción ampliada capitalista. Poner en solfa la mistificación de la sociedad mercantilista y abrazar el arte.

La imagen de la izquierda es una pintura de Jesús Marchante de 2014 (la primera, de una serie de cuatro realizadas en papel montado en madera) sobre el Claustro del Mont Saint-Michel, inspirada en el film de Terrence Malik, de 2012, To The Wonder (Hacia la maravilla). Cuando la pareja protagonista (Ben Affleck y Olga Kurylenko) suben las escaleras de la abadía (“hacia la maravilla”, dice ella) y se encuentran con el impresionante claustro de dicha abadía. Como fondo musical, los compases del preludio del Parsifal de Richard Wagner. El artista trata de plasmar la quietud y la obscuridad rota por la luz que inunda el jardín del claustro, y, sobre todo, por ese azul del mar al que se asoman los estrechísimos ventanales rompiendo la penumbra del corredor rodeado de columnas. Ejemplo del ensimismamiento y de la reflexión.

La segunda imagen (la de la derecha), se llama Interiores (es el interior V, de una serie de VI pinturas sobre tabla) también del artista Jesús Marchante, y está realizada en 2016. La oposición de naranjas, en contraste con el blanco, produce en el espectador, que contempla el cuadro, la sensación de tranquilidad, de recogimiento, de seguridad. Aunque en la imagen anterior está clara la abstracción que el artista realiza del claustro de la famosa abadía, aquí es la oposición de los colores elegidos la que abstrae ese interior subjetivo tal vez habitable.   

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